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Opinión: La píldora de la solidaridad

Artículo de opinión de Ignacio de las Cuevas, director de Operaciones del Departamento de Innovación Turística de Eurecat

Ignacio de las Cuevas

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El mismo día en que se decretó el estado de alerta para combatir el Covid-19 me llegó un video por WhatsApp denunciando la crítica situación que el personal sanitario estaba viviendo en un centro médico de Madrid. La frase que se me quedó grabada es «¡Ojalá inventaran una píldora de la solidaridad!». En este caso, se hacía un llamamiento a la responsabilidad social colectiva para prevenir la propagación del virus. Si extrapolamos la frase, podemos pensar que muchos de los males que hoy en día tenemos en el mundo podrían reducirse si recapacitáramos sobre los recursos que disponemos, nuestros hábitos de vida y de consumo ‘globalizados’ y las poblaciones más vulnerables. Los efectos que han desencadenado el calentamiento global, la reducción de la biodiversidad y, últimamente, el despilfarro alimentario son sólo algunos de los que me vienen a la cabeza. 

Si miramos este fenómeno con lupa, y tras estos primeros días de confinamiento, se han ido multiplicando los comentarios sobre el exceso de comida que hay en casa, el comer por aburrimiento, los kilitos que cogeremos... Con esta actitud, caemos de nuevo en la trampa, pensar sólo en nosotros y poco en el prójimo. Los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible nos recuerdan las metas que debemos cumplir para el 2030, y, sin duda alguna, el uso diligente de los recursos naturales y la lucha contra el despilfarro alimentario serán cruciales para mantener el orden global. 

En Cataluña, el pasado 4 de marzo se aprobó la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentarios. Es una normativa pionera en Europa, ya que «prioriza la prevención en origen ante la redistribución de los excedentes, y lo hace a lo largo de toda la cadena alimentaria». En la zona donde residimos, en la cual la actividad turística constituye un pilar fundamental de la economía, el sector de la restauración y la hostelería estarán obligados a «facilitar al consumidor que pueda llevarse, sin coste adicional, los alimentos que no haya consumido e informar de esta posibilidad de manera clara y visible en el mismo establecimiento», así como «utilizar envases que sean aptos para el uso alimentario, reutilizables, compostables o fácilmente reciclables y admitir que el consumidor lleve su propio envase».

El uso y consumo responsable de los recursos demuestra nuestro grado de civismo y generosidad

Este nuevo marco legislativo confirma y se suma a la labor que vienen haciendo desde hace tiempo compañías que luchan contra el despilfarro. Winnow, Leanpath o Kitro son herramientas sofisticadas que hacen uso de Inteligencia Artificial para identificar, monitorear y tomar acciones en las cocinas comerciales con el objetivo de reducir las cantidades ingentes de comida que desperdiciamos diariamente. 

En Eurecat trabajamos para impulsar la sostenibilidad en el sector turístico y para acercar al personal técnico y directivo, ejemplos de soluciones tecnológicas, así como estrategias de innovación empresarial. En este sentido, el Covid-19 nos obligó a posponer una jornada sobre el desperdicio alimentario que habíamos planeado para el 20 de marzo en Barcelona en colaboración con la Facultat de Turisme i Direcció Hotelera Sant Ignasi y la Fundació Formació i Treball, la cual, por razones obvias, se celebrará a mediados de mayo.

En conclusión, hacer un uso y consumo responsable de los recursos limitados de los que dispone el planeta, ya sea a nivel energético como alimentario, demuestra nuestro grado de civismo y generosidad hacia el prójimo. Las tecnologías que tenemos a nuestro alcance nos tienen que servir para optimizar recursos y, en definitiva, para dejar el planeta en mejor estado del que nos lo encontramos al nacer. ¿Utópico? Sí, pero tenemos que apuntar alto.

Es precisamente, en esta ambiciosa misión colectiva, marcada por la Agenda 2030, en la que tenemos que demostrar que sabemos y podemos ser solidarios, ya que no nos queda mucho margen de error. A escala global, el problema de la seguridad alimentaria es de una magnitud colosal, por lo que sólo podemos plantarle cara si actuamos coordinada y eficazmente desde cada ámbito personal, empresarial y local y si le añadimos una gran dosis de ingenio, optimismo y solidaridad.

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