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¿Cuál es la mejor hora para almorzar?

Ritmo biológico. La investigadora y profesora de la URV Mònica Bulló explica qué es la cronodieta y cómo afecta

Gloria Aznar

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El almuerzo es la comida que más habitualmente se salta, incluso los niños, justo lo contrario de lo que se debe hacer. Foto: Thinkstockphotos

El almuerzo es la comida que más habitualmente se salta, incluso los niños, justo lo contrario de lo que se debe hacer. Foto: Thinkstockphotos

Diversas patologías se dan en unas horas determinadas del día y existen desajustes que predisponen a desarrollar enfermedades como la obesidad o la diabetes, entre otras. Para prevenir, se pueden tomar pequeñas pero correctas decisiones en el día a día, como escoger los alimentos adecuados o hacer ejercicio físico. No obstante, si esto es importante, no lo es menos la hora en la que se come y el momento en el que se va al gimnasio. De todo ello habló esta semana la investigadora y profesora de la Universitat Rovira i Virgili (URV), Mònica Bulló, en la conferencia La cronodieta: adaptar els àpats a l’hora del dia, última tertulia de esta temporada de Ciència a La Cantonada.

Mònica Bulló arrancó la charla con los relojes, los que tenemos en nuestro mecanismo y cómo nos pueden ayudar a tener salud. Una de las claves es nuestra condición de «lunáticos», como aseguró la investigadora, lo que quiere decir que funcionamos con una serie de ritmos «y uno de los grandes marcadores del ritmo biológico es la diferencia entre día y noche». Es lo que se llama ritmo circadiano. Y esto que parece tan obvio, puede traernos muchos problemas si lo alteramos. 

La cronobiología es una ciencia joven aplicada en humanos que estudia una serie de factores en relación a los relojes internos, que están regulados por el cerebro. No obstante, «este reloj no está solo ya que básicamente tenemos uno periférico en cada uno de los órganos», apuntó Bulló. Añadió que «para ir bien, deben ponerse de acuerdo y evitar enfrentarse». 

Algunos estudiosos se han dedicado a investigar este campo y  así, se sabe por ejemplo que hacia las seis o las siete de la mañana se dan con más frecuencia enfermedades de tipo cardiovascular, algo que está relacionado con el cortisol, una hormona que se segrega a primera hora y que sirve para activar el corazón y, por ende, para aportarnos la energía necesaria para afrontar el día. 

Se sabe también que la melatonina aparece por la noche para prepararnos para ir a dormir. Asimismo, en cuanto a las horas del día, el estado de máxima alerta se da un poco antes de las doce del mediodía. Por contra, a partir de las tres o las cuatro de la tarde es cuando se tiene el peor tiempo de reacción y a partir de las cinco, el mejor rendimiento cardiovascular. 

¿Pero cómo funciona el sistema circadiano? Bulló explicó que hay variables que ayudan a sincronizarlo y otras que tienen el efecto contrario. Así, se sincroniza con actividad física, siguiendo el ritmo natural de día y noche y con la alimentación. La desincronización se da sobre todo en las personas que trabajan a turnos, cuando se asalta la nevera de madrugada, con las tabletas y dispositivos con luz artificial y si se trasnocha habitualmente. Es aquí cuando el cerebro se confunde y ya no sabe en qué momento del día o de la noche se encuentra.

Y el problema llega cuando los relojes biológicos se desincronizan. Es entonces cuando se produce el colapso, la disrupción, que lleva a la enfermedad ya sea esta la obesidad, la diabetes o las  cardiovasculares. A su vez, la misma patología provoca disrupción, por lo que es el pez que se muerde la cola. Ante esto, científicos y expertos apuestan por la prevención, por volver a sincronizar los mecanismos del reloj.

La cronodieta

Uno de los factores que ayuda es la cronodieta, comer a unas determinadas horas. Bulló lo simplificó con el dicho popular: «Desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo». Pero manifestó que el problema que «tenemos para la crononutrición es el ambiente urbano», prisas, horarios imposibles, contaminación lumínica... Sin embargo, a pesar de todo se pueden identificar tres soluciones. 
La primera es no saltarse ninguna comida, sobre todo el almuerzo.

Aquí puso de relieve que «incluso los niños llegan al colegio sin desayunar», al mismo tiempo que alertó del aumento de la obesidad infantil, «un grave problema de salud pública. Y hay que tener en cuenta que un niño obeso es un adulto obeso», aseveró. Otra de las soluciones es la frecuencia de las comidas, que debe ser de entre tres y cinco. Y para finalizar, tener una rutina diaria. El dormir bien también es fundamental. Son pequeñas cosas que están al alcance de todos y que pueden ayudar a mejorar la salud.

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