Los presos de tercer grado se trasladarán este domingo al nuevo Centre Penitenciari Obert de Tarragona

La consellera de Justícia inaugurará esta tarde el equipamiento, que acogerá internos que hasta ahora cumplían condena en la antigua cárcel

01 febrero 2023 19:24 | Actualizado a 02 febrero 2023 06:30
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La noche de domingo a lunes será la primera que pasarán los presos en el nuevo Centre Penitenciari Obert (CPO) de Tarragona, equipamiento que se inaugurará esta misma tarde. Los internos que van a ser trasladados se encuentran en régimen de tercer grado, lo que significa que solo van a pernoctar en la cárcel. El resto del día hacen una vida más o menos normal. Se trata de un grupo de reclusos que están cumpliendo su condena en la antigua cárcel de Tarragona, ubicada en la avenida República Argentina. Cabe recordar que el resto de presos comunes ya fueron trasladados a la prisión de Mas Enric, en el año 2015. Con la puesta en marcha del nuevo Centre Penitenciari Obert en la zona del Parc Francolí, el inmueble de la antigua cárcel quedará libre para que la Generalitat lo pueda utilizar para centralizar sus dependencias.

El nuevo CPO se inaugurará esta tarde por parte de la consellera de Justícia, Gemma Ubasart, quien dará los detalles sobre cómo funcionará el equipamiento a partir de ahora. Mañana se trasladarán los equipos informáticos y, el domingo, será el turno de los internos.

El nuevo centro está ubicado en la zona del Parc Francolí, justo al lado de la comandancia de la Guardia Civil. La idea es que el CPO sea la primera piedra de lo que debe ser en un futuro no muy lejano el Fòrum Judicial de Tarragona.

El Centre Penitenciari Obert tiene capacidad para casi 150 internos que cumplen el tercer grado, aunque está preparado para acoger hasta 219 camas, si fuera necesario. El edificio cuenta con una superficie de 6.120 metros cuadrados y ocupa cuatro plantas con despachos, espacios comunes y 72 habitaciones, cinco de las cuales están adaptadas para personas con movilidad reducida. Las habitaciones –que no celdas al tratarse de un centro de régimen abierto– están distribuidas en tres módulos. Uno para hombres, otro para mujeres y, el último, para jóvenes. El centro incorpora medidas de mejora energética, como por ejemplo, la instalación de paneles solares para la producción de agua caliente.

La Generalitat ha invertido un total de 9,5 millones de euros en el nuevo CPO, y las obras se han llevado a cabo en dos fases. La primera fue la construcción de la estructura externa, que costó 2,35 millones de euros y, la segunda fase constó de la construcción del archivo judicial en el sótano del equipamiento y de la urbanización del exterior. El coste de esta parte ascendió a 6,8 millones de euros.

Las obras del Centre Penitenciari Obert se han topado por el camino con diferentes obstáculos que han terminado por retrasar su puesta en marcha. En un principio, estaba previsto que las máquinas empezaran a trabajar en diciembre de 2019. Pero el inicio de las obras se retrasó dos meses y no se iniciaron hasta finales de enero de 2020. El objetivo era que el equipamiento pudiera estar listo antes de terminar el 2021. Pero la pandemia irrumpió con fuerza en nuestras vidas y las obras quedaron paralizadas unos tres meses. La estructura del inmueble se acabó en noviembre de 2021 pero, al tratarse de un edificio con un sistema de seguridad específico, equiparlo ha costado un año entero.

La voz crítica de los vecinos

El traslado del Centre Penitenciari Obert ha estado siempre envuelto por la polémica. Los vecinos del Parc Francolí –zona donde se ha construido el nuevo equipamiento– se han mostrado siempre contrarios a la iniciativa. La asociación de vecinos se reunió en infinidad de ocasiones con las administraciones, tanto Generalitat como Ayuntamiento, para intentar parar el proyecto. Incluso llevaron a cabo manifestaciones multitudinarias en el entorno del solar donde se iba a construir el CPO. En su momento, los vecinos argumentaban que la presencia de presos en el Parc Francolí llevaría más inseguridad en la zona que, de por sí, ya es bastante oscura. Además, alertaban de que los problemas de alcoholismo y drogadicción de los internos perjudicarían a los alumnos de la escuela y de la guardería que hay cerca. Finalmente, el grupo de vecinos acabó resignándose y aceptando, aunque a regañadientes, el CPO.

«No tuvimos más remedio que aceptar el proyecto. El pescado estaba vendido y nuestras reivindicaciones no iban a ningún lado porque la ubicación era firme», dice Roser Barrios, secretaria de la Associació de Veïns del Parc Francolí, quien reconoce que también se relajaron cuando conocieron que, al lado del CPO, se construiría el nuevo Fòrum Judicial.

Pese a ello, la entidad vecinal asegura estar disgustada con las administraciones. «Estamos indignadísimos. Nadie nos ha comunicado la fecha de la puesta en marcha del equipamiento. Ni un mail, ni una llamada por parte de nadie. Siempre nos acabamos enterando de las cosas por la prensa», dice Barrio, quien insiste en que «abrir una cárcel al lado de un colegio y de un parque no nos parece una buena idea».

La entidad vecinal acordó con el Ayuntamiento que se intensificaría la iluminación en el parque para combatir la inseguridad. «Hemos conseguido alguna cosa, pero todavía es insuficiente», acaba Barrios.

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