Más con menos

El período de recuperación actual ha supuesto cambios radicales a la demanda doméstica y la productividad

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Una de las características más llamativas del periodo de recuperación vivido hasta ahora ha sido el cambio radical en la composición de la demanda doméstica, desde servicios, limitados por la pandemia, hacia bienes, especialmente duraderos. Este cambio en la composición del PIB ha tenido un efecto fulgurante en la productividad.

Utilizando el PIB por industria en vez de por gasto, la productividad, medida en dólares producidos por persona empleada, se ha incrementado en un 5,7% entre marzo de 2020 y junio de 2021, lo que corresponde a un incremento del 2,3% del PIB y a una caída del 3,1% en el empleo (todo en tasa anual). En el periodo expansivo de 2010 a 2020 el crecimiento de la productividad había sido de 0,7% al año, con pocas variaciones.

  • La productividad es una medida inexacta

El incremento de la productividad es en buena medida ilusorio. Sectores como educación, salud y ocio se han contraído, la producción de esos sectores se mide por el gasto, que fundamentalmente son salarios, con lo que su ‘productividad’ no sube nunca (aunque resulte increíble, factores como el incremento de la esperanza de vida, entre otros, no ‘entran’ en las medidas del PIB). Por otra parte, sectores en los que la productividad es fácil de medir, como el de manufacturas, han incrementado enormemente su aportación al crecimiento.

El incremento de la productividad debido a este efecto de composición irá desapareciendo, pero sin duda veremos como aparece el impacto del aprendizaje que todos hemos realizado durante la pandemia para producir lo mismo usando menos (menos metros cuadrados, menos desplazamientos, ...).

  • El efecto sobre el petróleo

El precio del petróleo ha vuelto a niveles que no se veían desde 2014, y no parece fácil entenderlo dados los equilibrios de oferta y demanda. La historia del crudo en el S.XXI tiene tres fases diferenciadas; hasta la crisis de 2008 la subida es continua (de 20 $ el barril hasta 145) con un temor de fondo al ‘final del crudo’, la crisis produjo una caída hasta los 30 $ por barril pero el precio se recuperó y entre 2010 y 2014 se estabilizó en una media de 94 $/barril, la tercera fase empieza con la irrupción de las técnicas de perforación horizontal que desploman el precio hasta que la OPEP (y Rusia) reaccionan aceptando perder cuota de mercado. Entre 2012 y 2019 su cuota cae en 7 puntos. La pandemia abre un nuevo episodio, donde el petróleo cae sin control hasta que la producción, de la OPEP y de EE.UU., cae lo suficiente. 

Desde entonces oferta y demanda se han recuperado, pero la oferta a un ritmo más lento, por decisión de la OPEP. El resultado es un petróleo más caro y una OPEP que sigue perdiendo cuota de mercado. La estrategia no se entiende muy bien. Los precios altos del petróleo incentivan un proceso, el de la descarbonización, ya de por si imparable. El uso del petróleo por unidad de producción está en una caída que se acelera y se vislumbra el día en que su uso será marginal ¿Para qué querrá la OPEP mantener todo ese petróleo literalmente enterrado?

 Mónica Sánchez, CaixaBank Banca Privada

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