Reus continuó rehabilitando fachadas pese a la pandemia

El COAATT cuenta cerca de 50 actuaciones anuales, el 20% fueron en frontispicios antiguos

10 abril 2022 05:10 | Actualizado a 10 abril 2022 19:08
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La llegada de la pandemia no interrumpió la rehabilitación de fachadas en Reus. El miembro del gabinete técnico del Col·legi d’Aparelladors, Arquitectes Tècnics i Enginyers d’Edificació de Tarragona (COAATT) Ramon Rebollo cifra en 47 las actuaciones realizadas en 2019 y otras 47 en 2021. «2020 no lo contamos. Con la Covid, no obtuvimos un número que reflejara la realidad. Hubo 37 actuaciones, pero el número suele estar entre las 45 y las 48», declara. De estas cifras, hay un volumen «importante» de rehabilitaciones en fachadas de edificios antiguos. «Ahora bien, cuando topamos con una antigua, de cierto valor patrimonial y además protegida, todo se complica», informa.

Detalla que puede que se quiera mejorar la eficiencia energética del edificio, «pero que la fachada esté catalogada». Por lo tanto, «no puedes tocarla» y hay que buscar alternativas para dar con un aislamiento térmico específico. «Si es modernista, requiere unas licencias específicas, informes de Cultura y tienen que intervenir especialistas». Sobre las ayudas de los fondos Next Generation a las que se puede optar para la rehabilitación y la reducción del consumo energético, Rebollo destaca que «no cumplir con todos los requisitos repercute en el mantenimiento de fachadas de edificios importantes».

Y es que se pide, entre otras cuestiones, «reducir el 40% del consumo energético del edificio». Si el edificio es muy antiguo, puede requerir una inversión integral y añade que «si la fachada no está protegida, tiene fácil solución, pero y ¿si sí lo está?». Nombra la sustitución de cierres antiguos por unos especiales, entre una larga lista de puntos a tener en cuenta. Recalca, también, que el problema en materia de subvenciones es que «están ligadas a Habitatge y acceder a ellas, además, implica elaborar un proyecto sólido, y no todo el mundo puede cumplimentarlo».

Añade que del volumen anual de arreglos en frontispicios, el «20%» se lleva a cabo en antiguos. «Muchos son modernistas, y más en Reus, que hay varios. Si se puede actuar, hay que conservar colores, serigrafiados e implica la inspección de especialistas de Cultura, que velan por el mantenimiento de unos valores determinados. Al fin y al cabo, los estilos arquitectónicos son un reclamo que le da identidad a la ciudad», comenta. Recuerda que las Inspecciones Técnicas de Edificios (ITE) en Reus están entre el 30 y el 35%, «algo razonable» y manifiesta que el asunto que se puede dar, en este aspecto, es que «se realice la ITE y se detecten problemas que requieran una gran inversión».

Apunta que cada vez más comunidades vecinales se plantean invertir en una mayor eficiencia energética: «A la larga, sale a cuenta y más con la subida de la factura de la luz; los edificios antiguos y no protegidos, que se construyeron entre el 1950 y el 1979, sin aislamiento térmico, ganarían mucho».

Voluntad y sensibilidad

Voluntad y sensibilidad son dos términos utilizados por las arquitectas Amàlia Jansà y Elisenda Rosàs cuando hablan de rehabilitaciones de edificios con valor patrimonial. «El casco antiguo de Reus está muy cuidado. Los edificios antiguos, propiedad del Ayuntamiento, presentan un buen aspecto. Las fachadas de algunas entidades decanas, como el Centre de Lectura, también lucen una fachada bien conservada», detallan. Ocurre algo distinto cuando un propietario no puede asumir, como apuntaba Rebollo, una rehabilitación de un edificio antiguo. «Cuando hay una comunidad de propietarios hay más opciones, cuando no, es más complicado. La rehabilitación de la fachada de un edificio modernista no se tiene que notar y lo que se tiene que evitar es que los cambios –para mejorar su eficiencia energética, por ejemplo– se hagan con sensibilidad», cuentan. Rosàs expresa que hay edificios importantes más allá del Tomb de Ravals, también, «como los Bloques Bofill».

Por otro lado, la arquitecta investigadora en la Escola d’Arquitectura de Reus y miembro de la Associació Espais Ocults, Júlia Valero, traslada que el estado de las fachadas de los edificios con valor histórico, «sobre todo en el casco antiguo y ejes comerciales principales», responden al uso que «se hace de la calle, del espacio público».

Remarca que las plantas bajas se han «flexibilizado al límite para adaptarse a los requisitos comerciales y de franquicias». Seguramente, justifica, porque «el comercio ocupa el máximo de la calle». En las plantas de arriba, indica, «raramente encontramos un uso diferente al comercial; a menudo están en desuso». Especifica que las fachadas de una ciudad responden a «lo que pasa dentro y lo que pasa fuera» y que, en el caso de Reus, «muchas veces responden a lo que pasa fuera». «Muchos de los elementos que vemos solo son fruto del descuido de parte del patrimonio a favor de la actividad económica del momento», analiza.

En representación de la asociación, sostiene que se tiene que recuperar «el valor del patrimonio construido, más allá del que pide la aceleración social». De hecho, Espais Ocults, recuerda Valero, reivindica eso mismo y cita una frase que usan como lema: «Si el patrimonio se conoce, se quiere y, si se quiere, se defiende». Esto no quiere decir –alerta– que «se tenga que restituir todo lo que configuraba el centro histórico y ya no está». Declina la idea de que Reus «se musealice o que se convierta en un parque temático». «Las ciudades existen para poder vivir en ellas y, por ello, se tienen que adaptar, con criterio, a los nuevos formatos». En este sentido, las fachadas tienen «un papel crucial: son el filtro entre el espacio público y el privado», manifiesta.

Pone de relieve que, según el nivel de protección del edificio, «sobre todo cuando este afecta directamente a las fachadas», no facilita la vida en el interior de este tipo de edificios. Subraya que «el ejercicio de la arquitectura tiene que ser capaz de valorar la calidad patrimonial y, a la vez, las necesidades reales, para poder recuperar la virtud real de una calle: la de estar viva». La finalidad tendría que ser que «las fachadas de la ciudad continúen vivas desde el equilibrio», señala.

Cuando piensa en un edificio en concreto para apoyar su explicación, distingue que «cualquiera de los edificios de las calles Monterols o Llovera, con la planta baja ocupada por el uso comercial y con las plantas de los pisos superiores abandonadas». Hay mucho donde elegir, asegura y remata: «Lo que está en peligro no es una lista de edificios, sino la calidad de las ciudades».

Desde el Ayuntamiento comentan que han priorizado en las políticas municipales de rehabilitación de viviendas con iniciativas destinadas a la mejora de la accesibilidad y la eficiencia energética. Todo ello se visibiliza, dicen, a través de Pla de Reactivació Econòmica i Social y las ayudas de los, ya mencionados, Next Generation. Fuentes municipales recuerdan que las ayudas del Pla de Reactivació «han generado un impacto económico en profesionales y empresas de la construcción de más de 1M€ y permitirán beneficiar a 234 viviendas».

En cuanto a los Next Generation, expresan, han aprobado el convenio de colaboración con la Agència de l’Habitatge de Catalunya en relación con la Oficina Municipal de Rehabilitació para la gestión de las ayudas en materia de rehabilitación residencial. Desde esta, se gestionarán las ayudas aprobadas por la Generalitat dentro del Pla Estatal de Recuperació, Transformació i Resiliència, y el Instrument de Recuperació Next Generation EU.

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