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Pornovenganzas virtuales, el último capítulo de la violencia de género

Por WhatsApp, e-mail, en webs especializadas... Publicar imágenes sexuales de la expareja es un delito en auge 

Norián Muñoz

Whatsapp

Uno de los últimos casos fue conocido hace apenas unas semanas: la fiscalía pedía tres años de cárcel para un cabo de la Guardia Urbana de Barcelona por difundir por correo electrónico entre sus contactos un vídeo sexual de su expareja, también miembro del cuerpo, junto al teléfono de contacto de la mujer (atención, no confundir con el caso de los dos agentes detenidos por matar, presuntamente, a otro compañero).
También hay casos más cercanos: en abril se sabía que la Audiencia Provincial de Tarragona imponía un año de prisión por coacciones a un hombre que había grabado a su novia con la parte superior del cuerpo desnuda en el transcurso de una conversación por Skype. Cuando ella decidió poner fin a la relación el hombre subió los vídeos a una página web con comentarios del estilo «una zorrita de (...) capturada...».

La mayoría, mujeres

Ambos casos son muestra de un delito cada vez más frecuente: las ‘pornovenganzas’, es decir, la publicación de desnudos y contenidos pornográficos de exparejas. En la mayoría de los casos las víctimas son mujeres.
Francisco Canals, periodista, especialista en ciberdelitos y colaborador en diversos medios de comunicación,  alerta de que hay páginas especializadas en alojar estas imágenes y a las que se puede llegar fácilmente a través de una simple búsqueda. Lo comprobamos; tiene razón.

A estas páginas especializadas hay que añadir, advierte, que la páginas dedicadas a la pornografía de un tiempo a esta parte también comienzan a contar con un apartado donde se cuelgan vídeos caseros robados y que también  suelen ser aprovechados para estas venganzas.

Lo cierto es que no es fácil luchar contra estas webs porque «se aprovechan de la explotación ilícita de estas imágenes, están deslocalizadas y anonimizan su titularidad para dificultar la localización de sus administradores», relata. Apunta que «no se trata de gamberrismo, sino de una industria enorme que ha econtrado una nueva vía de ingresos».
Y los efectos son devastadores. En un estudio realizado en Estados Unidos sobre las víctimas de la publicación de imágenes íntimas no consentidas, un 93% dijo sentir un importante malestar emocional y un 82% dijo que su vida se vio significativamente afectada en el ámbito laboral o social.

Facebook busca salidas

Donde sí ha habido ciertos avances ha sido en Facebook. La red social anunció en abril de este año que reforzaba el sistema de reporte de imágenes de sus tres aplicaciones principales: Instagram, Messenger y el propio Facebook.
El sistema se pone en marcha cuando una foto es reportada como contenido íntimo o pornográfico. Tras ser evaluada por los analistas se aplica un algoritmo de correspondencia de imágenes. La idea es que la imagen no pueda ser compartida si ha sido previamente denunciada.

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