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Lúpulo de proximidad

Cinco productores en Prades se han animado a cultivar este ingrediente destinado a la elaboración de cerveza: David es uno de ellos

Cristina Valls

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David Sosa, en su plantación de lúpulo. Foto: Joan Revillas

David Sosa, en su plantación de lúpulo. Foto: Joan Revillas

Hace aproximadamente cuatro años, el ayuntamiento de Prades, su cooperativa y la empresa Damm iniciaron un proyecto para potenciar el cultivo del lúpulo de proximidad en el municipio. Conseguir este ingrediente fundamental para la elaboración de cerveza necesitó la implicación de agricultores. Así que, a través de múltiples intentos en una finca experimental, productores e impulsores de esta iniciativa quisieron valorar su viabilidad.

«Por el momento estamos satisfechos. Era un proyecto arriesgado y conlleva un proceso de maduración largo. Aunque la implicación de hasta cinco payeses nos ha ayudado mucho, nuestro objetivo es ampliar el abanico. Contamos con algún perfil joven emprendedor, factor que ayuda a establecer que habrá cierta continuidad», cuenta la alcaldesa de la ‘Vila Vermella’, Lídia Bargas.

Y es que invertir tiempo en este proyecto supondría posicionar Prades, en un futuro cercano, como un referente en la elaboración de cerveza con lúpulo de proximidad, ya que es un ingrediente que se adquiere fuera. El municipio  además inició la construcción del secador de lúpulo «más grande del estado», según detalla Bargas, factor que ha sido posible gracias «a la inversión de Damm».

«Aunque la cosecha de este año traerá poca producción, nuestro objetivo es seguir adelante: prevemos que el cultivo alternativo aumentará en los próximos años», añade Bargas. La últimas cifras registradas el verano pasado establecían una superfície de lúpulo de hasta 6,5 hectáreas.

Uno de los emprendedores que se sumó al proyecto hará un par de años es David Sosa (32 años). Trabaja 3,7 hectáreas de esta plantación y recientemente ha aumentado el cultivo con 1,5 hectáreas más. Aunque viene de familia agricultora, admite que «al principio empecé de cero y tuve que informarme. Desconocía las características de la plantación. Fui a la reunión de Damm y me animé».

Este cultivo, reaprovechable, puede durar entre 15 a 17 años

Por el momento, el terreno está plano, ya que el lúpulo, en cuanto está en su punto, se recoge y se vende sin almacenarlo. «Es una planta peculiar y no exige un mantenimiento excesivo. El proceso puede estar bastante mecanizado», explica Sosa.

El trabajo se concentra tal vez en la estructura que hay que montar previamente. «En primer lugar, monté una espaldera de unos seis metros anclada al suelo para que al plantar el rizoma (el tallo subterráneo por el que saldrán la rama exterior y la raíz) crezca hacia afuera y se vaya enredando», detalla el agricultor. Un proceso que se sitúa, por lo general, en primavera.

Según indica este agricultor, la planta es muy resistente y suele almacenar mucha humedad, aunque precisa de un terreno con buen drenaje. «A finales de verano es cuando se suele cortar la planta: la raíz es la parte más importante. Este tipo de cultivo es reaprovechable y puede durar de 15 a 17 años», destaca el joven agricultor. Preguntado sobre la producción que puede obtener, Sosa habla de una aproximación de 2.000 kg por hectárea de flor seca.

Cuando se acerca el periodo de madurez de la planta, hay que ir examinando los tallos. Aquí es donde entra la parte en la que se secan los lúpulos ya retirados.   «La clave es que ya no contengan esa humedad que les ayudó a desarrollarse y pueden dejarse tiempo hasta que se complete su proceso de secado», concluye Sosa.

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