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Listas para un baño... de autoestima

Quince mujeres de diferentes edades se atreven a hablar de los complejos que sienten cuando se ven en bañador y se prestan a que las fotografiemos al natural

Norian Muñoz

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Carolina y Ester, 19 años. Foto: Lluís Milián

Carolina y Ester, 19 años. Foto: Lluís Milián

Ester, 19 años, simpática, desenvuelta, reconoce que hace unos  años  ni siquiera se atrevía a ir a la playa con los amigos por no tener que mostrar su cuerpo. Hoy confiesa que sigue pensando que el  mejor bañador  es «el que más tapa» y ha iniciado, como no, una dieta. Confiesa que «si ves la tele y el Instagram sólo ves fotos chulas, y da rabia». 

Eso sí, que no se diga que Ester no es valiente, le proponemos participar en una encuesta y posar para una foto y lo hace encantada, cree que ya está bien de tantos complejos. Sale hoy en la portada de este suplemento.

Carolina (izquierda), 19 años: «Es que  si estás en bikini, en la playa, en la piscina, tu cuerpo se ve más...Ahora me importa menos la opinión de los demás»

Ester (derecha), 19 años: «Según con quien vaya a la playa me da más o menos vergüenza... El bañador que más tapa siempre es el mejor. Ahora estamos a dieta y haciendo ejercicios, a ver lo que dura. Cuando era más jovencita no iba a la playa o iba con la ropa...Lo único que ves en la tele y en el instagram son fotos súper chulas; da rabia pero es así»

Ester y su amiga Carolina forman parte del grupo de 15 mujeres a quienes entrevistamos en la playa para preguntarles sobre cómo se sienten respecto a sus cuerpos en verano. Algo quedó claro: a menos edad más complejos. Alba, 14 años, la más joven, reconocía que  «me acomplejo mucho, me miro mucho al espejo y digo no me gusta esto, tengo que cambiar aquello...»

«Me acomplejo mucho de las cosas, me miro mucho al espejo y digo no me gusta esto, tengo que cambiarlo... Es más por la gente que habla mucho y dicen esta no tiene culo, esta no tiene tetas... y me acomplejo», dice Alba, 14 años

Pero no, no se trata solo de inseguridades de adolescentes, las mujeres adultas reconocían que también se sienten incómodas. Sus  preocupaciones eran de lo más variadas: el peso (la principal), la celulitis, la barriga, las cartucheras, las varices, las estrías, a una cicatriz... Sólo las mujeres mayores dijeron no sentir preocupación.

Cristina Carretero, responsable de promoción de la salud de la fundación de ABB, especialistas en trastornos de la conducta alimentaria que cuentan con un centro en Tarragona, apunta que el verano es critico porque es la época del año en la que más se  muestra el cuerpo y se hace más evidente la insatisfacción corporal. A muchas, como Ester, las impulsa incluso a dejar de hacer actividades como ir a la playa. 

Anna, 21 años: «Yo no me preocupo (por mostrar el cuerpo en verano) pero entiendo que la gente se preocupe. Es por culpa de los inputs de los medios de comunicación y de las exigencias de la sociedad... Yo a mi edad tengo celulitis, tenemos todas, la rara es la que no tiene nada de esto. Tu cuerpo es el que es y hay que aceptarlo»

Por otra parte, señala, vivimos el bombardeo de la ‘operación bikini’ «el mensaje es adelgaza para que estés más guapa, más segura de ti misma, tengas más éxito...»

Y el círculo se completa cuando se va a la tienda a comprar el bañador. Los maniquíes siguen siendo esqueléticos, las tallas varían de un sitio a otro y muchas franquicias no pasan de la 42  «cuando podemos tener a personas con talla 44 o 46 y un peso perfectamente normal», recuerda.

Paqui (izquierda), 57 años: «Me da igual yo vivo para mí (Señala una cicatriz grande en el abdomen, de una operación de vesícula ‘de las de antes’)... En la adolescencia ponerse un traje de baño era difícil... A las jóvenes les diría que no piensen en otras personas, que piensen en ellas». 

Hind (izquierda), 42 años: «No tengo problemas, el único este año es un poco de complejo, (se señala unas incipientes varices en los muslos), pero luego pienso: ‘son mías’... La felicidad está dentro de nuestra alma, no te puedes comer el coco... Hay personas que no pueden ni andar ni venir a l playa, y eso sí que da pena, unas venas no son nada». 

Carretero recalca, sobre todo, que no se trata tanto de peso como de la percepción de la propia persona. «Y es aquí donde muchas comienzan a alterar su alimentación para conseguir el cuerpo que creen que deberían tener». Y no, no quiere decir que todas las adolescentes que inicien este camino acaben desarrollando trastornos como la anorexia «pero, desde luego, no ayuda».

Mejor enfrentarse

En el caso de quienes dejan de ir  a la playa señala que la conducta de evitación lo único que consigue es que aumente la preocupación. «Cuando te expones a situaciones más agresivas te das cuenta de que la ansiedad no crece hasta el infinito, es cosa de  ir acostumbrándonos... Si constantemente evitamos la situación cada vez costará más enfrentarse».

También recomienda compartir estas preocupaciones con personas del círculo de confianza, amigas, hermanas. Comprobar que todos tienen inseguridades «te hace notar que no eres un bicho raro y eso relaja». Se trata de aprender a relativizar «Nos centramos mucho en el defecto y si te centras en el defecto no ves eso en lo que sí te puedes sentir más seguro».

Mireia (izquierda), 16 años: «El año pasado me preocupaba más, siempre he sido deportista me ha dado igual verme a mí o ver a otros, cada uno es como es...La publicidad nos machaca mucho»

Flor (derecha), 18 años: «Realmente  me fijo si este año estoy más gordita o más delgada pero me visto igual, Complejos no tengo. Antes me preocupaba más pero llega un punto en que piensas, me tengo que querer yo y ya está. En esta sociedad ves modelos, todas muy delgaditas y te acompleja un poco».
 

Y, finalmente, asegura que es muy importante incentivar en los jóvenes un espíritu crítico para que reconozcan los intereses económicos que hay tras toda la publicidad que vende cuerpos perfectos:la industria de la estética, farmacéutica, de alimentación... «es perverso» remata.

Más testimonios

«Aunque voy al gimnasio siempre quieres tener un cuerpo determinado y lo intentas. Es más por la gente, (señala sus piernas, sus caderas) aunque en realidad no deberíamos hacer caso y querernos como somos», Noemí, 15 años

«Tengo un hijo de 48 años y cuando estaba en estado tenía vergüenza de mi marido, no me quería ni desnudar para que no me viera... Y míreme ahora (señala su abdomen, va en bikini) ¿la pancha gorda? Pues gorda, ¿que delgada?, pues delgada...Estoy viva y ya no tengo vergüenza. Antes no me paseaba por la playa y ahora sí», Tere, 71 años

«Cuando era más joven me ponía a dieta, me preocupaba... Ahora me preocupa la salud y como veo que me viene muy bien venir a la playa lo hago y ya está... A las más jóvenes les digo que no se preocupen por la estética porque todo eso pasa», Rosa María, 67 años

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