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    El concurso de acreedores

    Antes de llegar a esta situación es crucial explorar otras opciones, aunque muchas veces es inevitable

    27 noviembre 2023 09:35 | Actualizado a 27 noviembre 2023 09:37
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    En el intrincado laberinto del mundo empresarial, el concurso de acreedores emerge como el último recurso cuando una empresa se encuentra en la encrucijada de la insolvencia financiera. La Ley Concursal, en teoría, se presenta como la tabla de salvación que permite descartar lo que constituye una carga para la empresa y retener aquello que sigue generando beneficios. No obstante, al adentrarse en el ámbito judicial, la probabilidad de supervivencia se desvanece en la mayoría de los casos, convirtiendo esta medida en una travesía incierta por aguas turbulentas.

    Antes de llegar a este punto crítico, donde la declaración de insolvencia se vislumbra como la única salida, es imperativo explorar otras vías. La decisión de recurrir al concurso, tras años de lucha, es dolorosa; no obstante, anticipar pérdidas puede ser preferible a aferrarse a una esperanza cada vez más efímera. El proceso de evitar el colapso total se torna crucial, ya que forzar la entrada al concurso podría llevar a los administradores a asumir deudas de manera personal.

    Endeudarse para saldar deudas o hacer frente a compromisos con la Seguridad Social y Hacienda Pública indica una urgente necesidad de replantear la viabilidad de la empresa en su totalidad. Este escenario, a menudo, es precedido por años de esfuerzos dedicados a mantener la empresa a flote y superar desafíos constantes. No obstante, al llegar a este crítico punto de inflexión, la opción del concurso de acreedores se presenta como la última puerta que se debe cruzar, aun siendo conscientes de que las estadísticas no favorecen su éxito.

    La gestión de la plantilla se convierte en un aspecto crucial al considerar el concurso. Planificar despidos estratégicos, en conjunto con un expediente de regulación de empleo, ofrece ciertas garantías legales, pero no está exenta de desafíos. Los costos asociados siguen acumulándose durante este proceso, agravando aún más la ya deteriorada situación financiera. Además, la relación con los trabajadores y la responsabilidad social de la empresa se ponen a prueba en este difícil proceso, marcando la necesidad de un enfoque equilibrado y ético.

    Abordar la situación laboral antes de iniciar el concurso es crucial para evitar posibles reclamaciones judiciales que podrían agravar la deuda. La falta de planificación puede generar reclamaciones y salarios de tramitación, dificultando el cumplimiento de compromisos financieros con otros acreedores. Este es un terreno movedizo donde la estrategia y la empatía se entrelazan, y la toma de decisiones debe equilibrar las necesidades de la empresa con las preocupaciones legítimas de los empleados.

    Antes de sumergirse por completo en la insolvencia, una cuidadosa planificación de la plantilla puede minimizar la deuda pública y los salarios acumulados durante la tramitación del concurso y el expediente de regulación de empleo. La transparencia y la comunicación efectiva con los trabajadores son claves en este proceso, mitigando el impacto emocional y facilitando un camino hacia la reconstrucción.

    El concurso de acreedores no debe ser percibido como una maniobra para eludir responsabilidades, sino como una herramienta que, con meticulosa planificación y asesoramiento, puede maximizar la satisfacción de los acreedores y permitir a la empresa hallar una salida viable. Actuar con prudencia, evaluar exhaustivamente todas las opciones antes de ingresar al juzgado y, finalmente, creer en la viabilidad del camino elegido son pasos esenciales. Este proceso demanda habilidades legales y financieras., sino también una visión estratégica y un liderazgo ético que guíe a la empresa hacia un futuro sostenible.

    Joan Corominas Vidal es socio fundador de Cims Jurídics

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