El PSOE desechó pactar con el PP por su alto coste

Consideró que el pacto con Iglesias podría servir para toda la legislatura mientras Casado solo le habría garantizado la investidura

14 noviembre 2019 09:00 | Actualizado a 14 noviembre 2019 13:20
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Antes de las elecciones entre los dirigentes del PSOE y del PP era moneda corriente hablar de la gran coalición, no tanto para gobernar como para solventar la investidura y romper el bloqueo. Pedro Sánchez también reconocía que era una alternativa factible, y durante la campaña reclamó en mítines y entrevistas la abstención de los populares. Pero la noche electoral todo cambió.

El líder socialista leyó los resultados en clave de enmienda a la totalidad de su electorado a la negativa a pactar con Pablo Iglesias el verano pasado. Había también un segundo factor, el alto precio que Pablo Casado iba a exigir para facilitar su investidura. Además de una serie de acuerdos de Estado que no serían fáciles de consensuar, el líder de los populares ya anticipó que los socialistas tenían que romper sus 40 acuerdos municipales en Cataluña, incluido el de la Diputación de Barcelona, con las fuerzas soberanistas. El PSOE, además, tenía que liquidar el acuerdo con los nacionalistas en Navarra que posibilitó que María Chivite se convirtiera en presidenta de la comunidad foral. Dos pasos que Sánchez de ninguna manera estaba dispuesto a dar.

Pero con ser los pactos de Estado y la ruptura de las alianzas de gobierno una factura abultada, pesó más en su decisión de buscar el acuerdo con Unidas Podemos los números que arrojaron las urnas y que ratificaron, a su entender, la apuesta de la militancia por el entendimiento con los de Iglesias. Los resultados volvieron a señalar que la vía de la izquierda era la más factible y la más sencilla para seguir en la Moncloa. Ya lo dijeron en abril, pero el líder del PSOE se empeñó en gobernar en solitario.

Sus votantes, interpretó, le dijeron que no a esa estrategia, que el entendimiento natural del PSOE era con la izquierda. No es que influyera demasiado y fue casi anecdótico, pero entre los pocos militantes que se agolparon esa noche ante la sede de la calle Ferraz, uno de los escasos gritos que se escucharon fue «con Casado, no». El 28 de abril fue con «Rivera, no». Sánchez, afirman dirigentes socialistas, se convenció de que esta vez sí tenía que entenderse con Iglesias.

Hubo asimismo un tercer elemento que contribuyó al acercamiento a Podemos. Hubiera sido poco coherente, añaden en su partido, que Sánchez pactara con el PP su investidura después de haberse negado en 2016 a permitir la de Mariano Rajoy. Una obstinación que provocó una grave crisis interna en el PSOE y que forzó su dimisión. El perfil de izquierda que hace dos años le permitió ganar las primarias a Susana Díaz ya está bastante difuminado, pero una alianza con los populares, aunque se alegaran razones patrióticas o de responsabilidad institucional, hubiera sido la puntilla.

Una alianza con el PP limitada a la investidura, por otra parte, no arreglaría el reto de la gobernabilidad, el más importante para todo jefe del Ejecutivo. Los populares nunca podrían ser socios parlamentarios de los socialistas en la legislatura si quieren mantener su condición de fuerza alternativa para gobernar. El PP, como haría el PSOE, reconocen los socialistas, dejaría en precario al Gobierno de Sánchez al día siguiente de la investidura y se convertiría en punta de lanza de la oposición. Una situación que se evitaría con un acuerdo de legislatura como el que tiene encaminado con Unidas Podemos siempre que el candidato socialista supere la investidura.

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