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¿Un crédito rápido para vacaciones? No tan deprisa...

Intereses desorbitados, cláusulas abusivas, condiciones poco claras, publicidad engañosa... la lista de puntos a tener en cuenta antes de firmar es importante

Rafael Servent

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Ilustración de ordenador

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Ahí están. Para darse un capricho, porque te lo mereces, porque no tienes que dar explicaciones... porque ya lo tienes preconcedido y sólo tienes que darle al botón para aceptar y tener el dinero inmediatamente en la cuenta corriente. Para gastártelo a voluntad. Son los créditos rápidos (y también los préstamos al consumo vinculados a productos y servicios de ocio) que en los meses veraniegos arrecian con fuerza. Y que no siempre son la mejor idea.

Asociaciones de consumidores y organismos públicos alertan una y otra vez sobre los riesgos de tomar decisiones financieras sin reflexionar, pero seguimos cayendo en lo mismo, con el añadido de que la digitalización de las finanzas facilita más que nunca el acceso a esos productos, acortando nuestro margen de reflexión.

"Si no hay control, se puede convertir rápidamente en un gran problema de impago y endedudamiento", explica Isabel Pons

Isabel Pons, coordinadora de la asociación de usuarios de banca Aicec-Adicae, es clara: «Siempre hemos planteado que este tipo de consumo [de préstamos] hay que hacerlo de manera muy reflexiva, porque si no hay control se puede convertir rápidamente en un gran problema de impago y sobreendeudamiento».

"Para ejercer un consumo responsable hay que planificar", afirma Isabel Pons

La primera recomendación parece evidente, pero no siempre lo es: planificar. «Hemos de volver a la idea de ahorrar para las vacaciones o para la compra extraordinaria», explica Isabel Pons. «Para ejercer un consumo responsable –prosigue– hay que planificar, y si no planificamos estamos en otro riesgo de endeudamiento. No puede ser que salgamos del sobreendeudamiento hipotecario para pasar al sobreendeudamiento por créditos rápidos».

Llegado el caso en el que tengamos que echar mano de uno de estos préstamos (no siempre podemos planificar cuándo se nos va a estropear la nevera, o cuándo vamos a necesitar viajar de urgencia a algún lugar, aunque sí podemos tener una partida en nuestro presupuesto familiar destinada a imprevistos), el consejo se resume en un sólo concepto: conocer bien las condiciones de lo que aceptamos.

Confusión
En este punto, los créditos rápidos concedidos por empresas que están al margen del control del Banco de España son el riesgo más claro que afrontamos. «Hemos de controlar la publicidad –alerta Isabel Pons– y tener en cuenta que estamos asumiendo riesgos. Los préstamos rápidos no son créditos al consumo para productos como los que dan las entidades financieras, sino dinero prestado por empresas sin escrúpulos, con cláusulas abusivas e intereses muy elevados, presentados para confundirnos».

Intereses del 4.000%
En uno de estos préstamos –por importes que oscilan, en general, entre los 300 y los 6.000 euros– pueden llegar a aplicarse, según Aicec-Adicae, intereses de demora (por retraso en el pago de una cuota) de entre el 2.000% y el 4.000%, lo que lleva a que «cuando entras en una situación de impago, acabes debiendo más por los intereses de demora que por el importe del préstamo», explica Isabel Pons.

"Son préstamos de empresas sin escrúpulos", según Isabel Pons

Además, cuando se publicitan este tipo de préstamos, suelen hacerlo sin dar una tasa de interés con la TAE anual, la referencia que sirve para comparar entre sí los intereses de productos financieros. En lugar de eso, promocionan una tasa de interés mensual que en muchos casos acaba induciendo a equívoco a quienes contratan ese préstamo. «Si te dan un tipo de interés mensual del 10% –explica Isabel Pons–, tienes que multiplicar eso por doce meses. Y cuando haces ese ejercicio y ves que la TAE anual es del 120%, quizás dejas de plantearte contratarlo».

Hay que devolverlo
Tampoco las entidades financieras reguladas escapan a estas malas prácticas. Las argucias para fomentar las contrataciones compulsivas son frecuentes en el segmento de los créditos preconcedidos y al consumo. En el primer caso, el de los créditos preconcedidos (que hoy suelen comunicarnos por email o directamente en nuestro smartphone), desde Aicec-Adicae señalan que «nos preocupa mucho la sensación de que ese dinero lo tienes ahí y ya lo puedes utilizar, sin pensar en que hacer eso comporta pagar unos intereses y firmar unas condiciones de las que te tendrán que informar, pero sobre todo que ese dinero lo tendrás que devolver».

¿Qué pasa con esos créditos vinculados a producto del tipo ‘dese un capricho y váyase de crucero por el Caribe’? Que, según cuenta Isabel Pons, «tenemos derecho a desistimiento de 14 días, algo que no tantos consumidores conocen». Catorce días para enfriar la cabeza, pensar que lo del Caribe a crédito igual no es tan buena idea y mandar un documento escrito explicándolo.

Un derecho, sin embargo, que no se tiene con los préstamos rápidos. Así que,  «si somos conscientes de que nos están dando un crédito –concluye Isabel Pons–, no hay ningún problema; pero los consumidores hemos de ser proativos».

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