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'Intento que la guitarra sea una voz'

Entrevista a Rafael Aguirre, guitarrista

Judit Gabaldón

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Rafael Aguirre tocando la guitarra en uno de sus conciertos. Foto: martí  E. berenguer

Rafael Aguirre tocando la guitarra en uno de sus conciertos. Foto: martí E. berenguer

Rafael Aguirre (Málaga, 1984) es uno de los guitarristas con más prestigio mundial. Con solo 16 años debutó con el Concierto de Aranjuez, obra que vuelve a tocar mañana, junto a la Orquestra Camera Musicae, a las 21 horas en el Teatre Tarragona. Las entradas están agotadas.

 

- ¿De dónde le viene la pasión por la guitarra?

- La pasión me viene, más que por la guitarra, por la música en general. En mi familia son todos muy melómanos y siempre han intentado inculcarnos la música como parte de nuestra educación. Mi padre tocaba la guitarra y mi madre el piano. Yo acabé decantándome por la guitarra porque mi hermano mayor ya empezó con el piano.

 

- ¿Cómo fue trabajar con profesores como Joaquín Clerch?

- Joaquín Clerch es uno de los grandes concertistas de guitarra y maestros del instrumento. Yo resalto su capacidad para inspirarte, algo muy importante para el músico. Yo viví esa época como una esponja, absorbiendo todo lo que me decía y me enseñaba durante las largas clases. Fue una combinación muy interesante que complementó mi forma de ver la música y la desarrolló hasta lo que soy hoy en día.

 

- A los 16 años debutó con el Concierto de Aranjuez.

- Fue muy bonito porque era una de las canciones que yo siempre escuchaba cuando era pequeño, la repetía una y otra vez. Siempre sueñas con tocar algún día la música que te gustaba de pequeño, y mi sueño en este caso se hizo realidad.

 

- ¿Cómo lo vive ahora?

- Lo vivo igual. Ahora tengo más experiencia con la obra porque ya la he tocado en muchas partes del mundo. Pero siempre que voy a un sitio nuevo con una orquesta y un director nuevos, como en este caso, es una ocasión muy especial. Además hace poco la pude tocar en el Palau de la Música Catalana, que es donde se estrenó, y el momento fue mucho más emotivo. Ahora estamos esperando con mucha ilusión este concierto en Tarragona, con el que cerramos la gira.

 

- ¿Cómo consigue hacer suya esta obra tan clásica?

- Yo intento verla desde muchas perspectivas: flamenco, música académica y el propio lenguaje personal que he intentado conocer a través de otras piezas de Rodrigo, las instrumentales, las orquestales, sus canciones… Al final intento hacerlo cantar. Cuando yo toco la guitarra intento que el instrumento pase de ser eso, solo un instrumento, a llevarla en una línea melódica como si fuese un cantante.

 

- Ha tocado algunas de las salas más importantes del mundo, como la Tchaikovsky de Moscú. ¿Cómo vive esos momentos?

- Con muchos nervios, ilusión y alegría. Siempre es un placer tocar en estas salas porque suelen ser de acústica prodigiosa ante un público muy entregado. Además, siempre está la comunión que se crea con el público, con una magia diferente en cada sala. Esta es mi razón principal, y creo que también la de muchos músicos, por la que nos dedicamos a esto, por esta conexión.

- Para usted, ¿qué es lo más importante a la hora de subir y tocar sobre un escenario?

- Estar en un estado de ánimo en el que yo pueda disfrutar, porque si no, todo el análisis y todo el trabajo y las reflexiones que uno ha hecho antes de salir no veo que tengan ningún sentido.

 

- ¿Alguna novedad para el concierto de este fin de semana en Tarragona?

- Para este concierto en particular estamos muy contentos porque ya nos han dicho que está todo vendido. Como yo me he quedado en Tarragona durante toda la gira he podido conocer la ciudad y me hace mucha ilusión poder acabar aquí. Lo único que me falta es sentir esa conexión con el público de Tarragona, eso será mi novedad.

 

- ¿Cómo ha sido trabajar con Jordi Mora y con la Orquestra Camera Musicae?

- Ha sido una experiencia muy enriquecedora porque Jordi Mora es un director muy detallista, sin perder de vista la globalidad de la obra. Con la Orquestra Camera Musicae me gusta mucho trabajar porque son muy juveniles, con muchas ganas de tocar y sin entrar en rutina, que para mí es lo peor que podría pasarle a un músico. El trabajo de un músico debe tomarse como innovador día a día, siempre estas creando y recreando, y esto es algo que la orquesta lleva muy bien, esa frescura que tienen.

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