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'Las travesías son un reto vital'

Entrevista a Anna Corbella, regatista transoceánica y tercera en la Barcelona World Race
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Anna Corbella y detrás, Gerard Marín, a bordo del Gaes Centros Auditivos. foto: Jordi Griso

Anna Corbella y detrás, Gerard Marín, a bordo del Gaes Centros Auditivos. foto: Jordi Griso

91 días, 5 horas, 9 minutos y 21 segundos y vuelta al mundo sin escalas completada. ¿Objetivo cumplido?

Por supuesto. Si acabar una regata de estas características ya es un éxito, imagínate hacerlo en el podio después de ser terceros con Gerard Marín. Mejor imposible.

 

Era además la única mujer participante.

En esta edición sí; hay pocas que naveguen, pero ninguna de las otras chicas asumió este reto; me cayó la responsabilidad sin quererlo y eso ha hecho que haya atraído más la atención. Somos pocas las mujeres que practicamos vela, y aún menos en la alta competición.

 

Se ha convertido en la tercera mujer con dos vueltas al mundo sin escalas.

Es un honor para mí compartir esa gesta con Dee Caffari, con quien competí en 2011, y sobre todo con Ellen MacArthur, que fue la primera y es mi ídolo. ¡Tengo un póster suyo en mi habitación!

 

¿Qué es lo más duro en una travesía de este tipo?

El factor psicológico. Una regata de tres meses se hace muy larga, sobre todo cuando sufres tempestades, pasas frío, no te puedes duchar... Cuando la travesía discurre por el sur es aún más dura, porque la meteorología es muy extrema y un rescate se haría muy duro allí si tuviéramos un problema. Tuve además un percance en la rodilla que por suerte sucedió en la última semana...

 

¿Qué pasó?

Sufrí una caída y me quedó afectado el ligamento cruzado. Tendré que operarme. Estuve unos días sin poder hacer nada, pero por suerte estaba Gerard.

 

Es la ventaja de navegar a dos.

Es un privilegio tener a alguien que te ayude, aunque casi siempre estás solo en cubierta porque mientras uno hace guardia el otro duerme. Pero cuando surge un problema hay cuatro manos en lugar de dos. Es básico conocerte y adaptarte, y nosotros ya nos conocíamos. Cruzamos tres veces el Atlántico antes de esta travesía.

 

Usted ya realizó la BWR en 2011. ¿Qué cambio ha notado ahora?

Sobre todo que estaba más preparada y tengo cuatro años más de experiencia. En este proyecto llevábamos dos trabajando, pero tanto Gerard como yo ya habíamos navegado antes en otros barcos. Gerard también acumulaba otra vuelta al mundo, y eso se nota. Sabes cómo solucionar muchas cosas.

 

¿Cuál será su próximo reto?

El paso más lógico ahora sería afrontar la Vendée Globe, la vuelta al mundo en solitario que arranca en año y medio. Se navega con el mismo barco con el que hemos competido ahora. Deberíamos adaptarlo porque me falta fuerza y sobre todo lograr patrocinadores. En eso me pondré ahora. Me encantaría poder disputarla.

 

¿Por qué las transoceánicas?

Por el componente de aventura que conlleva, además del deportivo. Ese factor me engancha. Estas travesías son un reto vital, no sólo deportivo. Aprendes mucho.

 

En sus inicios, sin embargo, detestaba el mar...

Navegaba por la afición a la vela de mis padres, que me apuntaron a los típicos cursillos de iniciación a la vela en Cambrils, donde pasábamos el verano en el barco que teníamos amarrado en el Club Nàutic. Luego me fue gustando paulatinamente, a partir de los quince. Conocí a gente, hay gente muy sana en la vela.. y eso me enganchó.

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