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Tipos al alza

Después de once años con el precio del dinero a la baja, el Banco Central Europeo encara en julio una subida con efectos inciertos

| Actualizado a 20 junio 2022 17:31
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El 23 de julio de 2012, la prima de riesgo del Reino de España alcanzó un máximo de 636 puntos, haciendo saltar todas las alarmas sobre una inminente intervención de la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) y el posible colapso del euro.

El rescate solicitado y obtenido unas semanas antes por el gobierno español -mediante el cual España podía disponer de una línea de crédito de hasta 100.000 millones de euros de la Unión Europea para rescatar su sector financiero- no había calmado a los mercados. La prima de riesgo (conocida también como ‘riesgo país’ o ‘riesgo soberano’), seguía disparada.

El término alude al sobreprecio que paga un estado cuando acude a los mercados internacionales para financiarse, en relación a otro estado que es referente por su estabilidad económica y la confianza de los inversores en su capacidad para devolver sus deudas. En la Eurozona, ese referente es la República Federal de Alemania.

El pasado 14 de junio, el Reino de España se vio obligado a financiarse a un 3,16% de interés por su bono a 10 años. Hace un año, apenas era un 0,40%.

Tres días después de ese récord en la prima de riesgo española, solo superado por los 668 puntos registrados el 7 de octubre de 1992 (en plena resaca olímpica, de expos y aves), el 26 de julio de 2012, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, pronunciaba su célebre discurso «Whatever it takes», asegurando que el BCE haría todo lo necesario para preservar el euro.

Y así fue. El BCE arrancó una compra masiva de deuda soberana emitida por los estados miembros de la Eurozona, que enfrió esa prima de riesgo y facilitó la financiación pública, y que se mantuvo hasta la semana pasada, cuando la actual presidenta de la institución, Christine Lagarde, anunció el final de las compras de deuda pública y una subida de tipos de interés de 25 puntos básicos (un 0,25%) durante el próximo mes de julio.

Se ponía fin así a una década de primas de riesgo y precio del dinero a la baja que, tras alcanzar un tipo de interés del 0% el 16 de marzo de 2016, había llevado a que indicadores como el Euribor (el tipo de interés promedio al que las entidades financieras ofrecen dinero a otros bancos en el mercado interbancario) mantuviesen por primera vez en su historia (desde febrero de 2016) y durante más de seis años consecutivos unos tipos de interés negativos.

El BCE tiene como principal objetivo controlar la inflación con políticas monetarias

Las señales de una próxima subida de tipos de interés por parte del BCE llevaron a ese indicador, el pasado mes de abril, a recuperar las tasas positivas, al cerrar el mes en un 0,013% y consolidar la senda alcista al mes siguiente, con un 0,297% en mayo. A mediados de esta misma semana, el 15 de junio de 2022, el Euribor superaba la barrera del 1% (al cerrar la jornada en un 1,067%), un nivel desconocido desde hace una década, que se había alcanzado por última vez coincidiendo con ese mes de julio de 2012 en el que el euro estuvo cerca de ser arrastrado por la crisis de deuda española.

Y es precisamente el fantasma de una nueva crisis de deuda soberana -con las primas de riesgo del Reino de España y de la República Italiana escalando posiciones ante la perspectiva de tener que concurrir sin asistencia del BCE a los mercados de financiación internacionales- lo que hizo que esta semana el BCE se reuniese de urgencia, el miércoles 15 de junio.

En el orden del día estaba tratar de atajar una escalada que en la víspera, el 14 de junio, había situado la prima de riesgo española en los 140 puntos (un año antes, se mantenía estable en los 65 puntos) y el bono a 10 años a un tipo de interés del 3,16% (un año antes, el tipo de interés que pagaba el Reino de España por su bono a 10 años apenas era del 0,40%). Al mismo tiempo, la prima de riesgo italiana alcanzaba, este mismo 14 de junio, los 250 puntos (un año atrás eran 103 puntos) y el bono a 10 años un tipo de interés del 4,27% (un 0,77% doce meses atrás).

Tras su reunión de urgencia, el BCE trató de emitir un mensaje de fortaleza ante los mercados financieros, asegurando que había acordado reinvertir «con flexibilidad» los vencimientos de los bonos que adquirió durante la pandemia bajo el programa PEPP (por sus siglas en inglés).

Los vencimientos de esa cartera que ronda los 1,7 billones de euros se utilizarán para comprar, sobre todo, deuda de estados miembros como España, Italia o Grecia, sin que primen criterios como el peso de cada economía en la Eurozona. El supervisor reconoció que la pandemia ha dejado vulnerabilidades duraderas en la zona euro, por lo que la medida se aplicará «para preservar la correcta transmisión de la política monetaria, condición previa para que el BCE pueda cumplir su mandato de estabilidad de precios».

Un amago de ‘Whatever it takes’ que, en una primera reacción de los mercados, se parece más a un manotazo al aire que al uppercut con el que Mario Draghi resolvió por KO hace una década la crisis más importante que ha tenido el euro hasta la fecha.

En un escueto comunicado de apenas dos párrafos, el BCE no dio esta semana ningún detalle sobre la herramienta con la que se intentará evitar el descontrol de los mercados de deuda. El organismo solo confirmó que ha dado el mandato a sus comités para «acelerar el diseño de un nuevo instrumento» de ‘antifragmentación’.

«Creo que no es el momento de tocar tipos de interés, dando esta imagen que ayuda a alimentar la posibilidad de crisis» (Juan Antonio Duro. URV)

Juan Antonio Duro, catedrático de Economía de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y director de la Càtedra d’Economia Local i Regional de la URV, es crítico con el momento y la forma elegidos por quienes lideran hoy el Banco Central Europeo para anunciar una subida de tipos de interés y un cese de las medidas de apoyo a la emisión de deuda soberana de los estados miembros de la Eurozona.

«A mí no me gusta esta actuación -asegura- en un momento en el que el ciclo económico se está deteriorando. Creo que no es el momento y yo no hubiese tocado ahora los tipos de interés, dando esta imagen que ayuda a alimentar la posibilidad de crisis».

«El BCE -argumenta este catedrático de Economía- tiene como objetivo controlar que la inflación se mantenga en niveles adecuados, con un objetivo referencial fijado en la zona euro en el 2%. Ante la subida de la inflación, primero dijo que era coyuntural pero, ante la evidencia de que nos equivocábamos y empieza a contagiar de manera estructural el sistema, decide empezar a actuar, subiendo los tipos de interés».

«Pero se trata de una inflación -prosigue Juan Antonio Duro- que es sobre todo de costes, mientras que el BCE solo puede actuar sobre la inflación de demanda, que actualmente no es muy expansiva. Y, como que no puede atacar la raíz de la inflación, eso puede llegar a causar una recesión, porque está encareciendo la deuda, desembocando en un escenario de estanflación».

Miquel Àngel Fúster, presidente territorial en Tarragona del Col·legi d’Economistes de Catalunya (CEC), coincide en que «la clave son los tempos», y añade: «Lo que hay es una inflación absolutamente desbocada en toda la Unión Europea, con la repercusión de la guerra de Ucrania, y la única manera de intentar frenarla es con política monetaria».

«Además -añade-, llevábamos muchos años de barra libre de dinero gratis, y ahora tocaba frenar. Es algo que también sucede en los EEUU, donde también tienen una inflación muy alta, y la única forma de irlo revirtiendo es con política monetaria, pero la cuestión es cómo hacerlo sin trastocar el crecimiento en exceso».

El Banco Central Europeo (BCE) ha anunciado una subida de tipos de interés de 25 puntos básicos en julio.

«Creo que el momento de hacer alguna cosa ya había llegado y ya tocaba -prosigue Miquel Àngel Fúster-, pero ahora se trata de ser flexible y, si el crecimiento económico queda muy tocado, no hacer una subida de tipos cada vez que hay una reunión del BCE. Siempre hay que dar un mensaje de confianza, pero actuando ponderadamente».

Por debajo de los miedos a que puedan reproducirse nuevas crisis de deuda con primas de riesgo al alza, queda el impacto que estas subidas de tipos, cuya mera posibilidad ya ha encarecido de facto el precio del dinero en los mercados crediticios, pueden tener sobre las empresas y las familias.

En el caso de estas últimas, a una pérdida de poder adquisitivo provocada por el encarecimiento de los suministros básicos como la electricidad o el gas, además de los productos esenciales de la cesta de la compra, se suma en no pocos casos un previsible incremento en la cuota mensual de sus préstamos hipotecarios, referenciados en España de forma mayoritaria a la evolución del Euribor cuando se trata de hipotecas a tipo de interés variable.

«Llevábamos muchos años de barra libre de dinero gratis, y ahora tocaba frenar, pero la cuestión es cómo hacerlo sin trastocar el crecimiento en exceso» (Miquel Àngel Fúster, CEC)

«La subida de tipos de interés -constata Miquel Àngel Fúster, del Col·legi d’Economistes de Catalunya- afecta a préstamos de empresas, a hipotecas, a la pérdida de aliciente para invertir en Bolsa... pero el hecho de que las hipotecas estuviesen a unos tipos de interés tan anormalmente bajos va contra la ortodoxia financiera».

«Por descontado -reflexiona Fúster-, estas subidas de tipos sí que tendrán una afectación en determinadas hipotecas, pero de alguna forma tenían que recuperar un nivel de normalidad, porque el dinero regalado no tiene sentido en los préstamos, igual que tampoco lo tiene pagar por tener un depósito bancario».

Isabel Pons, coordinadora en Catalunya de la asociación de consumidores de servicios bancarios y de seguros Adicae, coincide en que «hemos estado mucho tiempo con tipos de interés negativos, y durante todo este tiempo hemos tenido un ahorro, en una situación anómala, a la que parecía que nos habíamos acostumbrado, y nos pensábamos que se mantendría».

«Pensamos que el impacto sobre las hipotecas no será muy grave ni por mucho tiempo» (Isabel Pons, Adicae)

«Pero con el impacto del precio de la energía y de la guerra entre Rusia y Ucrania -prosigue Isabel Pons-, eso ya no es así. Pensamos que ese impacto sobre las hipotecas no será muy grave ni por mucho tiempo, con un aumento de unos 200 o 300 euros al año para una hipoteca media».

En su opinión, esa subida por si sola no debería provocar grandes perturbaciones en los presupuestos familiares, pero destaca que «hay un colectivo de personas vulnerables que ya no llegan a fin de mes por cuestiones como el pago del recibo de la luz, y para las que a nivel institucional tiene que haber iniciativas para protegerlas».

«Probablemente -razona Juan Antonio Duro, de la URV-, una parte importante de los hogares, si tienen endeudamiento, lo tendrán a tipo variable, y cuando toque un incremento, sufrirán. Pero los hogares más vulnerables no tienen posibilidad de tener deuda, y me preocupa mucho más el aumento del precio de la electricidad que la subida del Euribor. Es un escenario que, lo mires como lo mires, causará problemas al presupuesto».

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