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Pequeños exploradores de Tarraco

El Museu Arqueològic de Tarragona organiza talleres en familia que permiten conocer más a fondo el pasado romano de la ciudad

Sonia Fenoy García

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Durante la actividad se ve un ancla que utilizaban los antiguos barcos romanos.

Durante la actividad se ve un ancla que utilizaban los antiguos barcos romanos.

El Museu Nacional Arqueològic de Tarragona (MNAT)  organiza el taller familiar  ‘Vacances a Tarraco’ , en el que participan familias con sus hijos, aunque los auténticos protagonistas son los pequeños. 

Tiene lugar todos los miércoles hasta el 30 de agosto. Consiste en enseñar la historia de Tarraco  partiendo de un juego de búsqueda e investigación. Comienza a las 11.00 de la mañana y tiene una duración aproximada de  hora y media.

A la entrada, antes de iniciar  el recorrido por las distintas plantas del museo, los asistentes reciben unos gorros de exploradores. Van acompañados por una monitora , que conoce bien el entorno de Tarraco Romana y les plantea distintas cuestiones.

 La guía va haciéndoles preguntas para poner a los niños  en contexto romano. De forma inconsciente, los pequeños, que ven la actividad como un juego, aprenden  cultura y tradición romana. Poco a poco, van averiguando las distintas pistas, de manera que consiguen entender mejor la organización y estructura de una ciudad romana, como es Tarraco.

Las historias y mitos no pueden faltar durante la visita al museo. Un mosaico de grandes dimensiones se abre paso entre las reliquias arqueológicas que allí se exponen. Una estampa, en la que se ilustra la historia de Andrómeda, Perseo y Medusa.  

Los niños boquiabiertos escuchan la leyenda de  Medusa, la única mujer mortal de todos los seres mitológicos que era capaz de dejar de piedra a cualquiera con tan solo mirarlo. Una historia trágica y de amor, en la que no falta la venganza. Todos los menores se sientan durante varios minutos, mientras prestan atención a cada palabra que sale de la boca de la monitora. Lo que más fascina a los pequeños es la historia de cómo Medusa, tras su muerte, mantenía intactos sus poderes. Javier Trujillano, uno de los niños participantes, afirma que  «la verdad es que me ha gustado mucho Medusa y su historia, es increíble».

A continuación, la guía les hace buscar una vitrina con juguetes. En cuanto la ‘exploradora’ les da su visto bueno,  todos los niños salen disparados. Corren por las escaleras para subir  a la siguiente planta, donde les han indicado que se encuentra el juguete que deben identificar. Cuando llegan arriba todos se ponen a inspeccionar vitrina por vitrina hasta que uno de  ellos halla una muñeca de marfil.  Esta reliquia, como la monitora les explica,  pertenece a una cría que había muerto con pocos años, y a la que habían enterrado con su muñeca. Cuando les pregunta si creen que era de familia adinerada, chicos y chicas responden al unísono  «sí». Claramente aquel juguete pertenecía a una familia distinguida, ya que las niñas corrientes tenían muñecas de trapo. 

Los más pequeños se sienten atraídos por el ancla que usaban los barcos de aquella época. Un imponente artilugio que ocupa un espacio importante en el museo. Ernesto Cuevas, uno de los niños,  comenta que «el barco debe ser tan grande como todo este museo». A lo que la monitora se rió y le respondió: «No creo que tanto».

Cuando llega el momento de vestirse de romanos, los padres dan empujones a sus hijos para que se animen a portar las túnicas que llevaban los antiguos emperadores. Los chicos y chicas se muestran bastante cohibidos, solo  dos  se atreven a colocarse las vestimentas. Un dato curioso que dejó de piedra a padres e hijos fue cuando la guía les explicaba que el color de los vestidos que llevaban puestos se conseguía con caracoles marinos. También se sorprendieron cuando les contaron  que los niños romanos que aún no habían cumplido 12 años llevaban una bulla como protección. El pequeño Rubén González expresaba que «he visto todas las películas sobre romanos. Me ha gustado mucho cuando me he vestido como ellos, ha sido genial» .

Ninguno queda disconforme tras la oportunidad que el museo ofrece a las familias de conocer más al detalle la ciudad romana de Tarragona. Y es que, «¿cuándo van a tener otra oportunidad como esta de aprender jugando?».  Una experiencia didáctica y de investigación que los más pequeños disfrutan mucho. 

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