La estancia media en la UCI de Joan XXIII es de 27 días

Un estudio muestra la complejidad de la recuperación de pacientes graves y cómo ralentiza la descongestión de intensivos. En el Hospital Sant Joan de Reus la permanencia es de 25 días 

19 noviembre 2020 12:10 | Actualizado a 19 noviembre 2020 12:48
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«El problema principal de la situación es la estancia media en la UCI, que siempre se alarga. En planta los que van bien a los ocho días se pueden ir para casa, pero en intensivos no», cuenta Antoni Castro, decano de la Facultat de Medicina de la URV y director del servicio de medicina interna del Hospital Sant Joan de Reus.

La alta presión del sistema sanitario en Tarragona se fundamenta sobre todo en lo que sucede en intensivos. «Ahí van los pacientes más graves, que a menudo se tienen que intubar, con cuadros que no resuelves en pocos días. También haces técnicas invasivas, como punciones venosas, y el enfermo está más sujeto a tener más complicaciones», explica Castro, que añade: «El gran problema de esta enfermedad es que no vacías las UCI de un día para otro. Si tienes 20 camas y en una semana las llenas, sabes que tardarás un mes en tener espacio libre. Por eso, a la que saturas la UCI, ya no puedes hacer el resto de actividad asistencial, si se complica una operación, o si hay un accidente». En el Sant Joan la media de estancia en la UCI para enfermos de coronavirus ronda los 25 días. Una cifra similar es la del Joan XXIII. Ahí la permanencia en la Unidad de Cuidados Intensivos es igualmente prolongada y se alarga hasta los 27 días, según se extrae del estudio ‘Infección grave por coronavirus SARS-CoV-2: experiencia en un hospital de tercer nivel con pacientes afectados por Covid-19 durante la pandemia 2020’, que analiza los ingresos durante la primera ola. De un estudio en el que se incluyeron 43 pacientes, 28 acabaron siendo dados de alta, 10 fallecieron y cinco seguían ingresados al término del plazo del estudio que abarcaba 28 días de duración. La media de días hasta la muerte, en aquellos que fallecieron, fue de 23, según los balances realizados cuando llegó el primer envite de la pandemia.

Una estancia media en intensivos que roza el mes muestra la complejidad de muchas recuperaciones y también la dificultad para reducir la presión en unos hospitales que siguen tensionados. «El estado de las UCI es un indicador muy importante para Salut a la hora de tomar decisiones. Si no existiera ese tiempo tan largo de recuperación en la UCI, la Covid-19 sería una enfermedad importante, que ocuparía camas de hospitalización pero que la resolverías de forma convencional. Eso pasó, por ejemplo, con el sida, que nos llenó en su momento las salas convencionales de enfermos graves pero sin ese requerimiento de intensivos», añade Castro.

Agresividad a corto plazo

Esa falta definitiva de progreso es consecuencia de la propia evolución de una patología nueva, grave y en algunos casos con una evolución que arroja situaciones impredecibles. «Hay en esta enfermedad una agresividad a corto plazo, en la que el paciente empeora rápido a veces en cinco días. El enfermo no va a la UCI porque se vaya a morir. Si se hace bien, puede tirar adelante, pero toda recuperación tarda. Hemos tenido pacientes que han estado dos meses en la UCI y han salido adelante», explica Antoni Castro.

 

Un descenso ligero pero insuficiente para aliviar la situación.
El 4 de noviembre la provincia registró el pico de hospitalizados por el SARS-CoV-2. Desde entonces la cifra de ingresados ha ido en retroceso pero de manera lenta y progresiva. La necesidad de hospitalización se disparó a mediados de octubre. Aún hoy la presión asistencial en Tarragona es alta, a la espera de que baje más en breve. 

Los centros sanitarios tarraconenses continúan reduciendo su presión asistencial pero lo hacen a un ritmo lento, mucho más que el de la mejora de los datos epidemiológicos. Las cifras de Salut muestran que Tarragona ha dejado atrás el pico asistencial de esta segunda ola, aunque aún existe mucho margen de mejora.

A juzgar por la evolución, ese punto álgido de hospitalización tuvo lugar el 4 de noviembre, cuando los hospitales albergaban a 302 personas ingresadas por la afectación del SARS-CoV-2, después de una escalada progresiva que empezó a dispararse a mitad del mes de octubre. Ayer había 245 hospitalizaciones. Se trata de un descenso de casi el 19% en casi 15 días, aún insuficiente. Es por ello que se mantiene la alta presión asistencial en los hospitales, a pesar de haberse cumplido ya más de un mes de los primeras medidas aplicadas para intentar contener los contagios. Hace justo un mes, había únicamente 118 personas hospitalizadas en el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre, por las 245 actuales, que devuelven la cifra a la misma de finales de octubre y apunta a un ligero alivio.

La evolución muestra que la situación ha mejorado. Así, el día 3 de noviembre hubo 60 hospitalizaciones en el Camp de Tarragona, el día récord en esta segunda ola en la región sanitaria. Este lunes la cifra fue de 24. Ese día 3 de noviembre fue una punta muy clara en la estadística. En el Joan XXIII había 23 ingresos, en el Hospital Sant Joan de Reus 21 y en el Pius de Valls 10. A partir de ahí, las hospitalizaciones se han ido moderando en prácticamente todos los centros. En Terres de l’Ebre, la dinámica es similar. El Verge de la Cinta, en Tortosa, ha pasado de hospitalizar a 23 personas por Covid-19 en cuatro días a nueve en el mismo periodo.

Este martes en el Joan XXIII hubo dos ingresos y en el Sant Joan de Reus nueve. Castro indica sobre el equipamiento de la capital del Baix Camp que «en Reus la presión es muy alta, con muchos más enfermos que en la primera oleada». El responsable de Medicina Interna alerta de la situación: «En la primera oleada tuvimos a 35 enfermos en la UCI y ahora llevamos más de 60. La situación es complicada porque en el Tarragonès y el Baix Camp la primera ola en realidad no afectó tanto y ahora sí, incluso más que en otros lugares de Catalunya». De ahí que aún no se esté llegando a la destensión deseada, pese al avance. «Estamos en una frase de estabilización, no bajamos lo suficiente, estamos en una fase de meseta, sin un descenso notable. Falta una semana más para que se produzca una bajada más palpable».

Tani Francesch, médico especialista en geriatría y paliativos en Joan XXIII, confirma que «la estancia en la UCI es larga y eso hace ocupar camas y comprometer que puedan ser utilizadas por el resto de pacientes, que pueden ser cardiológicos, oncológicos o politraumáticos». Francesch añade: «Después de recibir el alta, habrá que ver cómo se recuperan esas personas y en qué condiciones, cómo quedará su parte respiratoria». También en Joan XXIII la presión sigue siendo alta. «Estamos sufriendo en el hospital lo que ya anunciaba la atención primaria hace unas semanas, con un aumento muy grande de detección y diagnóstico de casos. Ahora lo que ocurre estos días en primaria nos indica que los casos están disminuyendo, pero aún tardaremos unas semanas en ver cómo eso repercute en un alivio en el hospital».

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