Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Trabajar la forja con el mimo de antes

Valentí y Enric Martí han aprendido el oficio en casa, de generación en generación, con obras creativas únicas como el conjunto escultórico de Montblanc

Alba Tudó

Whatsapp
Valentí Martí en su taller trabajando

Valentí Martí en su taller trabajando

Forjar hierro es uno de los primeros oficios de la historia. Se ha ido transformando a lo largo de los años. Cal Biel, en L’Espluga de Francolí, mantiene la esencia y el legado que dejó Enric Martí (1887-1976) en una saga familiar de forjadores. Ahora siguen trabajando en el yunque Valentí Martí (63 años) y su hijo Enric (28 años), que con imaginación y talento elaboran obras únicas. ¿Que es la forja artística? Hacer sin prisas distintas obras de arte, con la singuaridad de que son distintas y personalizadas. 

Una familia que lleva toda la vida dedicando todo su amor e ilusión para sacar adelante todos los proyectos.

Y es que la suya es una profesión que ha pasado de generación en generación, donde tras un primer contacto con el cliente sacan la idea que lleva adentro e intercambian opiniones. «Nos gusta ir al lugar donde tenemos que hacer el trabajo», cuenta el forjador Valentí Martí.

Las obras que crean son variadas. Desde pequeñas esculturas a grandes encargos -a las que «les damos alma y movimiento», afirma Valentí Martí-, los precios varían «dependiendo del tiempo y de las dimensiones». Por 50 euros podemos encargar una letra para la puerta de casa. A partir de 200 euros, un candelabro. Cuenta Valentí Martí que compran el hierro en grandes almacenes y lo transforman con el fuego: «Es más moldeable y nos ayudamos con los utensilios adecuados».

Ahora están trabajando en un proyecto muy ambicioso: hacer la barandilla interior del Museu del Pessebre de Montblanc, que se inaugurará este año. Han hecho distintas obras de grandes dimensiones. Por ejemplo, el conjunto escultórico de Sant Jordi en Montblanc.  

«Queremos que el nombre y la tradición de cal biel perdure  muchos años más»

El Monasterio de Poblet ha sido un escaparate para dar a conocer el trabajo de esta familia. «Gracias a esto hemos conseguido clientes de distintos países y lugares, como Francia o Bilbao».

¿Por qué Cal Biel? El nombre tiene una historia peculiar y es el renombre de la familia. Gabriel era el tatarabuelo de Valentí Martí. En aquellos tiempos, en L’Espluga de Francolí había dos hombres que se llamaban igual; uno era un terrateniente y el otro era molinero. Al segundo le acortaron el nombre y de ahí nació Cal Biel.

La historia, pues, viene de lejos. Se remonta a los primeros años del siglo XX, cuando Enric Martí (1887-1976), empezó el oficio de herrero. Enric es el cuarto hijo de una familia de seis hermanos que, para ganarse la vida en aquellos años que la filoxera había hecho estragos por estas tierras, tuvo que irse a aprender el oficio de herrero fuera de L’Espluga. Empezó a tener los primeros contactos con el hierro en la herrería de Cal Amadeu Marca, en Altafulla, donde hizo de aprendiz; de allí pasó a Calafell y luego a la herrería de Cal Basora, en La Riba.

Posteriormente, a raíz del servicio militar, continuó haciendo de herrero en Barcelona. Con el oficio aprendido volvió a L’Espluga de Francolí, donde montó una herrería en el antiguo corral de Cal Potreta, al abrigo de una cueva natural que aún hoy hay bajo la cordillera del castillo de L’Espluga.

Por el momento, padre e hijo quieren crecer y hacer que el nombre de Cal Biel perdure muchos más años. Y, sobre todo, que no se pierda este oficio que llevan tantos años enseñando y pasando de generación en generación. Son de los pocos que se dedican a convertir la forja en arte personalizado.

Temas

Comentarios

Lea También