Mermeladas con arraigo

Desde Vila-rodona, Bet Carbonell elabora mermeladas y jaleas con ingredientes ‘kilómetro cero’, que luego vende por toda Catalunya

Rafael Servent

Whatsapp
Bet Carbonell en su obrador de Vila-rodona. A la derecha, algunos de los productos que comercializa bajo la marca Llépol. Foto: Fabián Acidres

Bet Carbonell en su obrador de Vila-rodona. A la derecha, algunos de los productos que comercializa bajo la marca Llépol. Foto: Fabián Acidres

Bet Carbonell (Barcelona, 49 años), vino a vivir a Alió (Alt Camp) con ocho años. Tras graduarse en el instituto, volvió a Barcelona a estudiar Filosofía. Pero el Alt Camp seguía en su cabeza, y a mediados de los noventa decidió asentarse en Vila-rodona, de donde ya no ha vuelto a moverse. Entre otras cosas, porque su proyecto de vida se vinculó a la tierra, formando familia con una saga de más de veinte generaciones de agricultores.

Cerezos, caquis y olivos son los principales productos de su explotación agrícola familiar. Cosecha tras cosecha, Bet Carbonell veía cómo parte de la fruta que producían generaba excedentes «que no podíamos llevar al mercado, y que tenías que terminar tirando o regalando». La pregunta vino de forma natural a su mente: «¿Por qué no hacer conservas?».

La respuesta fue asociarse con una restauradora con quien durante diez años estuvo elaborando mermeladas bajo el nombre de ‘Els fruits saborosos’. «Empezamos con los excedentes de cerezas de nuestra explotación -recuerda Bet Carbonell-, pero pronto nos expandimos a los vecinos, con sus excedentes de tomates, calabazas...».

Tras disolver la sociedad hace cuatro años, Bet Carbonell decidió que «era una pena tirar por la borda toda la experiencia que tenía». El 14 de abril de 2016 consiguió la autorización para abrir su propio obrador en Vila-rodona. Nacía Llépol (Llepol.cat), y lo hacía con la voluntad de ir un paso más allá.

Equipado con zona de cata y un espacio para llevar a cabo demostraciones y talleres, este proyecto no se limitó «solo a elaborar mermelada, sino que empecé a experimentar con la jalea (parecida a una gelatina a base de fruta, limón y azúcar) y otras conservas».

Aliada con un viticultor local, empezó a organizar catas mensuales de vino con maridajes. «Hubo un momento -prosigue- en que ya no cabíamos de la demanda que teníamos, y tuve que ampliar la sala de catas y cursos. Empecé a abrir los viernes y sábados por la noche. Pero todo esto se ha frenado ahora». La pandemia de Covid-19 ha devuelto el centro de toda su actividad al obrador y ha puesto el foco en Internet.

Una de las cosas que más me gustan es interactuar con gente en talleres familiares (Bet Carbonell)

Sales, vinagres, mermeladas, jaleas, salsas y chutneys, además de «vino y cosas curiosas o que me gustan mucho», forman parte de su catálogo, con materias primas locales del Alt Camp (y algún cítrico de Terres de l’Ebre), venta directa local con recogida en el obrador, distribución en tiendas y ventas a través de su tienda online (un 60% de su negocio) con entrega a domicilio.

Cereza, albaricoque, fresa, frambuesa, moras, naranja, ciruela, higos, calabacín, tomate, calçot o melocotón son algunos de los ingredientes de sus mermeladas, con recetas más clásicas y precios de venta al público de entre 4,5 y 5 euros por un tarro de 270 gramos. La experimentación la reserva para sus jaleas, con ingredientes como el vino tinto, vino rancio, mistela, cava, vermut, trufa, azafrán, cúrcuma o guindilla, con precios de 1 euro por un tarro de 30 gramos. En total, unos 10.000 tarros al año entre mermeladas y jaleas.

Pero Bet Carbonell echa de menos el trato con las personas. «Una de las cosas que más me gustan es interactuar con la gente. En especial los talleres familiares: de galletas, pizzas, cocina de supervivencia... Tenía un taller pendiente orientado a adolescentes. Talleres muy chulos programados este año, que no he podido hacer». Está convencida de que, más pronto que tarde, volverá a ello.

Temas

Comentarios

Lea También