Bruselas pide considerar 'verdes' la energía nuclear y el gas natural

La Comisión Europea lanza una polémica propuesta para etiquetar 
estas fuentes como necesarias para conseguir la transición ecológica

| Actualizado a 02 enero 2022 11:24
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La Comisión Europea da un paso al frente en su proyecto para etiquetar como ‘verdes’ el gas natural y la energía nuclear (descarbonizada) en términos de inversiones. Según el documento al que ha tenido acceso el diario Financial Times, la idea es que la medida afecte a las centrales que estén ya en marcha y a aquellas que se construyan hasta el año 2045. En el caso de la generación con gas, el etiquetado verde sería hasta al menos 2030.

El movimiento de Bruselas, que según el diario británico se produjo el 31 de diciembre, coincide con los planes de cierre de nucleares impulsados por algunos países como Alemania, que pretende poner fin a toda su producción antes de que termine este año y que el último día de 2021 clausuró tres de sus seis centrales.

La idea, que lleva debatiéndose desde hace meses en Bruselas, es fijar los criterios que permitan clasificar como sostenible la inversión en este tipo de energías (similar a lo que ya ocurre con la energía eólica o la solar) con el objetivo de que puedan financiarse y contribuir a reducir los gases de efecto invernadero.

Sin embargo, su simple debate ha generado una fuerte división entre los Estados miembros. Tanto, que la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, se hizo cargo del proyecto con la promesa de tenerlo aprobado antes de que finalizase 2021. Sin embargo, de momento solo ha logrado lanzar la propuesta a los países para someterla a consulta. Y se espera una fuerte oposición de algunos que consideran que, si se cumple lo previsto, solo el carbón quedaría fuera de las denominadas tecnologías ‘limpias’.

Hay que tener en cuenta que el objetivo de la Unión Europea es reducir las emisiones de CO2 un 55% en 2030. Y Von der Leyen ya se ha manifestado en numerosas ocasiones a favor de usar el gas natural y la nuclear como «fuentes estables» en esa transición hacia las renovables. La última vez que lo hizo fue en la última cumbre en la que los Veintisiete deliberaron sobre la crisis energética en la región.

Allí dejó claro que su apuesta es más afín a la de países como Francia, donde el 70% de la electricidad proviene de la nuclear, que a la de Alemania. Las regiones a favor defienden la mayor estabilidad de esta energía, que presume además de no emitir gases de efecto invernadero. Sin embargo, sí registra emisiones en los procesos de extracción de materiales, en la gestión de los residuos, o en el momento de construir o desmantelar una planta. A este último punto sobre todo se aferran los ecologistas y los países contrarios a la propuesta con la que Bruselas pretende cambiar la denominada taxonomía energética (la clasificación de las actividades del sector que se consideran sostenibles medioambientalmente). Por el momento todo apunta a que, tras la remisión de la proposición de la Comisión Europea a los países miembros, el plan podría estar aprobado antes de que termine enero.

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