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Cómo ser espía: sexo, armas y Google

La supuesta espía rusa Maria Butina, detenida el domingo en Washington, ofrecía su cuerpo para lograr sus objetivos a favor del Kremlin. Se enfrenta a una petición de 15 años de prisión 

Diari de Tarragona

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Ofrecer sexo a cambio de ventajas en una operación de espionaje, estrechar lazos con un poderoso grupo defensor de las armas, y el empleo del traductor de Google para contactar con fuentes eran técnicas empleadas por Maria Butina, la supuesta agente rusa encubierta detenida en Estados Unidos.

La meta de Butina, una ciudadana rusa que no dudó en poner sobre la mesa su cuerpo y servicios sexuales para lograr un puesto en una organización que facilitaría sus objetivos, era favorecer los intereses del Kremlin en Estados Unidos, según se extrae de los documentos judiciales basados en investigaciones del FBI.

Con su melena pelirroja, Maria Butina accedió el miércoles a la sala de un tribunal federal de Washington, donde se declaró no culpable de un delito de conspiración contra Estados Unidos y de ser una agente encubierta para una potencia extranjera, aunque finalmente fue enviada a prisión preventiva. La imputada escuchó en primera persona el relato de la acusación vestida con el clásico mono naranja carcelario y una inquietud que disimulaba su frío rostro pero no sus manos, que no pararon de juguetear con un bolígrafo.

En la argumentación del caso, que captó la atención del centenar de periodistas que asistió, el Gobierno logró sensibilizar a la jueza de sus temores ante una potencial huida de Butina, que se enfrenta a 15 años de prisión.
De acuerdo con un memorándum presentado por el Departamento de Justicia, la presunta espía rusa había tejido una red de influyentes contactos en Estados Unidos para beneficiar al Kremlin, una tarea por la que inició una relación sentimental con uno de sus contactos estadounidenses, con quien vivía.

Los investigadores constataron que el romance era solo un trámite dentro de la supuesta operación de Butina, quien en intercambios de mensajes con otros sujetos había hablado su desidia por tener que vivir con esa persona, contexto en el que la imputada llegó a ofrecer los citados servicios sexuales a otro individuo a cambio de un puesto en una organización con influencia. De este documento también se extrae que la acusada comenzó a hablar desde Rusia con este estadounidense en 2013.

Posteriormente, se sirvió de una herramienta del gigante tecnológico Google, concretamente su traductor, para entablar conversaciones en inglés y presentarle una «propuesta de proyecto» ante las elecciones de 2016.

Butina había empezado sus labores en territorio ruso, pero en agosto de 2016 se mudó a Washington con una visa de estudiante, presuntamente solicitada como parte del entramado del Kremlin, momento en el que las autoridades de Estados Unidos comenzaron a seguirle la pista.

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