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El 1-0 explicado a los niños

En mi casa los niños siempre han visto noticias... Pero lo del domingo fue distinto 

Norian Muñoz

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Mejor que los niños reciban las noticias de boca de sus padres.

Mejor que los niños reciban las noticias de boca de sus padres. Freepik

Más de una madre me ha mirado mal cuando cuento que en una familia de periodistas como la mía la hora del telediario es sagrada. También cuando relato que mi hija mayor (16 años), por iniciativa propia, siempre se ha preocupado de distraer a la pequeña (11 años) cuando le parece que las imágenes son demasiado crudas.

Pero el domingo fue distinto: las noticias que se veían en la tele no pasaban lejos, sino en su ciudad, en el sitio donde estudian, en las calles por donde pasan, las había cubierto su madre en primera persona... Desde entonces no ha cesado una lluvia constante  de preguntas y comentarios con un componente extra: la angustia. Así que, después de años de experiencia y pensando que ya teníamos la fórmula para narrar las noticias a los niños, nos vuelven a asaltar las dudas. 

Y hablas otra vez con las madres, y con compañeros que tienen niños, y ves que están en las mismas: «Si no lo entendemos los mayores, ¿cómo se lo vamos a explicar a ellos?», reconocía una.

Viendo que, efectivamente, me faltaban pistas, pensé en hablar con Mireia Cavero, profesora de psicología de la UOC. Tal vez era hora de replantearse cómo hacer las cosas.

Lo primero que me explica Mireia es que no hay una edad determinada para que los niños puedan o no ver las noticias, porque el desarrollo cognitivo y emocional  de cada niño es distinto, así que los padres son los que pueden hacerse una mejor idea de cuándo están preparados o no para digerir ciertas informaciones.

De todas maneras, reconoce, no es partidaria de exponer, en general, a los menores de nueve años a imágenes como las más fuertes del fin de semana pasado.

Pero, sobre todo, comenta, lo mejor es no dejar a los niños solos frente a las imágenes sin ningún tipo de mediación. «Es mejor que sepan de boca de sus padres lo que está pasando. Y no se trata sólo de traspasarles información, sino de ayudarles a entender lo que pasa, de darles herramientas para relacionarse con la realidad».

Si son los padres quienes hacen el relato, explica, es más fácil conseguir un clima emocional en que los niños, a pesar de estar expuestos a sentimientos como la rabia, la impotencia o la inseguridad, puedan seguir sintiéndose seguros.

En el caso de los niños más mayorcitos una buena estrategia, recomienda, es preguntarles, preguntarles mucho, sobre lo que piensan, sobre lo que sienten... Es una manera, asegura, de cerciorarse de hasta dónde están entendiendo lo que ocurre, de saber cómo se sienten y, sobre todo, les ayuda a desarrollar un sentido crítico.

Tomo nota y me atrevo a preguntarle, no sin cierto temor, a mi hija de 11 años si le parece que los niños tienen que ver noticias. Me responde: «Yo creo que se las tienen que explicar, pero que no les digan que unos son buenos o malos, mejor que cada uno se haga su idea». De verdad que siento alivio.

La papeleta de la escuela

Aunque al fin y al cabo lo mío es más sencillo, yo sólo debo lidiar con mis hijas, no me quiero imaginar lo que tienen que gestionar las maestras/os. Una amiga me cuenta que el lunes su hija de 4 vino triste a casa porque el martes no tenía cole «porque la policía le pega a la gente». Un compañero me cuenta preocupado que su niña de 7 llegó contándole que su maestra le dijo que  a una chica «le chafaron  los dedos».

Mireia suspira al otro lado del teléfono. Recomienda  a los  profes que estos días lleguen a la escuela con una estrategia didáctica muy clara si quieren tocar el tema, y si lo hacen «tiene que ser con una finalidad educativa y las palabras tienen que ser pulcras, impecables».

Se puede usar lo sucedido para hablar de los conflictos, del diálogo, de la gestión de las emociones... Claro, siempre de acuerdo a la edad y sin transmitir angustia y miedo porque es crucial que los niños se sientan seguros.

Me quedo más tranquila hasta que mi hija vuelve a la carga: «Mira, mamá: ¿allá (señala al otro lado de la calle) es donde quemaban neumáticos ayer?».

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