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Cita con la Historia

Xavier Fernández

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El tarraconense Josep Riera (101 años), junto al reusense Oriol Gebellí (18 años), a punto de depositar un sobre en la urna.  Foto: pere ferré

El tarraconense Josep Riera (101 años), junto al reusense Oriol Gebellí (18 años), a punto de depositar un sobre en la urna. Foto: pere ferré

Josep Riera 101 años. Ha votado en todos los comicios: ‘Siempre he creído que ir a votar es un deber’

A sus 101 años, Josep Riera tiene una mente lúcida que entrena cada día con una dosis de crucigramas y la lectura de El poema de Montserrat, de Josep Maria de Sagarra, libro que domina la mesilla del salón de su casa en Tarragona. Josep no aparenta tener más de un siglo de vida y se expresa con una claridad meridiana cuando se le pregunta sobre qué puede pasar después del 27-S o sobre el pronóstico electoral para los comicios de hoy: «No hablo de política. Pertenece a la intimidad».

Josep, efectivamente, no habla de política, aunque experiencia le sobra. Votó por primera vez en los comicios de 1936. Y desde entonces no se ha perdido ni una votación. Incluidos los simulacros democráticos del Régimen franquista (tres referéndums, dos elecciones para procuradores en Cortes por el «tercio familiar» y ocho ‘elecciones’ municipales), Josep no ha faltado a ninguna cita con las urnas porque «siempre he creído que ir a votar es un deber. Quien no vota no hace uso de un derecho y falta a ese deber».

Desde 1977, Josep se ha acercado al colegio electoral en los once comicios generales, los diez autonómicos, los diez municipales y los siete europeos. También en los seis referéndums que se han convocado en España: el de la Reforma Política, que supuso el harakiri del Franquismo en 1976, el de la Constitución (1978), el de la OTAN (1986), el de la Constitución europea (2005) y los dos Estatuts d’Autonomia de Catalunya (1979 y 2006). En total, ha depositado su voto en las urnas en más de medio centenar de ocasiones.

Nacido en Barcelona, recuerda la ilusión que le hizo su primer voto en 1936 aunque «eran momentos muy difíciles». Aquel año, Josep estaba ya empadronado en Santa Coloma de Queralt. Los comicios tuvieron lugar el 16 y 23 de febrero y dieron la victoria al FrentePopular.

Apenas cinco meses después, el golpe de Estado de Franco provocó una guerra civil de tres años. «Había malestar, pero ni me podía imaginar lo que sucedería», recuerda Josep sobre la conflictiva situación política de los primeros meses de 1936 y la posterior guerra civil.

Con el advenimiento de la Democracia tras la muerte de Franco –de la que «tampoco quiero hablar»–, le resultó especialmente emotivo votar de nuevo. Josep insiste en que «todas las elecciones son igual de importantes», aunque cree que a las de hoy «se les ha dado un sentido especial. Siempre hay anhelos de cambio. Es una tendencia general querer mejorar la vida del pueblo».

Enamorado de la luz y el clima de Tarragona –«una vez le dije a Ballesteros (el alcalde) que debía poner un impuesto sobre el clima», rememora–, tiene un sentimiento contradictorio sobre el espectacular crecimiento de Tarragona: «Lamento que se haya perdido su espíritu de pueblo pero me enorgullece que se haya hecho más fuerte».

Hoy también irá a votar «si Dios quiere» «Deseo lo mejor para todos», concluye con voz pausada.

Oriol Gebellí. Hoy cumple 18 años y votará por primera vez: ‘Confío en la política para cambiar las cosas’

raúl cosano

Oriol Gebellí cumple hoy 18 años, y lo hace con el mejor de los regalos: poder votar. Ya tiene la liturgia programada. Después de comer y celebrar su aniversario en familia, acudirá a la Escola Ciutat de Reus, en el barrio Gaudí, y depositará la papeleta en la urna, un gesto simple y rápido, aunque cargado de simbolismo y trascendencia. «En el 9-N ya hice una pequeña prueba, pero esta vez será distinto, porque van a ser las primeras elecciones en las que pueda votar. Me hizo mucha ilusión saber que serían este día, y que podría votar», cuenta este reusense.

Va a ser un sufragio pensado, valorado, a favor de un contundente ‘sí’ a la independencia pero meditado hasta el último momento entre las dos candidaturas que abogan por una secesión. «Considero que estas elecciones son muy importantes, pueden ser históricas. Si todo va bien, a partir de ellas tienen que empezar a cambiar muchas cosas», apunta Oriol.

Para cerrar el círculo de su implicación democrática, Oriol acaba de comenzar el grado de Ciencias Políticas en la UAB, etapa lógica si se tiene en cuenta su vocación desde bien pequeño. «Desde siempre me han interesado los debates, las tertulias, las páginas de política de los periódicos. No creo en cómo se hace ahora la política pero sí confío en ella, en cómo sirve para cambiar cosas», sugiere.

En cualquier conversación, en el diálogo más nimio, Oriol se encarga de defender la esencia política: «Cuando la gente me pregunta qué estudio, siempre sale el tema de que no creen en los políticos, la desconfianza, el desprestigio… Yo sigo pensando que, pese a todo, hay que creer, siempre y cuando alguien no esté en política por dinero, sino por vocación».

Desde hace tiempo habita en la reivindidación constante: «Creo que es un error que la política la haga gente que no tienen ni idea de política. Yo pondría unos requisitos, como se hace en los países nórdicos. Los que quieran ejercer deberían tener unos estudios mínimos, una pequeña formación».

Oriol, en las antípodas del desencanto, rebosante de deber y derechos ciudadanos, puede pasarse horas viendo un debate o desmenuzando las páginas de política en un periódico. «No ha habido ningún momento clave en el que tomara la decisión de estudiar política. Ha sido más bien un proceso continuado, todo lo que ha pasado vinculado a la independencia. Eso también me ha hecho implicarme más», cuenta, antes de pronunciar una de esas frases que transparentan su ambición, su ánimo, a pesar de las utopías: «Estoy en esto para cambiar cosas, la política es para cambiarlo todo».

Él está plenamente convencido del ‘sí’ a la secesión. «Además de por el sentimiento de pertenencia, creo que tenemos que ser independientes por dignidad y porque quiero que la gente viva bien. Un nuevo estado tendría más posibilidades, y además no viviríamos con personas que no nos respetan», añade.

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