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Villas marineras en el Ebre

Alcanar, L'Ametlla de Mar, L'Ampolla y Sant Carles de la Ràpita se expanden por el litoral del sur de la provincia de Tarragona

Sonia Fenoy García

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Vista de una de las villas marineras del Ebre

Vista de una de las villas marineras del Ebre

La comarca queda definida y marcada por su río, el Ebre, que sin duda es uno de los grandes protagonistas de la región. Ya sea por el paso del tiempo o la historia que se esconde detrás de este lugar rodeado por el mar, las Terres de l’Ebre son uno de los grandes atractivos de la provincia de Tarragona.

En su entorno se encuentran los cuatro pueblos marineros, cuyos distintos relatos se remontan siglos atrás: Alcanar, L’Ametlla de Mar, L’Ampolla y Sant Carles de la Ràpita. El turismo fluvial y el ornitológico se combinan con unos variopintos villas de ribera y castillos medievales como es el del Miravet, que constituyen uno de los monumentos históricos más visitados de toda Catalunya. 

Les Terres de l’Ebre son declaradas Reserva de la Biosfera por la Unesco, y en gran parte las villas consiguen parte de ese honor gracias a la gran variedad de paisajes que presentan en sus inmediaciones.

Alcanar tiene una  singularidad por su ubicación: es  el primer o último pueblo de Catalunya, dependiendo siempre desde donde se tome la referencia. Sus casas se edificaron al pie de la Sierra del Montsià, alejadas de la costa y de los riesgos que pudieran trascender cerca del mar.  Playas de guijarros blancas que parecen acabadas de encalar hacen del  municipio todo un ensueño. Aun así, lo más llamativo de la localidad  son los nidos de ametralladoras de la guerra civil de 1936, que quedan bañados por las olas , y que se pueden apreciar al pasear por la playa del Marjal, un auténtico espectáculo. 
Los orígenes de L’Ampolla se asocian a una ciudad helénica  que se llamaba Lebedontia. No cabe duda de que la época antigua dejo su imprenta en la zona, y es que los hallazgos de antefijas, monedas y ánforas lo confirman. Se han encontrado vestigios que corresponden al periodo romano y prerromano en el territorio. 
A  mediados del siglo XVI el Papa Adrián tomó un barco desde L’Ampolla hacia Roma, hecho que demuestra el papel que jugaba el tránsito marítimo entonces, que no era una nimiedad.  Los documentos antiguos registran vida de familias de pescadores, ya en el siglo XVI, y llegando a finales del siglo XIX sus playas eran tan estimadas, por los bañistas, que se construyó un tren, que comunicaba Tortosa con Ampolla. 

En pleno contexto bélico del siglo XX, uno de los naufragios de L’Ampolla, Marxsherda fue hundido por un submarino alemán. Sin embargo la zona sufrió constantes disputas segregacionistas, que empezaron en 1937, y debido al decreto de Burgos del 1938, se detuvieron. Todos los movimientos que se estaban llevando a cabo para convertir L’Ampolla en un municipio independiente cesaron. No se volvió a hablar del tema hasta el 1976,  momento en el que se generó la Junta de Segregación que en 1980 conseguía su propósito segregacionista  por vía judicial, y por fin el 5 de mayo de 1990 se constituía como municipio de Catalunya con su propio ayuntamiento. 

El Far de Fangar es uno de los emblemas de les Terres de l’Ebre.  El acceso se hace desde la playa de la Marquesa. Los turistas quedan anonadados por la belleza del lugar y sus dunas que se extienden a lo largo de aproximadamente  4 kilómetros de arena que hacen sentir a uno como si estuviera en pleno desierto. Quienes  han hecho el camino recomiendan el trayecto, por la experiencia que supone atravesar esa zona arenosa que recuerda al Sahara. 

L’Ametlla de Mar está enclavada en el golfo de Sant Jordi, donde se encuentra el castillo de Sant Jordi que aún se conserva y que  servía de fortín para la defensa de la costa en el siglo XVIII.  Por suerte su villa marinera no se ha visto repercutida por el boom inmobiliario, hecho que permite  a sus visitantes impregnarse de la esencia pesquera de aquella  época. Sus playa, y concretamente sus bosques de pinos se adentran hasta casi rozar el mar dejando algunos lugares de playa reducidos en forma de cala. 

Ya por último está Sant Carles de la Ràpita, situada en sur,  tocando a la Comunidad Valenciana. Fue fundada en el siglo XVIII por Carlos III, y  desde entonces su bahía, la de Els Alfacs, se ha convertido en el puerto natural de primer orden de la región.  Sus playas y algunos puntos de estas recuerdan a desiertos africanos. Por ello se recomienda recorrer estas villas y de esa forma conocer mejor sus asombrosos parajes.

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