El Nàstic logra un empate en Hospitalet para seguir líder (0-0)

Fútbol. El Nàstic controló el encuentro pero apenas generó ocasiones de gol como para llevarse un choque que pudo perderse en los minutos finales

27 febrero 2021 21:45 | Actualizado a 27 febrero 2021 22:24
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Los partidos ante equipos como el Prat o L’Hospitalet son más incómodos de lo que uno se puede pensar. Son conjuntos necesitados, de la parte baja, que pueden complicarte la tarde en un abrir y cerrar de ojos si no sabes atarlos desde el minuto uno. Especialmente en casa. O les atizas al inicio o te fuerzan al límite en los tramos finales. El Nàstic no consiguió lo primero y sufrió lo segundo para sellar su tercer empate seguido que le permite mantenerse en lo más alto de la tabla.

No se puede decir que el Gimnàstic no intentara encarar el duelo de partida. Lo hizo, aunque no consiguiera crear todo el peligro deseado. Achuchó y puso a prueba la peor defensa de la categoría, según los números de goles encajados, pero la zaga de la franja resistió. En buena medida porque el ataque granate estuvo espeso. Sin mucha mordiente. Oliva apareció poco, Joel Lasso intervino tímidamente y Pedro no anduvo acertado en la toma de decisiones. El Nàstic es el equipo más goleador del subgrupo (y uno de los máximos artilleros de la categoría) pero sus delanteros teóricamente ‘titulares’ (Pedro y Oliva) están por debajo de las expectativas goleadoras. Tres tantos cada uno registran actualmente.

La anunciada propuesta ‘valiente’ del Hospi de Risueño topó con una respuesta bien armada del Nàstic. Seligrat planteó un guión incómodo para los locales. Les dejó sin su bien más preciado, el balón, y les sometió a una presión individual que generó un sinfín de dudas en la filas locales. Los hombres de Risueño se pasaron casi todo el partido más pendiente de no cometer errores que de planear ataques contra la sólida zaga tarraconense.

La apabullante salida grana no dio frutos y se redujo en una o dos marchas pasado el primer cuarto de hora. La intención era la misma, pero las fuerzas no. La desaceleración tampoco conllevó a que el rival expusiera su cacareado estilo ofensivo.

Sí metió el choque en una fase más física e igualada. El Nàstic siguió controlando el partido, pero seguía sin generar ocasiones. El colegiado repartía amarillas a diestro y siniestro. La mayoría provocadas por los jugadores de uno y otro lado que por acciones merecidas, que también las hubo. Todas las llegadas de ambos equipos al área contraria se resolvían con tiros lejanos que no encontraban portería.

El descanso le llegó mejor al Nàstic que veía como el cuadro ribereño crecía en el partido. El juego se había desplazado a su territorio y necesitaba un respiro para volver a calcular el próximo movimiento. Y sobre todo, subir la velocidad de los pistones.

El segundo acto siguió la estela del final del primero. El Hospi buscaba acumular balón ante un Nàstic que trataba, precisamente de evitarlo con posesiones largas. Ni uno ni otro conseguían hilvanar una acción que les llevara al área rival.

Los granas se aferraban a la estrategia. Una de sus brillantes armas que afila con su particular mimo Javier Bonilla. El soriano quiso sorprender con un tiro directo desde una posición muy escorada. Consiguió su objetivo. El meta Aliaga se comió la trayectoria y solo el palo le salvó del gol. Eso sí, el arquero reaccionó rápido al rebote que atrapó en dos tiempos.

Los equipos se fueron abriendo. Los cambios trataban de sacar partido de ello con futbolistas frescos y explosivos. Al menos en el bando tarraconense con la entrada de Pol Ballesteros y Fran Carbia.

Fue el Hospi el que llegó mejor a la última fase. Tuvo más claridad y decisión. El Nàstic se asentó en esa posición de seguridad habitual cuando muere el choque. La derrota no se negocia. Si está en la posición que está es por asegurarse puntuar en cada envite. Si no puedes los tres, que sea uno. 

Los locales andaban más necesitados. Su posición en la tabla está más que comprometida. Se tiró al ataque con más ahínco y rozó la victoria con la punta de los dedos. Hasta tres ocasiones claras dispusieron los futbolistas del Hospitalet.

En la primera Eudald obligó a intervenir a Suárez, que apareció para despejar un chut potente del jugador local. Minutos más tarde Bonilla sacó de un serio apuro a su equipo rebañando el balón al delantero ribereño cuando tenía el fusil cargado. La última llegó con el tiempo cumplido. Un tiro cruzado que cantó gol el banquillo local pero que se perdió por línea de fondo. Un suspiro en la expedición grana para proteger el liderazgo. Entre ocasión y ocasión Brugui acabó viendo la roja directa. Según el acta arbitral, el colegiado Salvador Abril expulsó al jugador por «entrar en el campo y protestar con los brazos en alto». Una cartulina que retrasará el regreso del ‘10’.

Los optimistas verán que el equipo suma su 15 partido sin perder. Los pesimistas que llevan tres empates consecutivos. La realidad es que todos los equipos del grupo envidian la posición del Nàstic.

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