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'Tengo el gen del noctámbulo'

Dani De Frutos (Tarragona, 1981) se dedica al mundo de la noche desde los 16 años, cuando empezó poniendo discos en Tarragona. Ha tocado todos los palos. Desde recoge vasos hasta ahora dirigiendo el City Hall en Salou. Incluso llegó a realizar trabajos como seguridad casi por accidente.

Marc Libiano

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El director de City Hall Salou, Dani De Frutos. Foto: Ana Gotz

El director de City Hall Salou, Dani De Frutos. Foto: Ana Gotz

- Oiga lleva 20 años en la noche. Tendrá ya los hábitos del noctámbulo.
- Creo que siempre los he tenido. Leí que existe como un gen noctámbulo y yo lo tengo. De pequeño durante el día ya era como un zombi. Realmente a las 3.00 de la madrugada es cuando más activo estoy. Si no trabajara creo que haría un triatlón o algo semejante durante la noche.

- ¿Le entienden?
- No. Pasan los años y a gente todavía no me comprende. Este trabajo me ha llevado a renunciar a muchas cosas. A una vida estable, equilibrada, pero no me arrepiento, me compensa lo que vivo. Mi madre siempre me decía, «la noche te va a desgastar y envejecerás antes de tiempo». Yo me siento joven y todavía tengo ilusión. 

- Probablemente, el ‘problema’ es que le gusta su trabajo.
- Es la clave de todo. Odio la rutina y lo que te da la noche es que siempre ocurren cosas distintas, problemas distintos. No es rutinaria. Conoces a gente nueva, te encuentras con situaciones que no esperas y aprendes siempre.


- Su historia se inauguró poniendo discos.
- Tenía 16 años  e iba a jugar al futbolín a un local de Tarragona. Dio la casualidad de que el DJ se puso malo y yo conocía al jefe. Me animé a poner discos y esa sensación de felicidad en la gente cuando les pinchabas el tema que les gustaba me atrapó. Era algo especial. Ponía música española y algo de bacalao, que estaba de moda por aquel entonces.

- Desde aquel día ha tocado todos los palos. De recoge vasos a director de un local.
- Yo era encargado de una empresa de logística, pero una noche un amigo me animó a salir. Era un martes de un mes de octubre, con frío. Pensé que estábamos un poco locos, pero nos dirigimos a un local de Tarragona y había una fiesta increíble. Gente disfrazada, subida en las barras, bailando a pleno invierno. Tuve una charla con uno de los camareros y a los cinco minutos regresó a mí y me dijo. «Oye, veo algo en ti distinto. ¿Quieres trabajar conmigo?» Aquel camarero era el jefe. Estábamos en el mítico Cricket del puerto deportivo.
 
-Y ahora dirige el City Hall. Un ciclo profesional cumplido, ¿no? .
- Para mí es como un sueño y lo digo de verdad. Creo que hemos creado una marca con una filosofía importante. Siempre he creído que desde que la gente entra por esta puerta hasta que sale debe sentirse especial, feliz, bastante problemas tiene durante la semana para llegar aqui, gastarse el dinero y encontrarse con una mala cara o con alguien que les molesta. 

-¿Y cómo lleva lo de mandar? .
- Existe una frase en la que creo ciegamente. ‘Cuida de tus empleados que ellos cuidarán de tu clientela’. Sinceramente, yo no dirijo. Funcionan solos. Saben perfectamente lo que tienen que hacer. Para mí es fundamental que el trabajador se sienta parte del proyecto de la empresa. Creo que lo consigo.

-De situaciones surrealistas tendrá una colección .
- Podría escribir un libro (sonríe). Tuvimos que echar de la sala a un actor porno, por ejemplo. Nos había revolucionado al personal.  O otra muy buena. Un cliente ruso se encontraba en la discoteca con su mujer y vino hacia mí. Casi me exigió que pararamos la música, porque necesitaba tener una charla importante con su pareja. Intenté hacerle entender que eso era imposible, la sala estaba llena. De repente se sacó un fajo de billetes de su bolsillo y me quedé helado. Les invité a que salieran a la terraza para que pudieran hablar tranquilos. Evidentemente no acepté esa proposición.

-¿Y algún apuro? 
- Recuerdo una noche de verano con tormenta eléctrica. El City estaba repleto de gente y había apagones de luz. En uno de ellos nos quedamos sin música y casi sin aliento. Imagínate. La sala llena, en pleno apogeo de la noche, y sin música ni luces. Fui al DJ y los dos improvisamos el Danza Kuduro a capella. La gente se volvió loca y empezó a seguirnos. Estuvimos cinco minutos así. Hasta que volvió la luz.Fue increíble. Creo que nadie se dio cuenta de que nos habíamos quedado sin luz.

-Cuentan que su teléfono es una auténtica locura.
- Cada día me levanto y tengo 10o conversaciones abiertas, más de 20 correos y llamadas perdidas. Pierdo dos horas en contestar todo. Tengo reservas, proveedores, gente que quiere trabajar con nosotros... Sí es un poco locura. Forma parte de mi día a día. Alguna amiga también tengo (sonríe).

-Su compromiso con el cliente, ¿hasta dónde llega?.
- Realmente me he convertido en un relaciones públicas. Me gusta esa psicología de tratar con una persona que llega al local con mala cara y preocupada y con una sonrisa o una mirada hacerle olvidar los problemas. Una vez, una chica de Zaragoza se hizo un corte en la frente después de chocar con una puerta y la saqué casi a hombros hasta la ambulancia. Cuando cerramos, a las 07.00 de la madrugada, fui al hospital a verla y a preocuparme por su estado. No hay nada más bonito que, cuando abrimos luces te digan, «gracias, lo he pasado genial».

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