La historia particular de las calas de Miami Platja

Mont-roig del Camp. El Ayuntamiento creará una ruta apoyada en la tecnología QR para ayudar a conocer uno de los rincones más excepcionales del término municipal

20 julio 2021 18:50 | Actualizado a 25 julio 2021 09:37
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Pocas cosas han quedado tan grabadas en mi memoria como aquellos primeros años en Miami Platja. Los veranos interminables eran para pasarlo en las calas, para jugar al aro, al boli-dali con los amigos en las calles de tierra o al bote entre las praderas infinitas de pinos y verdes olivares.

El mundo se reducía a lo que se veía desde la rama de un algarrobo. Éramos libres. Todos estos espacios físicos son verdaderamente importantes porque nos transportan por los paisajes humanos, el de las personas que los han poblado y con las que los hemos compartido.

El Ajuntament de Mont-roig del Camp a través de llas concejalías de Joventut, Cultura y Turisme  pretende crear una ruta apoyada en la tecnología de códigos QR de contenido histórico y didáctico para ayudar a conocer mejor uno de los rincones más excepcionales del término: las once calas de Miami. Un proyecto en el que tengo el honor de cooperar como divulgador de la reciente memoria oral. 

Siglo XVII primera referencia

Tenemos que remontarnos al año 1660 para localizar alguna breve referencia cartográfica del lugar. Tor del penals leemos en el gravado de Le Chevalier de Beaulieu o en el mapa de 1887 del capitán de fragata Rafael Pardo de Figueroa «la Punta del Riu LLastres»  y de tres calas; la de la Figuera, Bot y dels Penyals.

Ferran Jové en el Estudi onomàstic de la vila i terme de Mont-roig del Camp nos descubre dos más, la cala Aixobercoc y la del Bres, pero seguimos sin apenas señales de la nomenclatura que aparece hoy en los mapas oficiales. La playa Cristall aún no tenía ni nombre y era conocida por los vecinos de L’Hospitalet de l’Infant como la playa de delante del Mas del Pallejà o del mas del Serrano. También se conocía el sitio como L’Aigua-dolç por el río subterráneo que vierte sus aguas al mar a la altura a del restaurante Limonero. Este verano es un buen momento para disfrutar de este fenómeno natural.

Para poner blanco sobre negro en este asunto tenemos que retroceder hasta los años 1890 y 1891 cuando Salvador Samá y Torrents, segundo Marqués de Marianao y miembro de una distinguida familia de empresarios que habían hecho fortuna en Cuba, compra en subasta cuatro fincas limítrofes con el Riu Llastres y L’estany Salat o Gelat de una extensión total aproximada de 700 hectáreas para utilizarlas como coto de caza. 

Años después, en 1952 Marcel·lí Esquius García adquiere estos mismos terrenos que habían sido propiedad del Marqués de Marianao. En ese momento se iniciaba la singladura del que todos conocemos como Miami Platja.

Su proyecto empezó a tomar forma a partir de 1954/55 con el inicio de los trabajos de urbanización. El diseño se encargó al prestigioso arquitecto de Tarragona, Juan Zaragoza Albi (1913-2006). El urbanista incluyó alguna genialidad tan desconocida como el dibujo en los planos de una copa de cava. (Os reto a que la busquéis). En 1956 se disponía de agua de pozo y en 1957 se realizaron las primeras fiestas mayores. La electricidad llegó en 1960; y en 1964 se abrió al culto la iglesia dedicada a Santa María Magdalena. 

Esquius quiso dar un aire internacional al nuevo núcleo urbano. Rebautizó la «Planada» y «el Vedat» como «Miami Playa», y a uno de sus barrios como «La Florida», aplicando esa misma pauta a las calas dels Penyals. 

Las once calas

La primera cala que descubrimos después de la playa Cristal es la Dels Àngels. Debe su nombre a que es el lugar donde desemboca aproximadamente la avenida dels Àngels, nombre que hace referencia a la ciudad estadunidense (Los Angeles). Originariamente se la conocía como Cala Figuera aunque esa denominación está en desuso.

Aquí se encuentra la Cova de la Mel usada reiteradamente durante la guerra civil como refugio durante los bombardeos de la aviación sublevada. A este resguardo se mudaron durante ese periodo las familias de Manuel Casadó Ferratges el Casinero y de la Maria Ferratges de cal Jan. 

Es también conocida como la cala de la depuradora en referencia a la que se inauguró el 26 de junio de 1974 siendo alcalde Francisco Aguiló Ferré. Sabemos que su coste ascendió a 4 millones de pesetas. Según el Diari, en ese momento Miami Platja contaba ya con 900 habitantes en invierno. 

A la dels Àngels le sigue la cala Pescador porque allí plantaba habitualmente su caña uno de ellos. Por lo que se refiere a la cala Bot es una de las que aparece en el mapa de 1887. Intuyo que antiguamente  debía varar en esta orilla una embarcación. 

La cala California es poco más o menos una prolongación de la avenida del mismo nombre y hace honor al estado norteamericano. Se la conocía coloquialmente como la cala del Camping, al que se accedía cruzando el túnel de la vía del ferrocarril. La cala Santa Fe tiene también su origen en la ciudad del estado norteamericano de Nuevo México. 

En su arena se instaló en 1961  la barca de remos Pepita que brindaba el primer operativo de rescate marítimo de Miami. Este servicio se daba los sábados y los domingos hasta las 6 de la tarde por parte de un pescador del barrio del Serrallo de Tarragona casado en L’Hospitalet de l’Infant: Josep Pardinas Escoda, conocido como Quimet. Al terminar su jornada de fin de semana marchaba hasta Cambrils a pescar la sardina a la llum o atunes con los Xacanos. Pasaba tanto tiempo embarcado que su esposa siempre le decía que moriría en el mar, explica su hija Pepita.

La cala del Misteri es una de las más cautivadoras. Se dice que se la denominó con este nombre debido a que se usaba con frecuencia como zona de desembarco ilegal de tabaco, por las cuadrillas de contrabandistas que tanto se prodigaron durante el siglo XIX y XX. 

En la cala Misteri se habla de una cueva que se usaba para almacenar en un primer momento los fardos sin ser vistos por la ronda de carabineros del puesto de Maria Cristina de L’Estany Salat o Gelat. Esta cala era ideal para esta actividad ilícita puesto que les permitía trasladar el alijo hacia el interior mediante mulos o carros sin ser vistos, por un barranco adyacente.

También he podido recoger otra historia de la cala Misteri, ciertamente más conmovedora, que tiene como protagonista a una familia de Zaragoza que la frecuentaba los años 60. Una niña pequeña del matrimonio se introdujo en el agua en un momento de descuido, desapareciendo en el mar. Los esfuerzos desesperados por encontrarla fueron infructuosos y nunca llegó a recuperarse su cuerpo. El mar jamás lo devolvió y durante muchos años su madre, a la que se la recuerda con un vestido blanco, recorría de un lado a otro de la cala, fija en el horizonte, con la esperanza  de volver a ver a hija.

Historias fascinantes

La del Solitari también está envuelta de historias fascinantes. Cuentan que Antonio Alonso era un joven de Zaragoza residente en Miami Platja que a menudo acudía a pescar pulpos, erizos de mar y nacras, que eran muy abundantes. Marcel·lí Esquius, fundador de la urbanización, lo veía a menudo bañarse solo, ya que en esos años las playas no eran demasiado concurridas. Antonio fue la quinta persona empadronada. En esta cala se produjo el 14 de septiembre de 1961 el famoso rescate del aviador José Enrech Macho después de que su reactor militar Sabre se estrellara en el mar.

Siguiendo con nuestras historias nos situamos en 1961 cuando Salvador Alceda Bové de Zuera (Zaragoza) edificó ese año el Hotel Calazul. Cabría pensar que el edificio dio nombre a la cala pero no es así. La cala Azul, bautizada por el color de sus aguas, dio nombre al edificio.

Por lo que se refiere a la cala de las Sirenas, es la gran incógnita se podría fabular pensando que debe su nombre a la particular silueta del grupo de las rocas depositadas en la orilla y que evocan a la famosa sirena de Copenhague. 

Los turistas austríacos

En cuanto a la cala dels Vienesos se la conocía tradicionalmente como La roca del Bres. Esta roca desprendida del acantilado tenia forma de bressol(cuna), y según los pescadores en ella se capturaban muchas mabras. La toponimia actual se la debemos a una de las primeras familias extranjeras que tomaban el baño en ella, que procedía de Austria, concretamente de Viena.

En último lugar nos trasladamos hasta la cala y la playa dels Penyals. Esta playa adopta el nombre del conjunto de acantilados que configuran las once calas de Miami Platja. En ella se encuentra los búnquers de la guerra civil española (1936-1939).

Acabaremos nuestro periplo en L’estany Salat o Gelat. No quiero terminar sin invitaros a que descubráis en ese lugar una edificación bien poco conocida, la caseta donde el marqués cazaba patos. Hasta ahora, lamentablemente, no ha sido posible documentar ni catalogar ninguno de los elementos edificados por el aristócrata catalán en Miami Platja, como las cuevas del Roure de Costa Zefir, el Mas o el banco de la calle Santa Teresa.

No podemos olvidar que todos ellos fueron diseñados por el arquitecto José Fontseré Mestre, autor del Parque Samá, el parque la Ciutadella o el Mercat del Born, con la colaboración de Antoni Gaudí, ¡Qué no es poco!

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