Economía Energía

España, más expuesta a la crisis del gas por su dependencia energética

Con un 75% de los recursos procedentes de otros países, la volatilidad de los precios impacta en la economía, a la espera de desplegar renovables

JOSÉ M. CAMARERO

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La vicepresidenta tercera y ministra de Transición ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, con el ministro de argelino de Energía y Minas, Mohamed Arkab, el pasado miércoles.foto:  efe

La vicepresidenta tercera y ministra de Transición ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, con el ministro de argelino de Energía y Minas, Mohamed Arkab, el pasado miércoles.foto: efe

La isla energética en la que España vive geográficamente ha puesto de relieve la vulnerabilidad de toda la economía en plena salida de la crisis al ser uno de los países más dependientes de los costes energéticos sobre los que no tiene capacidad de control. Un 73% de los recursos petrolíferos, gasistas e incluso eléctricos que consume el país proceden del exterior, según el INE. Aunque se ha ido reduciendo en los últimos años, aún no es suficiente para evitar embites como el que ya afecta a la recuperación: la crisis de precios del gas y sus efectos en toda la economía.

La dependencia media de la UE se encuentra ligeramente por encima del 50%, con casos tan paradigmáticos como el de Francia, con un parque nuclear de casi 60 reactores. En España, la situación ha ido mejorando con el paso de los años, porque en 2008 su dependencia superaba ampliamente el 80%.

Un problema a todos los niveles

Los fantasmas reaparecen estos días: el de la crisis del petróleo de los años 70, la guerra de Irak de 1991 o los máximos que marcó el crudo en plena recesión hace una década. Capítulos que han llevado a los combustibles fósiles, de los que ni la Península ni los archipiélagos tienen, a tensionar la economía. Tanto es así que el crecimiento del PIB se ha ralentizado al 2% en el tercer trimestre y hace tambalear las expectativas a la baja en el cierre del año.

Con cuatro semanas de diferencia, los dos viajes exprés a Argelia del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, y la titular de Transición Ecológica, Teresa Ribera, han puesto de relieve el protagonismo de un vecino que resulta estratégico. Porque no había riesgo de falta de suministro de gas. De hecho, España empieza noviembre con gas natural almacenado para el equivalente a 40 días de consumo, según datos de Enagás, que destaca que se encuentra en una situación mejor que otros países del entorno.

Pero con la tensión entre argelinos y marroquíes, España se ha jugado no disponer de las reservas necesarias para este invierno. De Argel depende un 43% del gas que se consume en toda España: un 22% a través del gasoducto directo con Almería y otro 21% vía indirecta por el Estrecho de Gibraltar a Cádiz.

El cierre del grifo desde ayer a través de Marruecos restará unos 80.000 GWh de energía al año. Argelia se ha comprometido a compensar esa sangría con más inyecciones a través del Medgaz, cuya ampliación se está ejecutando y se prevé para finales de año; y, sobre todo, cargando más metaneros. El problema es que todas las grandes potencias están reteniendo buques para garantizar su abastecimiento. Y aunque el suministro no parece peligrar, los precios sí. Por eso España tiene puesta su vista en otros países con amplias reservas, como Nigeria, de donde llega un 12% del consumo.

El petróleo es el otro hándicap para la economía. Su volatilidad golpea tanto para bien como para mal. La subida del barril de Brent hasta por encima de los 80 dólares (primera vez en tres años) implica una nueva amenaza para la recuperación. De hecho, podría restar un punto al crecimiento del PIB en 2021.

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