«Quien se vacuna ya no es un ser humano»

Los bulos sobre las vacunas siguen corriendo sin freno en las redes sociales. Uno asegura que la persona que las recibe se convierte en un «organismo genéticamente modificado»

17 abril 2021 18:30 | Actualizado a 18 abril 2021 05:37
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Las dudas surgidas en torno a la vacuna de AstraZeneca y las diferentes respuestas de cada Gobierno, así como el parón temporal de la llegada de otra vacuna, la de Janssen, están dando alas a los antivacunas y a los que, como el histriónico Miguel Bosé, engullen las teorías de la conspiración.

Los expertos aseguran que ambas vacunas, y todas en general, son seguras. Y, sobre todo, que los beneficios son muy superiores a los posibles efectos adversos. Por ejemplo, la vacuna de Janssen se ha paralizado tras la detección de seis casos de trombosis cerebral en seis mujeres, una de las cuales murió y otra se encuentra en estado grave.

Esos seis casos se han dado entre casi siete millones de personas que recibieron la unidosis elaborada por la empresa norteamericana Johnson & Johnson. Es decir, la incidencia es de menos de un caso por millón de vacunados.

La insistencia de las autoridades políticas y sanitarias en la necesidad de vacunarse y las cifras que demuestran que la incidencia de la Covid ha caído en picado en, por ejemplo, las residencias, provocan que solo un 7% de tarraconenses llamados a vacunarse con AstraZeneca se hayan negado. Entre ese 7% hubiera estado, de tocarle en estas fechas, un técnico de calderas tarraconense, José Luis Dios Morales.

«Solo me la pondré obligado»

«No confío en las vacunas. Hay científicos que dicen que son seguras y otros que aseguran que no lo son. ¿Por qué tenemos que creer a los científicos que están dentro de las instituciones y no a los que están fuera? Yo no me la pondré hasta que me obliguen, es decir, hasta que para poder ejercer mi trabajo deba tener un certificado de vacunación. Sería una obligación indirecta», dice.

Sigue José Luis: «Lo que me da miedo es que la vacuna es experimental y se la está poniendo la gente porque no hay otra salida. ¿Cómo es que en China se empezó a acabar el virus antes de las vacunas y ya está todo el mundo sin mascarillas y apenas hay contagios? Para mí, este virus es en realidad una gripe mutada que los chinos han trasteado como han trasteado para sacar las pepitas a las sandías. Se les ha escapado de las manos, de un laboratorio, ha habido muchos contagios y han tenido que buscar una solución rápida. En el fondo se trata de una globalización mundial y de cargarse al más débil».

José Luis dice no compartir el negacionismo de personajes conocidos como el cantante Miguel Bosé o la actriz Victoria Abril. «No soy ni negacionista ni no negacionista. Creo que me están tomando el pelo. ¿Cómo es posible que se haya hecho la vacuna en seis o siete meses cuando hasta la propia Organización Mundial de la Salud dijo que se tardaría dos años?», se pregunta el técnico.

Según la Alianza contra los Bulos en Vacunas, el miedo a la vacuna de AstraZeneca no tiene justificación científica. La entidad insta a mejorar la comunicación sobre los beneficios y riesgos de las vacunas contra el coronavirus y mejorar, así, la cobertura vacunal. Las organizaciones participantes en la Alianza contra los Bulos en Vacunas recuerdan que el riesgo de trombos es de un 0,0004% al inmunizarse con la vacuna de AstraZeneca frente a un 0,05-0,12% al tomar la píldora anticonceptiva.

Para Carlos Mateos, coordinador del Instituto #SaludsinBulos, «la mala comunicación sobre los beneficios de la vacuna y los cambios de criterio en la población que debía vacunarse han provocado que el mensaje que ha calado en gran parte de la opinión pública ha sido el de los trombos que podía provocar, a pesar de ser un efecto secundario muy minoritario, y no el de otras complicaciones que podría evitar».

Pese a todo, José Luis no se fía de los laboratorios: «Ninguna vacuna de las que hay es efectiva al 100% y los laboratorios quieren exhimirse de responsabilidad. Yo no quiero ponerme una vacuna si no me garantizan que no me causará efectos. Además Soros es parte de la propiedad de Pfizer». José Luis se refiere a George Soros, el inversionista y filántropo multimillonario estadounidense, bestia negra de los antivacunas.

El demostrado efecto positivo de las vacunas no ofrece tampoco confianza a José Luis: «Han vacunado a los que creían que eran más vulnerables y la Covid sigue subiendo y subiendo. ¿Esto qué es?». Los datos certifican que la cuarta ola de Covid es menos letal que las anteriores, gracias, según los expertos, a las vacunas.

Sobre el descenso de los casos en las residencias, José Luis apunta que «¿no podemos creer que, como llevamos conviviendo tiempo con el virus, directamente nos hemos hecho autoinmunes a esa bacteria u organismo?». Un estudio de la Generalitat apunta que ha sido la vacunación la que ha ‘liberado’ a las residencias de la epidemia de contagios.

También es crítico con el uso obligatorio de las mascarillas. «Yo me tengo que poner la mascarilla en mi parcela y los presentadores de televisión salen todos sin ella. No se entiende». Eso sí, en su trabajo José Luis se pone la mascarilla al acceder a un domicilio para arreglar o limpiar una caldera.

La reiterada afirmación de que la vacunación salva vidas, basada en, por ejemplo, que la letalidad en las residencias casi ha desaparecido, molesta profundamente a José Luis: «Me niego a aceptar que nos estén salvando la vida. No quiero que me vendan la idea de que si acudo a vacunarme soy uno más de los que han salvado la vida. Nos han coartado libertades y derechos y nos han jodido la facturación y encima dicen que nos han salvado».

José Luis comparte en sus estados de WhatsApp noticias alarmantes en torno a las vacunas o las medidas de protección. Por ejemplo, en un WhatsApp se lanzan una serie de preguntas: «Si las mascarillas te protegen, ¿por qué metros de distancia? Si la distancia te protege, ¿por qué las mascarillas? Si ambos te protegen, ¿por qué el confinamiento? Si ambos te protegen, ¿por qué la vacunación? Si la vacunación es segura, ¿por qué hay una renuncia de responsabilidad por daños de la vacuna?». Las medidas de protección se repiten en casi todos los países del mundo.

Bill Gates, el todopoderoso

No falta tampoco el WhatsApp en que sale Bill Gates, la otra gran bestia negra de los antivacunas, junto a George Soros. Se ve al fundador de Microsoft como si fuera el ojo de Dios en una pirámide egipcia. Es decir, se traslada la idea de que detrás de todo lo malo está el empresario.

Hay un WhatsApp que aún es más duro por la supuesta presión que ejerce sobre el colectivo sanitario: «Advertencia a todos los sanitarios, médicos y enfermeras. ‘Solo estaba cumpliendo órdenes’ no es una defensa legal. Podrá ir a juicio por responsabilidad en crímenes de guerra. Su deber es informar al paciente: la vacuna es experimental, sin garantía de inmunidad, todavía puede propagar la enfermedad y daños por vacunas y muerte».

Dicho WhatsApp alude además al Código de ética médica de Nuremberg, promulgado el 20 de agosto de 1947 tras los juicios contra la cúpula nazi y los salvajes experimentos con seres humanos que realizaron en los campos de concentración ‘científicos’ como Josef Mengele. La comparación se califica por sí misma.

Las medidas verdades, las imprecisiones o simplemente las mentiras siguen corriendo por las redes. He aquí algunos ejemplos, aunque podrían ser muchos más.

Los vacunados no dejan de ser humanos

No es cierto que los pacientes que son vacunados contra la Covid-19 se conviertan en Organismos Genéticamente Modificados (GMO, en inglés) y, por tanto, pierdan sus «derechos humanos», como afirma un mensaje que circula en las redes sociales en Estados Unidos y otros países anglófonos.

El extenso texto, compartido principalmente en Facebook, alega que, si alguien ya se ha inoculado «la vacuna experimental» contra el coronavirus, dicha vacuna «ahora se ha integrado en sus cromosomas» y ya «no es clasificado más como humano», sino que será legalmente reconocido como un «organismo genéticamente modificado».

El texto asegura que que si «el Estado profundo de EEUU –en referencia a la teoría conspirativa del QAnon– quiere su corazón para un trasplante, entonces podrá tomarlo» pues carece de normativas ‘humanas’ que le protejan.

Lo cierto es que la evidencia científica muestra que ninguno de los diferentes tipos de vacunas contra la Covid-19 convierten a los seres humanos en GMO. Si bien las tecnologías usadas utilizan virus modificados genéticamente o partes de su ARN, estos no se combinan con el ADN de quien la recibe.

La Covid y las vacunas
no tienen nada que ver con la tecnología 5-G

Entre sus múltiples teorías conspiranoicas, el cantante Miguel Bosé vincula a Bill Gates tanto con un «proyecto de vacunas que portarán microchips o nanobots» como con el desarrollo de las redes de telecomunicaciones 5G, que son «clave en esta operación de dominio global» y que hará que los ciudadanos sean «borregos a su merced y necesidades».

El físico Alberto Nájera, vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud, replica que la diferencia de tamaño entre un virus y las ondas de las redes 5G –que pertenecen al rango de las radiaciones no ionizantes y no pueden desestabilizar un átomo– hace imposible que este tipo de redes puedan interactuar con un virus como el SARS-CoV-2.

Las vacunas superaron ensayos con decenas de miles de voluntarios

Ni las vacunas son experimentos sin probar que causan más covid ni la pandemia es un invento para convertir a los ciudadanos en esclavos, como sostuvo la actriz Victoria Abril en unas polémicas declaraciones que la convierten en defensora de teorías de la conspiración sobre el coronavirus abiertamente falsas.

La actriz aprovechó una rueda de prensa por haber sido galardonada con el premio Feroz de Honor para decir que las vacunas anticovid «son unos experimentos sin probar» que se están «testando directamente» al administrárselas a seres humanos «como cobayas». «No solamente no están funcionando», sino que, desde que se empezó la vacunación, «hay más casos positivos, más enfermos y más muertes», aseguró la actriz, que citó como supuesta prueba la evolución en el Reino Unido.

La realidad es que todas las vacunas cuentan con la aprobación de las agencias del medicamento nacionales, que han publicado documentos donde se confirman los controles de seguridad superados. Además, revistas científicas, que son referentes para investigadores y autoridades sanitarias, han recogido el resultado de los ensayos clínicos y explican cómo las vacunas han sido probadas en decenas de miles de voluntarios.

Tampoco es verdad que haya más casos positivos de coronavirus desde que empezaron las vacunaciones. En el Reino Unido, los datos oficiales constatan que este país superó el pico de la tercera ola con un retroceso de los contagios del 15,7% en siete días y una disminución en el número de muertes del 39,4%.

Suecia no es un oasis contra la Covid y ha reconocido que se equivocó

El vídeo ‘The Big Reset’, muy difundido en internet como «el documental sin censura sobre la verdad de la pandemia», incita a a rechazar todas las medidas preventivas frente a la Covid-19 con teorías conspirativas basadas en diferentes falsedades negacionistas y antivacunas.

Una de ellas, muy difundida por los antivacunas, es que Suecia es un ejemplo de país que contabilizó el mismo número de muertes que años anteriores sin aplicar restricciones frente al coronavirus. Es una falacia porque, entre finales de marzo y mediados de mayo de 2020, Suecia registró excesos de mortalidad «altos» o «muy elevados», según demuestra el portal de monitoreo estadístico europeo EuroMomo.

En el inicio de la pandemia, el epidemiólogo jefe de la Agencia de Salud Pública de Suecia, Anders Tegnell, diseñó una estrategia de restricciones más suave que la de la mayoría de países, pero en junio reconoció que estaban «muy equivocados» y que la cifra de muertos había subido «de forma dramática».

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