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El Ebre continúa sin rendirse

Amposta fue ayer el escenario de la manifestación convocada por la Plataforma en Defensa del Ebre más participativa de sus dieciséis años de vida y un ejemplo de movilización pacífica y familiar

Marina Pallás

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Un niño pequeño, ataviado con un abrigo azul de la PDE, es alzado en brazos entre la muchedumbre, ayer al mediodía. Foto: Joan Revillas

Un niño pequeño, ataviado con un abrigo azul de la PDE, es alzado en brazos entre la muchedumbre, ayer al mediodía. Foto: Joan Revillas

La amenaza de lluvia finalmente se abstuvo de aguar la fiesta y en su lugar, ya a primera hora de la mañana, se levantó un viento de intensas e intermitentes ráfagas que rugía entre la multitud como si fuera un manifestante más. Grupos de amigos, familias enteras, mascotas embutidas en camisetas azules y un ambiente de fraternidad que se alargó de principio a fin fueron los protagonistas de un día histórico en la lucha por el río Ebre y su delta que tuvo las calles de Amposta como escenario de la mayor movilización jamás convocada por la Causa.

La manifestación arrancó a las 12 en punto del mediodía, tal y como estaba previsto, y no fue hasta las 13 horas que emprendió la marcha el último colectivo des del mismo punto de partida. Uno podía plantarse a un lado de la calle y una hora más tarde no habría alcanzado a ver una misma cara por segunda vez. Las redes de datos de varias compañías de telefonía móvil se colapsaron durante el eje central de la jornada.

Las consignas empezaron con el mítico «Lo riu és vida, no al transvasament», para seguir con «Se nota, se sent, l’Ebre està present» y «Aigua per al riu, vida per al delta» o bien «Sí als sediments, no al transvasament». En un momento dado, en el comienzo de la comitiva, una mujer se acercó a los medios, orgullosa del nivel alcanzado de la movilización, y lanzó el también mítico «y luego diréis que solo somos seis». Algunos miembros de la Plataforma en Defensa de l’Ebre arengaban la multitud desde los altavoces y, por primera vez, muchos de los gritos que se oían tenían acento de catalán del norte.

Precisamente la presencia de banderas independentistas fue más que notable, puesto que prácticamente equipararon las azules con el lema «L’Ebre sense cabals és la mort del Delta». La ANC había movilizado un centenar de autobuses de distintos y alejados puntos del territorio catalán y la causa independentista se había dado cuenta de la importancia de contar con el sur y preservar el delta para formar país.

La manifestación, aún encabezada por la PDE y personas vestidas con material de la plataforma no pertenecientes a ningún color ideológico, tuvo una marcada presencia de grupos y partidos que insólitamente iban a una, a excepción de Ciutadans y del PP, que no asomaron la nariz durante el acto, en parte porque hubieran sido engullidos por ese ejército de azul que empuñaba y arrojaba cánticos de guerra, pese a todo, con alegría . También fueron visibles participantes de diversos colectivos ambientalistas y anti embalses de otras comunidades autónomas unidas por causas parecidas, sobre todo de Aragón .

El volumen ingente de participantes complicó el desenlace de la jornada, ya que no todos pudieron llegar al escenario final y muchos de los últimos grupos se acabaron por dispersar o se apresuraron por coger sitio para la comida popular que organizó la ANC o bien para coger el coche antes de que aquello se convirtiera en un atasco de órdago. Pero nada de eso. La cita tuvo otros protagonistas, los que no se ven pero cuyos hilos sostienen el resto: una organización admirable y un comportamiento, aunque festivo, muy cívico.

Los grupos folclóricos Quico el Célio, el Noi i el Mut de Ferreries y Riu en So concluyeron la jornada alternándose con los parlamentos finales y la lectura del manifiesto. Algunas de las canciones que se escucharon fueron las mismas que ya se alzaron dieciséis años atrás, con las primeras manifestaciones contra el Plan Hidrológico Nacional, entre el 2000 y el 2004. Aquellos niños de entonces son hoy jóvenes que regresaron ayer a las calles. Como antes y como ahora, el Ebre sigue en pie de guerra.

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