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‘Para lograr algo hay que creer que es posible’

Maria Parra cierra mañana el Bouquet Festival, un evento musical de altura que cumple su quinta edición y que no se entendería sin ella

Álex Saldaña

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Maria Parra se ha consolidado como una de las mejores pianistas. Foto: Michal Novak

Maria Parra se ha consolidado como una de las mejores pianistas. Foto: Michal Novak

Maria Parra cierra mañana el Bouquet Festival, un evento musical de altura que cumple su quinta edición y que no se entendería sin ella. Y es que, mientras buena parte de la ciudad se queja de que Tarragona está dormida, Maria se rebela y actúa, no en vano ha hecho del «es posible» el leit motiv de su vida. 

Nació el 13 de septiembre de un año que prefiere no desvelar –«a una mujer no se le debe preguntar por la edad», bromea– en Soria: «Era el primer destino de mi padre como funcionario en un instituto. Al año siguiente le tocó Mataró y al otro ya vinimos a Tarragona. Yo tenía un año y fue aquí donde echamos raíces».

Habla con admiración de su padre, un pintor comprometido social y políticamente cuya casa «era un continuo sonar de música de los grandes: Beethoven, Mozart, Bach… Y un deambular constante de intelectuales. Mi padre tenía una gran capacidad de movilizar que yo creo que he heredado». Prueba de ello es el nacimiento del Bouquet Festival, en 2013: «Yo removí a un público y a unos músicos adormecidos zarandeando las energías. No fue fácil, pero para lograr las cosas primero hay que creer que es posible hacerlo; y luego, invertir energía y no cesar en el empeño».

Un piano viejo y desafinado

Y, desde luego, en el empeño no ha cesado. No lo hizo de pequeña, cuando tanto insistió a su abuela para que le enseñara un viejo piano que guardaba bajo llave como una reliquia que un día se lo abrió. «El mueble era precioso pero el instrumento estaba terriblemente desafinado. Pero yo pasaba horas jugando allí».

Mi primer profesor se dormía durante las clases

Sus inicios no fueron precisamente alentadores. «Empecé en Tarragona con un profesor jubilado que se dormía mientras tocaba. Yo tenía entonces nueve años. Al llegar a la prueba de cuarto, ante un tribunal, me suspendieron. Yo sacaba siempre sobresalientes en el colegio y aquello fue un trauma horrible. Pero se me acercó Núria Delclòs y me cogió como alumna». Con Núria aprendió mucho, pero dio un gran salto cualitativo cuando se puso en manos del cubano Cecilio Tieles, en Vila-seca, con quien acabó el grado profesional. Luego se fue a París. «Tenía 26 años y fui al conservatorio superior. Me dijeron que me fallaba base. Me desmoroné». Quien crea que abandonó, no la conoce. «Fui a por ello con todo el empeño del mundo. Iba y venía de Tarragona a París. Fueron tres años de locura».

Luego estuvo con la legendaria Alicia de Larrocha. «Me acabó de redondear. Con ella descubrí la música española, a Albéniz, Falla, Granados…». Su formación concluyó –si es que alguna vez la formación concluye– en el Conservatori de Tarragona, como alumna libre. «El tribunal –Marta Sardaña, Pere Serra y Josepa Fernández– me aplaudió. Los tres me pusieron matrícula de honor. Fue uno de los momentos más felices de mi vida». 

Un camino difícil

No sabía que allí comenzaba lo más duro. «El mundo profesional es muy competitivo. No basta con tener talento, necesitas creer en ti, lograr que alguien crea en ti, tener una gran capacidad de trabajo, seguir estudiando cada día y ser muy positivo. No es fácil, y mucha gente se queda por el camino o se rinde».

Tarragona es maravillosa, aunque todo cuesta más aquí 

Pero ella nunca pensó siquiera en la posibilidad de tirar la toalla. En 2007 ofreció una serie de conciertos en escenarios históricos y patrimoniales de Francia. Poco después tocó en Alemania, donde los conciertos iban acompañados de vino y productos españoles. La conjunción de ambas experiencias fue la base del Bouquet Festival: tocar en espacios patrimoniales mientras se degusta un vino o vermut. 

Pronto entendió que «sin un disco no eres nadie». Y se lanzó a por él. «Mi primer disco, Rêverie, lo grabé en mi casa en 2014. Lo mandé a la Quinta de Mahler, en Madrid, les gustó y me ayudaron a producirlo. El disco me puso en el mapa. Ganó la Medalla de Oro al mejor disco en 2014. Me concedieron entrevistas, sonaba en la radio… Maria Parra empezaba a existir». Y este año llegó su segundo disco, Mouvement, que tocará mañana en el Seminari (21 horas). 

Lo que no ha logrado esta mujer es que sus hijas sigan sus pasos. «Empezaron a tocar el piano conmigo, pero yo soy muy exigente y prefirieron ver en mí a la mamá dulce que a la maestra exigente, así que lo dejaron».

Vive en Madrid, pero la distancia no le ha hecho romper con Tarragona. De hecho, es miembro del Senat Tarraconí. Define a Tarragona como «una de las ciudades más maravillosas para vivir», aunque le da lástima «esa costumbre de desmembrar en lugar de sumar, esa tendencia a cuestionarlo todo incluso antes de que se dé. Cuesta más todo en Tarragona. No obstante, la gente es agradecida; si tú le das cariño, obtienes una buena respuesta. Pero eso requiere energía, y parece que la gente está carente de ella. Hay que cambiar el patrón de pensamiento negativo para querer emocionar en positivo. Si lo logramos, será maravilloso».

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