La España ‘vaciada’ de oficinas bancarias

La mitad de las provincias regresan a los años 70, cuando tenían el mismo número de sucursales que ahora, incluso en los territorios que más población han ganado

José M. Camarero

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Imagen de archivo de un local vacío de la Rambla Nova de Tarragona que albergó una oficina bancaria. FOTO: A.González/DT

Imagen de archivo de un local vacío de la Rambla Nova de Tarragona que albergó una oficina bancaria. FOTO: A.González/DT

Cada vez hay más áreas de España que no tienen consultorio médico, colegio o, simplemente, una carretera en condiciones para acceder a determinadas poblaciones. Es la España ‘vaciada’ de servicios por la que miles de personas se manifestaron hace una semana en Madrid. Pero entre todas las carencias posibles, la de las oficinas bancarias es, cuantitativamente hablando, la más sonora. La ausencia de sucursales se extiende como una mancha de aceite y lo hace prácticamente sin diferenciar regiones, aunque el impacto en unas zonas es mucho mayor que en otras. 

El año pasado, el conjunto de la banca cerró el ejercicio con 26.166 oficinas, lo que supuso un recorte del 1,75% con respecto al ejercicio anterior, según el Banco de España. Fue el décimo año consecutivo en el que el sector ha clausurado más oficinas de las pocas que ha ido abriendo desde las 46.118 que tenían en septiembre de 2008, el mes en el que se produjo la caída de Lehman Brothers y que conllevó el inicio de la última crisis. El drenaje, superior al 43% en esta década, ha sido constante. Primero, por las propias necesidades del sector de acometer un ajuste de gastos que aún no ha cesado;_en breve llegarán nuevos ERE en Santander y CaixaBank, así como el goteo de salidas que no se cubren en el resto de grupos. Y segundo, por la irrupción de la banca digital, cada vez más usada por muchos clientes en su operativa diaria.

Esa sangría ha configurado una España en la que la presencia física de la banca ha retrocedido hasta prácticamente los años 70. En casi la mitad de las provincias ahora tienen el mismo número de sucursales que las que tenían en aquella época. Y no se puede achacar exclusivamente a la pérdida de población, porque entre los territorios afectados se encuentran algunas grandes urbes como Barcelona (tiene más de 2.500 oficinas, las mismas que en el año 1977);_comunidades autónomas al completo como País Vasco (sus tres provincias registran ahora las mismas sucursales que tenían entre 1976 en Alava, 1977 en Guipúzcoa y 1979 en Vizcaya);_o capitales de provincia tractoras para toda su región, como Valladolid (las mismas oficinas ahora que en 1978). El abandono es mucho más profundo en aquellas provincias cuyos habitantes tratan de alzar la voz para evitar ser los olvidados. En zonas como Soria, Huesca u Orense, las escasas decenas de oficinas que tienen no encuentran registros previos hasta antes de 1974, el primer dato disponible del supervisor. 

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