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En la etiqueta está nuestra salud

Un reglamento europeo obliga a informar del valor energético y las cantidades de grasas, hidratos de carbono, azúcares, grasas saturadas, proteínas y sal de los alimentos

Silvia Fornós

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Necesitamos adiestramiento para entender la información del etiquetado.

Necesitamos adiestramiento para entender la información del etiquetado.

¿Qué cantidad de grasas saturadas tiene una bolsa de patatas fritas? o ¿cuál es el valor de sal y azúcar de una lata de tomate frito? Desde finales del año pasado el etiquetado de los alimentos debe incluir, de manera obligatoria, la información nutricional, es decir, el valor energético y las cantidades de grasas, grasas saturadas, hidratos de carbono, azúcares, proteínas y sal.

Esto se debe a la aplicación de la norma comunitaria por la que se rige el etiquetado, el Reglamento (UE) Nº 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo del 25 de octubre de 2011 sobre información alimentaria facilitada al consumidor.

Hasta ahora se animaba a la industria alimentaria a facilitar la información nutricional de forma voluntaria. «Cada sector, si lo cumplía, lo hacía de la manera que le interesaba más», afirma la dietista-nutricionista Rosa Baró.

Más información

¿Qué beneficios tiene para los consumidores? La especialista asegura que «la obligatoriedad de dar la información nutricional de un alimento en las etiquetas supone tener disponible más y mejor información de los alimentos que consumimos. Es un gran avance». Asegura que a partir de ahora «sabremos la cantidad de grasa que es saturada y ahora, por ejemplo, clasificaremos mejor el ‘aceite vegetal’. «Aunque nos quedamos cortos, porque cuando oímos vegetal parece sano, pero un aceite vegetal podía ser también un aceite de palma que no son saludables», añade.

¿Compraremos mejor?

El reglamento europeo también tiene como finalidad garantizar nuestra salud y el derecho a la información, para así poder tomar decisiones consecuentes y responsables. Tener a mano la información nutricional parece que nos ayudará a mejorar nuestras decisiones de compra. «En teoría siempre ayuda, pero seguimos necesitando adiestramiento para entender el etiquetado. Siguen existiendo demasiados trucos para que los alimentos parezcan más sanos a nuestros ojos no entrenados», afirma la dietista-nutricionista.

Todavía no estamos ‘adiestrados’ para descifrar correctamente la información del etiquetado. Nos fijamos poco en los detalles y todavía cometemos errores. «Como consumidores nos consume el tiempo, nos falta formación, nos dejamos embaucar por los grandes mensajes publicitarios y además pecamos de una falta de costumbre de leer cualquier cosa. ¿Cuántas instrucciones de juguetes leíste el pasado día de Reyes?, pregunta la dietista-nutricionista.

Deberes pendientes

Los avances son importantes pero todavía queda camino por recorrer. ¿Qué ocurre con la información de las Cantidades Diarias Recomendadas (CDR)? «Sólo están referidas a las cantidades de los adultos y desconocemos las necesidades de los niños, aunque los productos estén dirigidos a los niños se emplean valores referidos a adultos. ¿Qué utilidad tiene aquí esta información?, reflexiona la dietista-nutricionista. Según Rosa Baró «también se podrían mejorar los valores, porque hacen referencia a cantidades y no a la calidad. Sabemos la cantidad de hidratos de carbono de unas patatas fritas o de unas legumbres pero no podemos comparar si son saludables».

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