Terres de l’Ebre: cuatro comarcas pintorescas con un gran contraste paisajístico

De los castillos de cuento o las huellas que los antepasados dejaron entre montañas, las Terres de l’Ebre esconden grandes muestras artísticas, culturales y patrimoniales en cada uno de sus rincones. Descubrir las historias que esconden puede ser una aventura divertida y tranquila para disfrutar este verano

Roser Regolf Cazorla

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El castillo templario de Miravet corona el pueblo instalado en esta montaña, justo encima de las aguas del río Ebro.  FOTO: Joan Revillas

El castillo templario de Miravet corona el pueblo instalado en esta montaña, justo encima de las aguas del río Ebro. FOTO: Joan Revillas

Una paleta de colores variopintos se extiende a lo largo y ancho de las Terres de l’Ebre, una zona que bañada por las aguas del río Ebro, luce con orgullo des de los marrones piedra y verdes de la Ribera d’Ebre y la Terra Alta; hasta los dorados y azules que, en las playas paradisiacas del Baix Ebre y el Montsià, se funden con el cielo. Colores que, a su vez, se entremezclan con gusto en reservas naturales ricas en fauna y flora como la Reserva Natural de Sebes, el Parc Natural dels Ports o el Parc Natural del Delta del Ebro.

Pero no solo son sus colores los que hacen que una se enamore de allí por dónde pasa, pues la historia también ha dejado en estas tierras multitud de elementos patrimoniales que van desde la época de los íberos hasta nuestros días. Los prehistóricos dejaron importantes vestigios en las tierras que baña el Ebro, destacando las pinturas rupestres como las de Ulldecona o Tivissa, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, o los diferentes yacimientos dónde todavía hoy se estudian los asentamientos y las diferentes formas de vivir de todas aquellas comunidades que pasaron por la región.

Y es que el paso del río Ebro hizo que muchas civilizaciones decidieran asentarse en sus tierras: los ilercavones se distribuyeron a lo largo del curso fluvial, de Tivissa, Vinebre y Gandesa o, más al sud, en Camarles, Ulldecona o Alcanar. Más tarde vinieron los romanos, que dejaron huella en Tortosa especialmente, para dejar paso a los serracenos, que se asentaron en las tierras que rodean el río nada menos que 400 años. A pesar de su resistencia, en 1163 los cristianos ya habían recuperado gran parte del territorio, que fué poblado por los templarios y, más tarde, por los hospitalarios... que fueron solo otros más de una arga historia.

Las diferentes guerras y la expulsión de los moriscos también marcaron la zona de forma importante, pues aún se pueden ver sus dolorosas huellas en elementos arquitectónicos que, a lo largo de los siglos, se han convertido en una seña de identidad de la forma de vivir de toda la población.

Poblado ibérico de La Moleta del Remei, en Alcanar.  FOTO: J.R.

Los restos de los Ilercavones, el pueblo ibero que vivió a orillas del Ebre

Para los amantes de la arqueología, en el sur de Catalunya se conservan muchos de los restos de las culturas antiguas que vivieron y trabaron en el lugar.

Los íberos que vivieron cerca del Ebro, llamados Ilercavones, crearon una red de poblados amurallados a lo largo del río, lo que les permitía subsistir dedicándose a oficios relacionados con la agricultura, la ganadería y la minería. A pesar del paso del tiempo, estos poblados, permanecen en buen estado, lo que los hace visitables.

Uno de los poblados más reconocidos es el de la Moleta del Remei, en Alacanar. Hoy se pueden visitar los restos del asentamiento que data de los siglos VII aC y II aC, declarado Monumento Histórico de Interés Nacional que cuenta con la Casa de Tibast, una reproducción que ayuda a recrear una casa íbera. Otras de las muestras ebrenses se encuentran en los poblados del Castellet de Banyoles, en Tivissa; el Castellot de la Roca Roja, en Benifallet; el poblado de Sant Miquel, en Vinebre; o el del Coll de Moro, en Gandesa.

Pinturas en Ulldecona FOTO: J.R.

Uno de los conjuntos de arte rupestre levantino más importantes de la península 

Las tierras ebrenses cuentan con uno de los conjuntos de arte rupestre levantino más importantes de la península Ibérica. En Ulldecona, concretamente en la serra de Godall, muy cerca de la Ermita de Pietat, se encuentran hasta 11 abrigos neolíticos de pinturas rupestres que cuentan con unas 400 figuras. Las pinturas rupestres de Ulldecona fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el año 1998.

Las pinturas levantinas de los Abrics de la Pietat cuentan con un mundo de relatos míticos directamente relacionados con la caza y la joya de la corona, situada en el abrigo uno, es la figura de un ciervo que se diferencia del resto por su colocación vertical y la definición precisa de sus contornos.

En Freginals se encuentran también las pinturas de los Masets y de las Llibreres, ubicadas en pequeñas cavidades de la sierra de la Pietat. Por otro lado, cerca del municipio del Perelló se encontraron también las pinturas de Cabra Freixet y las de la Cova de la Mallada; mientras que en Tivissa están las pinturas rupestres de Font Vilella.

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