Pérdidas del 30% en la pesca y la mitad de las barcas amarradas en los puertos

La flota de arrastre de Tarragona se resigna este 1 de mayo a empezar la veda biológica de dos meses, pese a todo

MARINA PALLÁS CATURLA

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Venta de pescado en la lonja de la Ràpita.  FOTO: Joan Revillas

Venta de pescado en la lonja de la Ràpita. FOTO: Joan Revillas

La crisis provocada por la Covid-19 también ha golpeado fuerte el sector de la pesca. El sector pesquero calcula que las pérdidas medias globales son del 30% en las flotas, lonjas y la distribución minorista desde el inicio del estado de alarma.

«Una drástica pérdida de ingresos que, sumada a la falta de financiación y a la dificultad para recibir ayudas estatales, suponen la pérdida de rentabilidad y puede abocar a cierres definitivos y despidos una vez superada la crisis por el coronavirus», han alertado en un comunicado conjunto la Confederación Española de Pesca (CEPESCA), Fedepesca y la Federación Nacional de Cofradías (FNCP).

En el caso de las embarcaciones de Tarragona, el golpe es doble: justo este 1 de mayo empieza la veda biológica (una parada de dos meses para resguardar los procesos de reproducción de las especies). Patrones, marineros y cofradías tarraconenses se resignan a tener que empezar la veda de la pesca de arrastre y el paro temporal de la flota de Tarragona, Cambrils, l’Ametlla de Mar y l’Ampolla llega este año en el peor momento. A principios de año el sector sufrió graves pérdidas por los efectos del Gloria y ahora tiene más de la mitad de barcas amarradas a puerto con un ERTE por la crisis del coronavirus. Además, muchos productos como la gamba han bajado de precio por el cierre de restaurantes y hoteles.

La cofradía tarraconense hubiera sido partidaria de no hacer veda en mayo y que el paro se limitara únicamente en junio, pero la orden ministerial que define el calendario con las paradas temporales del sector pesquero está publicada en el BOE desde mediados de enero.

llegada de las embarcaciones con el pescado por la tarde al puerto, hace unos días. FOTO: Joan Revillas

Los días y semanas de inactividad (la cofradía cerró dos semanas por dos positivos de coronavirus) han ocasionado pérdidas del 50% en lo que va de año en Tarragona. Además, el sector teme que los precios no remonten en julio si la actividad turística y la restauración aún no se han recuperado.

La flota de arrastre de los cuatro puertos que harán la veda tiene 33 de las 61 barcas afectadas por ERTE. En Tarragona sólo son dos de 24, pero en l’Ametlla de Mar es a la inversa: sólo hay cuatro de 21 que siguen trabajando. En en el puerto de Cambrils trabajan dos de las trece embarcaciones, mientras que en l’Ampolla las dos barcas han presentado ERTE.

«Esta es una crisis importante, la cantidad de pescado a comercializar ha disminuido muchísimo; sale de la lonja solo entre una tercera y una cuarta parte», explica la secretaria de la Cofradía de Cambrils, Claudia Masdeu.

Al principio, los marineros pararon su actividad, pero, al ver que la situación se alargaba sin un final a la vista, muchos han vuelto a la mar. «Al principio todo fue incertidumbre, y los pescadores no veían que pudieran trabajar aplicando las medidas de seguridad. A través de la Cofradía conseguimos EPIS, que era algo que inquietaba mucho a los pescadores. Y poco a poco han salido más a pescar».

Ahora, antes de subir a las embarcaciones se toman la temperatura y hay un protocolo de higiene y seguridad.

Con el estado de alarma y la poca demanda de pescado, hubo unos precios muy bajos al principio de la crisis. «Se notó mucho en las especies que tienen más valor, como las langostas o los pulpos, productos que se consumen en los restaurantes, han bajado mucho el precio. En canvio se ha estabilizado y últimamente ha subido un poco el pescado que más se consume en casa: la merluza, el salmonete, la sepia...»

Por su parte, el patrón mayor de la Cofradía de l’Ametlla de Mar, Miquel Brull, es pesimista. «La pesca nos íbamos manteniendo, y esto ha sido un bofetón muy fuerte. Como en todos los sectores. Es una cadena que una cosa lleva a la otra. Será un año muy duro, porque lo arrastraremos mucho tiempo. Las pérdidas de este año son enormes, y los precios bajarán mucho porque no hay turismo ni restauración, ahora que llegaba el buen tiempo», explica. «La normalidad vendrá el 1 de julio, cuando volvamos a pescar tras la veda, pero no sabemos qué «normalidad» habrá. No sabemos cómo estarán los mercados, los precios. Estamos a la expectativa».

Las barcas de la Cala no salieron a pescar en 15 días, en marzo, porque un comprador venido de fuera dio positivo.

El mejillón, de mucha calidad

En el caso de la Ràpita y les Cases d’Alcanar la situación tiene mejores expectativas ya que la veda comienza en julio. Sin embargo, también están muy preocupados por los precios.

«Ahora la demanda ha cambiado porque están cerrados los restaurantes. Estos días el principal mercado son las pescaderías para los consumidores. Para casa no se compran langostinos, marisco, caracoles... Estos productos de más valor eran los que compraban los restaurantes», explica el secretario de la Cofradía de la Ràpita, Joan Balagué.

Joan Balagué: "Nos preocupa la restauración"

En el otro lado del litoral de la demarcación, los pescadores de La Ràpita o les Cases d'Alcanar no iniciarán el período de veda hasta el mes de julio, que se alargará hasta finales de agosto. El puerto de La Ràpita es muchos años el que más factura de Catalunya.

El hecho de seguir con los restaurantes cerrados ha afectado también directamente a la producción de mejillones y ostras en el delta de l’Ebre. El temporal Gloria provocó graves daños en el delta, como la rotura de la barra del Trabucador. Pero esta afectación ha beneficiado a la campaña del mejillón. Aunque ha caído la producción, su calidad es excepcional. La intensidad de las lluvias y la rotura de la barra del Trabucador, que ha abierto una conexión directa entre la bahía de los Alfacs y el mar abierto, han permitido una mayor renovación del agua. Cuando las bahías tienen un mayor aporte de agua dulce y una mayor renovación de la salada, hay también más fitoplancton del que se alimentan los mejillones, y esto permite un mayor crecimiento del molusco.

«Esperemos que el hecho que el mejillón no es un producto muy caro, se puede consumir en casa y es fácil de cocinar, y su calidad es excepcional este año, compensen un poco la caída de la compra por parte de la restauración. La caída es de un 40 o 50%», explica el gerentr de la Federació de Productors de Mol·luscs del Delta de l’Ebre, Gerardo Bonet. El sector sin duda también va a resentirse. Es un clásico ir al delta de l’Ebre a comer una «musclada», y la perspectiva de un verano sin turismo preocupa a la federación. También por San Juan en Barcelona se consume mucho mejillón del delta.

La ostra corre peor suerte. La bajada de las ventas se va al 70 o 80%. «La gente no come ostras en sus casas o, si lo hacen, es en cantidades muy pequeñas», dice Bonet.

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