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Aprender a ser imperfectas desde el 'insti'

Dos hermanas artistas de Tortosa relatan las reacciones de las y los adolescentes ante una exposición que les llama a preguntarse por la presión estética a la que están sometidos

Norián Muñoz

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Las hermanas Ester y Olga Besolí, autoras de la muestra. Fotos: Joan Revillas

Las hermanas Ester y Olga Besolí, autoras de la muestra. Fotos: Joan Revillas

«En cada instituto donde vas siempre viene una chica y te cuenta sus problemas con la comida, o simplemente te dicen ‘yo vomito’... A otras las ves salir al patio sin merienda, sólo con el móvil, y ya sabes lo que hay detrás». Es una de tantas cosas que ha podido observar Ester Besolí, ilustradora y pintora que, junto con su hermana Olga (escritora, guionista y actriz), ha creado la exposición Im-perfectes. La idea de la muestra itinerante, conformada por 30 obras, es hacer que los jóvenes se den cuenta de la presión que se ejerce sobre su apariencia física.

Pero en la muestra, cuadros, instalaciones, esculturas y vídeo se convierten casi en la excusa para un taller en que los chicos, de tercero y cuarto de ESO, deben responder a un cuestionario anónimo y elaborar unas estadísticas. El resultado hasta ahora es muy similar en todos los centros. Cerca del 80% de las chicas reconoce que no le gusta su cara o su cuerpo, frente al 20% de los chicos. Y lo peor, explica Olga, es que la brecha se hace aún más grande cuando pasan los años. A las mujeres les gusta menos su cuerpo y ellos se van sintiendo más seguros. «Mientras ellos dominan el mundo, nosotras estamos pendientes de cómo nos vemos», explica.

Quién es la más mona

Se trata, además, de un problema que se ve agravado con las redes sociales y la cultura del selfie, es «una lucha tremenda por ver quién es más mona».

Con todo, explica la artista, en el taller que sigue a la visita a la exposición también ha habido gratas sorpresas, como la reacción de los chicos, encantados, por ejemplo, con las curvas de la actriz Marilyn Monroe a pesar de que admitn que, si viviera hoy, «no conseguiría vestirse en Mango».

«Con esta obra pretendemos abrir los ojos y enseñar a las mujeres a no sentirse inseguras por que son feas, gordas, bajas, morenas o viejas. Son inseguras porque hay personas que se dedican a convertirlas en una persona insegura hasta el punto que están dispuestas a invertir una parte importante de su tiempo y de sus ingresos en tapar su inseguridad con productos que disimulan y cambian su apariencia», explican. La belleza es un gran negocio, insisten, así que una de las partes de la exposición les muestra con estadísticas «las ganancias millonarias de las grandes empresas de estética, las mismas que pagan y mantienen las revistas que nos hablan de regímenes y nos dicen cómo tenemos que ser». Pero queda un largo camino por recorrer. Al final de la exposición siempre colocan un espejo para que los chicos pasen a verse. Las chicas nunca lo hacen.

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