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El joven violinista que toca en el hospital

Òscar Ologaray (Tortosa, 19 años) tiene un alma solidaria y le es imposible decir que no cuando se trata de ayudar a los demás

Maria Noche

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Òscar Ologaray con su violín en el Hospital Verge de la Cinta, de Tortosa, donde toca para amenizar el tiempo de los pacientes. FOTO: joan revillas

Òscar Ologaray con su violín en el Hospital Verge de la Cinta, de Tortosa, donde toca para amenizar el tiempo de los pacientes. FOTO: joan revillas

Òscar Ologaray, procedente de Tortosa, es el joven que con tan solo 19 años tiene una gran conciencia social y empatía con las necesidades de los demás, y siempre ha estado muy involucrado en causas solidarias. Hace ya un año que el chico se dedica a ir siempre que puede hasta el Hospital Verge de la Cinta, de Tortosa, a tocar el violín para los pacientes y sus acompañantes. Se pasea por diferentes áreas del hospital y consigue que el tiempo pase más rápido en un lugar donde no es muy agradable estar. «Siempre dicen que las horas en el hospital pasan muy lentamente y, por tanto, si durante veinte minutos consigo que el tiempo les pase más rápido, para mí ya es un gran logro»

Ologaray es un apasionado del violín. Empezó a tocarlo cuando tenía seis años, y a los doce entró en el Conservatorio de Tortosa para recorrer los seis cursos pertinentes. Cuando acabó su formación, se planteó hacia donde enfocar su vida profesional. Finalmente ecidió que quería estudiar matemáticas, pero a la vez tenía claro que no quería abandonar el violín. Mientras buscaba una alternativa para seguir tocándolo, vio una noticia en Twitter donde mostraban que en el hospital de Madrid iban voluntarios a tocar sus instrumentos para amenizar el tiempo a los enfermos. A partir de ese momento, Ologaray preguntó si podía aplicar esta iniciativa en el Hospital Verge de la Cinta, y asegura que des de allí lo recibieron como una actividad muy positiva.

El joven está muy contento con la reacción de los pacientes, y disfruta aportando su granito de arena para hacer un poco más agradable la vida de los demás. Los pacientes aún se siguen sorprendiendo cuando le ven tocar, pero su reacción es muy buena y se lo agradecen de corazón. «Incluso fuera del hospital, algún día me he encontrado con alguna persona que me ha parado para agradecérmelo», explica el chico.

Aun así, afirma que sus propias sensaciones cuando va a tocar en el hospital son contradictorias. «No dejas de sentir parte de la tristeza que transmite un hospital, pero es verdad que por otro lado, cuando ves que puedes aportar un poco de felicidad y puedes llegar a sacarles una sonrisa a esas personas que seguramente no están en su mejor momento, pero que consiguen con la música dejar un rato de lado su situación, es muy satisfactorio». 

Decidió por iniciativa propia ir a tocar el violín al Hospital Verge de la Cinta para acompañar la estancia de los pacientes

El joven, no conforme con hacer este regalo a los pacientes, adapta sus piezas a las diferentes áreas del hospital. «Siempre que voy intento hacer unas 4 o 5 sesiones de entre 15 y 20 minutos en diferentes áreas. Algunas de las que intento visitar siempre son la planta de pediatría y la zona de rehabilitación». 

«Para los más pequeños busco músicas de películas o de dibujos animados, para que les llame más la atención y los divierta más. Con los niños creo que es más importante poder tocar una pieza sencilla de dibujos animados, que no una gran sinfonía de Beethoven». Ologaray disfruta de visitar siempre la planta de pediatría, y dar a los más pequeños la ocasión de salir un rato de sus habitaciones. Explica que la primera vez que fue, los niños se sorprendieron muchísimo, todos sacaron la cabeza por la puerta extrañados, pero a la vez emocionados. «Fue una imagen muy bonita y emotiva», confiesa el violinista.

Ologaray comenta que tanto las enfermeras como los médicos aseguran que en el momento en el que se introduce la música, los pacientes están más relajados, hecho que les ayuda mucho en la parte de la rehabilitación, de tal manera que pueden trabajar mejor los músculos. 

Coordinador del Banc d’Aliments de les Terres de l’Ebre

El joven no se conforma con estar estudiando segundo curso de la carrera de matemáticas en la Universidad de Barcelona y con tocar el violín para los pacientes del hospital, entre muchas otras cosas que hace durante su día a día, sino que también ocupa el cargo de coordinador del Banc d’Aliments de les Terres de l’Ebre. «Empecé cuando cursaba tercero de la ESO, porque  no estaba tan ocupado como ahora y tenía más tiempo. Aun así, una vez dentro es imposible dejártelo». Ologaray confiesa que no sabe decir que no cuando se trata de ayudar a los demás. «Veo que en nuestra ciudad, y en les Terres de l’Ebre en general, hay una necesidad. Una necesidad de alimentos importante, porque mucha gente no tiene un plato en la mesa. Y por tanto, considero que en la medida que pueda, tengo que colaborar».

Él es quien se encarga de las campañas importantes y de todo tipo de recogidas, donde intenta estar siempre al frente. «Aun así, tengo mucha suerte porque hay un gran equipo detrás que me ayuda mucho». Para la gestión del día a día, son la resta de compañeros de la asociación quienes se encargan de todo. El joven se ocupa también de todo lo relacionado con las nuevas tecnologías, la parte más de documentación, ofimática y redes sociales. «Me encargo de todas aquellas tareas que resultan más pesadas para la gente mayor, que por otro lado hacen un trabajo fantástico dentro de la asociación. Yo intento ayudarles en aquello que se me da bien y en todo lo que puedo».

Aunque Ologaray sea una de esas personas que necesitaría que el día tuviese más de 24 horas, está muy satisfecho con todo lo que hace. «Intento combinarlo todo, aprovechar mucho las horas, y pienso que con fuerza de voluntad se puede hacer todo».

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