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Economía Emergencia sanitaria internacional

El coronavirus se ceba en la economía e infecta a las firmas españolas en China

Fábricas paradas, tiendas cerradas y trabajadores en casa son un quebradero de cabeza para los emprendedores, que temen que la crisis se alargue todavía

ZIGOR ALDAMA

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Un almacén de mercancías en el polígono de Cobo Calleja en Fuenlabrada, Madrid, en una imagen del 20 de febrero. FOTO: JIMÉNEZ/EFE

Un almacén de mercancías en el polígono de Cobo Calleja en Fuenlabrada, Madrid, en una imagen del 20 de febrero. FOTO: JIMÉNEZ/EFE

«La empresa necesita llevar de Shanghái a Barcelona unas piezas de automoción que entran en la maleta y están buscando a alguien que pueda ir allí. Pagan vuelo de ida y vuelta. Hay que ir mañana, pero se puede elegir la fecha de vuelta». Este mensaje en un grupo de WeChat de trabajadores vascos afincados en China, refleja lo desesperada que es la situación de algunas empresas afectadas por el parón que ha provocado el coronavirus covid-19. La falta de personal y las restricciones de movimientos son un quebradero de cabeza.

Las empresas españolas implantadas en China no escapan de estas consecuencias. Casi todas están sufriendo. Según la encuesta publicada el jueves por la Cámara de Comercio de España en Hong Kong, un 92% de sus asociados reconocen un impacto negativo por el coronavirus. Un 69% han visto reducido su volumen de negocio, el 41% han cancelado viajes de negocios, y un 73% han pedido a sus empleados que trabajen desde casa.

En la China continental, el efecto negativo es mayor. Ejemplo de ello es Celia Bernardo, una diseñadora asturiana que hace casi una década fundó la marca Celia B. Tenía previsto un viaje a Shanghái para estos días, pero ha terminado anulándolo por miedo a que la pongan en cuarentena o que no pueda salir del país.

«A pesar de que ya avancé mucho trabajo antes del Año Nuevo Chino, tengo más de cincuenta pedidos que no puedo entregar, y he empezado a ofrecer descuentos para evitar que los cancelen. Además, tengo producción que debería estar lista para marzo y abril y que dudo que pueda salir adelante», explica. «Todo esto se suma al efecto de los aranceles de la guerra comercial, que lastran mis ventas en Estados Unidos. Cada vez China es menos competitiva. Por eso, estoy buscando ya bases manufactureras alternativas en Indonesia», avanza.

Y no es la única. La diversificación de la producción se extiende a grandes multinacionales que desean reducir su dependencia de China. «La mayoría han buscado de urgencia proveedores en otros países del sudeste asiático», explica Irene Salguero, responsable de ventas en China del grupo catalán de curtido Fontanellas y Martí.

Una mujer sentada en un parque con una máscara en la cara en Guangzhou, China. FOTO: CEDIDA

Efecto dominó

No obstante, el gigante asiático sigue siendo el principal eslabón en la cadena de suministros global, y el cierre de fábricas provocará un efecto dominó en todo el mundo. Lo explica Antxon San Miguel, director de operaciones de Tucai. Su empresa, que depende del sector de la construcción, logró reanudar su actividad en Ningbo el lunes. Pero al 40%, con solo 98 de sus 350 empleados. «El problema es que no podemos exportar el stock del almacén porque el transporte está paralizado. Cuando se vuelva a poner en marcha será tarde». San Miguel concuerda con Goldman Sachs en la previsión de que la economía china dé un salto en cuanto acabe la crisis sanitaria, pero entonces será el mundo el que comience a sentir su impacto.

Pedro Segovia recibió el jueves el primer camión en las instalaciones de la fábrica de RTS en Jinhua y vaticina que este fabricante de componentes de automoción tendrá dificultades para trabajar cuando el país recobre por completo la normalidad. «Ahora estamos con un 70% de la plantilla, y seguro que el 10% o el 15% no vuelven», afirma.

El sector servicios está capeando el temporal pidiendo a los empleados que trabajen desde casa, pero muchas empresas temen un desplome del consumo. «Las ventas se han desplomado este mes», confirma Irene Salguero.

Alberto Bermejo, responsable en China de Carolina Wine Brands, señala que «todos los viajes y eventos se han cancelado hasta abril, incluidas grandes ferias de vino como la de Chengdu. Además, hay miedo a ir a bares y restaurantes, por lo que el consumo ha caído en picado», explica.

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