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Excursiones sin dar un paso

Los visitantes de Tarragona incrementan la demanda de rutas en segway para descubrir la ciudad y el entorno natural: desde la Tarraco romana hasta Altafulla o el Priorat

Javier Díaz Plaza

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Un grupo de turistas a bordo de segways en la plaza de la Font de Tarragona, delante del Ayuntamiento, durante una ruta por la ciudad. FOTO: SEGWAY TARRAGONA

Un grupo de turistas a bordo de segways en la plaza de la Font de Tarragona, delante del Ayuntamiento, durante una ruta por la ciudad. FOTO: SEGWAY TARRAGONA

«En la Part Alta de Tarragona casi no se puede ir en coche, en bicicleta es cansado porque hay constantes subidas y bajadas... Con un segway esos inconvenientes son ventajas: puedes pasar sin esfuerzo por calles por las que no se te ocurriría ir ni andando», afirma Xavier Gil, administrador de Segway Tarragona, empresa con sede en Barcelona, que organiza excursiones guiadas por el barrio antiguo de Tarragona, la Tarraco romana, el paseo marítimo, el Bosc de la Marquesa, Altafulla o el Priorat.

El creciente interés de los turistas por patearse las ciudades a bordo de estos patinetes eléctricos, originarios de Estados Unidos, está impulsado a este pequeño sector al alza. Su empresa matriz en el país, Segway España –con sede en Sabadell–, cerró 2016 con un beneficio neto de 200.000 euros, un 20 % más que el año anterior. Y su previsión para este 2017 es volver a incrementar su facturación entre un 20 y un 25 %.

El negocio se ha extendido por localidades tarraconenses con gancho turístico, como Salou o Altafulla. Son empresas de ámbito local que se ofrecen como anfitriones para enseñar a los visitantes los encantos de sus ciudades, así como salidas al Penedès con catas de vino incluidas. Los turistas nacionales son los que más se apuntan, pero también hay franceses, británicos, rusos o incluso de Estados Unidos.

«La demanda va creciendo año a año», señala Gil, que asegura que tiene clientes en cualquier época, no solo en verano. «Os llevaremos a recorrer las mejores calles, monumentos, costas y puertos de Salou. Disfrutaréis de una visita llena de belleza a la par que emocionante. Además, al no tener que caminar, cuando acabe la visita os quedarán fuerzas de sobra para continuar investigando y haciendo turismo a vuestras anchas», reza la web de Salou On Wheels.

El segway llegó a España en 2005, recuerda Gil, y arrancó sobre todo en ciudades grandes como Barcelona o Madrid. «Los dispositivos de ahora son de tercera generación, o de segunda reformada, mucho más modernos y ágiles que los primeros», indica.

Para conducirlos es imprescindible llevar casco –los proporciona la empresa de turno– y pesar más de 40 kilos. «Si vienen niños de 25 ó 30 kilos hacemos las rutas más sencillas porque se necesita pesar más para controlar el segway en las bajadas pronunciadas», comenta Gil. Es aconsejable llevar ropa y calzado cómodo, pues las excursiones suelen durar entre una y dos horas, tiempo que los usuarios pasan erguidos.

La Dirección General de Tráfico aprobó en noviembre del año pasado una normativa que obliga a los ayuntamiento a incluir en sus ordenanzas municipales el uso de los vehículos de movilidad personal (VMP), entre los que se encuentra el segway, limitando los espacios en los que pueden circular. Apunta la imposibilidad de asimilar los VMP a la figura del peatón y de catalogarlos como vehículos de motor, aunque pueden circular por las calzadas y vías autorizadas por las autoridades locales.

«Los acontecimientos han hecho que se tenga que regular el segway», dice Francesc Llorens, director de Segway España, que recuerda que localidades como Bilbao y Pamplona ya cuentan con ordenanzas municipales desde hace años que regulan su uso y que son un modelo para aplicar en otros municipios.

Segway Tarragona cuenta con los permisos pertinentes para circular por la ciudad, cuenta Gil. «Seguimos las normas de circulación y nos guiamos por la lógicas: no vamos por calles transitadas ni por aceras estrechas. Y en la medida de lo posible evitamos ir por carretera». Las rutas offroad por caminos naturales, son otro revulsivo turístico: hay por las inmediaciones del Pont del Diable o de la playa Waikiki.

Las salidas se hacen en grupo, habitualmente con un mínimo de dos personas, y los precios pueden oscilar desde 39 euros por ciudad durante una hora hasta más de 85 en un entorno natural.

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