UN VIAJE EN EL TIEMPO. La Sabinosa, un espacio que urge recuperar para los tarraconenses

Aquel verano del 66, próximo al cierre del establecimiento y bajo la dirección de mi padre, los niños sonreían y evitaban la tuberculosis jugando al sol 

23 julio 2018 08:22 | Actualizado a 23 julio 2018 08:37
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Aquel verano del 66 lo pasamos en nuestra ‘casa’ dentro del recinto del Preventorio Antituberculoso de La Sabinosa.Era un lugar espacioso y luminoso reservado para la familia del director médico que en aquella temporada era mi padre el Dr. Antonio Pons.

A pesar de tener nuestra vivienda separada de los pabellones, convivimos con las docenas de niños que pasaban unos meses allí en la época final del dispensario y compartimos  como uno más un tiempo que hoy me reclama recordar la nostalgia que tiñe las tardes ociosas de Julio.

Los terrenos incluían cinco fincas que se encontraban en un enclave privilegiado: una península rocosa entre las playas de la Sabinosa y la Rabasada que habían sido donados a la beneficiencia pública por Lluciá Schmid i Vilardaga dos días antes de morir.

En la Diputación de Tarragona se tomaron su tiempo antes de que en 1920 comenzaran las labores de cercado para iniciar las obras.Como todo lo público aquello se retrasó y en 1927 el arquitecto Francesc Monravá i Soler vio como su proyecto era aprobado.

Estaba formado por dos enfermerías, un pabellón de ingresos, un pabellón central, cuatro colonias escolares, un comedor, un depósito de cadáveres y una portería. La construcción comenzó en 1929 y el preventorio fue inaugurado en 1932.

Hasta el inicio de la guerra civil funcionó como dispensario antituberculoso coincidiendo con el impulso que la dictadura de Primo de Rivera dio a la lucha contra esta enfermedad.

A pesar de que la aristocracia –con el auspicio de la corona -asumió un vago mecenazgo del patronato que dirigía las líneas maestras de la lucha antituberculosa, fueron los médicos los que consiguieron imponer un mayor liderazgo imponiendo un protagonismo profesional y una planificación llegando a inaugurar 66 centros entre dispensarios preventivos, sanatorios y hospitales para enfermos.

Los sanatorios infantiles como el de La Sabinosa estaban destinados a niños de 7 a 14 años que por su constitución enfermiza eran considerados como «predispuestos». Asimismo se admitía a enfermos de tuberculosis localizada (ganglionar, articular, ósea) que no fuese contagiosa. Los niños tras una estancia en la playa o en la montaña, ganaban peso y mejoraban de sus dolencias. Estos centros incorporaban también, junto al personal sanitario, maestras encargadas de su educación. 

Con la instauración de la República la organización antituberculosa alcanzó su más amplio desarrollo. La principal novedad fue su estatalización, que se acompañó de un aumento considerable de los presupuestos destinados a luchar contra esta enfermedad. Las 250.000 pesetas anuales que la Dictadura dedicaba al Real Patronato se convirtieron, en 1933, en casi trece millones de pesetas, cifra que representaba un 41 por ciento del total del presupuesto sanitario.

Por otra parte, la exigencia de conocimientos específicos sobre esta enfermedad a los médicos aspirantes a ocupar las vacantes asistenciales, propició de manera definitiva el reconocimiento de la Tisiología como especialidad independiente. 

De hecho el primer Director general de Sanidad, el socialista Marcelino Pascua, expulsó a todos los médicos del antiguo real patronato que no habían conseguido sus plazas por oposición. 

Durante la Guerra Civil fue convertido en Hospital de sangre acogiendo a los heridos del bando republicano en la Batalla del Ebro. En 1941 fue abandonado; hasta 1946 no volvió a funcionar como preventorio antituberculoso de nuevo.

Durante 21 años llegaron al Preventorio centenares de niños sanos desde diferentes regiones de España (especialmente desde Madrid) para evitar el contagio de la entonces letal enfermedad.

Hasta ese verano del 66 en el que el dictador consideró que en su España no cabían las enfermedades consideradas tercermundistas y decidió clausurar las instalaciones.

Leí en 2012 con atención y sobrecogido los artículos que en este diario se dedicaron a supuestos malos tratos y vejaciones sufridos por niños por parte de cuidadoras en alguna de las épocas del dispensario.

No voy a poner en duda y lamento por supuesto los testimonios de los hoy ya adultos que sufrieron allí en los años posteriores a la guerra civil donde el trato recibido conforme a la norma de aquellos tiempos hoy serían causa de denuncia.

Sólo testificar que en aquel verano del 66, próximo al cierre del establecimiento y bajo la dirección de mi padre los niños sonreían y evitaban la enfermedad jugando al sol. Como uno más de ellos, ya que compartimos un sinfín de aventuras que aquel escenario rodeado por el mar y por las vías del tren propiciaba. También hoy y ante su ausencia recuerdo el bullicio de la playa y los besos salados de mi madre que nos perseguía gritando que nadáramos siempre en paralelo…

 

Periodista. Javier Pons inició su carrera en Radio Reus. Ha sido director de ‘El Terrat’, director de TVE  y CEO de Prisa Radio. Actualmente dirige la productora Globomedia (Mediapro).

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