Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Draghi tira la casa por la ventana y baja los tipos de interés al 0%

El Banco Central Europeo (BCE) decidió dar un paso de gigante en su particular travesía por lo desconocido

Colpisa

Whatsapp
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, durante la rueda de prensa celebrada en Fráncfort, Alemania. EFE/ARNE DEDERT

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, durante la rueda de prensa celebrada en Fráncfort, Alemania. EFE/ARNE DEDERT

'¿No querían estímulos? Pues ahí los tienen, todos de golpe', sugirió la sonrisa de Mario Draghi. "Hemos demostrado que no andamos cortos de munición", ironizó. Apunten, 10 de marzo de 2016, una fecha que ya ha pasado a la historia. Porque este jueves, el Banco Central Europeo (BCE) decidió dar un paso de gigante en su particular travesía por lo desconocido bajando los tipos de interés del 0,05 al 0%, aumentando las compras mensuales de deuda de 60.000 a 80.000 millones, ampliando la cartera de activos a empresas privadas, anunciando cuatro nuevas barras de liquidez a tipos negativos o penalizando aún más la tasa de facilidad de depósito al bajarla del -0,30% al -0,40%. Si alguien llega a predecir esto hace sólo un par de años, únicamente sugerirlo, loco es lo más suave que le hubieran dicho.

"No hay límites. No nos rendiremos". Lo dijo el 21 de enero. Retador, con una seguridad que apabulla. Así que la próxima vez, créanle, porque Draghi volvió a hacer historia yendo muchísimo más allá de lo que todos esperaban. Fue tal la sorpresa, que la pregunta que flota en el aire es: ¿Y ahora, qué? El margen de actuación del BCE ha quedado a simple vista muy reducido, aunque repasando la trayectoria del banquero italiano, seguro que aún guarda varios ases bajo su manga para disgusto de Berlín y gozo de la maltrecha periferia del Sur. "Los tipos seguirán a estos niveles o más bajos durante un periodo prolongado de tiempo", deslizó. El mensaje fue claro: si es necesario, habrá más munición. "No hay límites".

La euforia de este jueves tiene una doble cara no tan optimista. La clave no es tanto el qué, que también, sino el porqué. Quizá por ello se desplomaron las bolsas de Berlín (2,31%) y París (1,7%) y el Ibex quedó casi plano (0,07%) pese al jolgorio inicial. ¿Qué es lo que lleva al BCE a tomar decisiones inimaginables a lo largo de su trayectoria? La respuesta es que todo está mucho peor de lo que algunos piensan. La inflación es la excusa, el gran argumento que lleva a Draghi a actuar frente a los halcones de acento alemán. El objetivo fundacional de la entidad es que esté situada por debajo pero muy próxima al 2%, y febrero cerró al -0,2% como consecuencia de la volatilidad de los precios del petróleo. Pero es que este jueves, el servicio de estudios actualizó las previsiones a la baja de forma drástica respecto a lo previsto en diciembre. Este año se prevé una inflación del 0,1% en lugar del 1%; en 2017, del 1,3%, tres décimas menos; y en 2018, del 1,6% (es la primera vez que se dan proyecciones de este año) . Dicho de otro modo: ese ansiado 2% que lleva a Draghi a jurar que "no nos rendiremos hasta lograrlo", no se alcanzará como pronto hasta 2019. Más pesimismo. La Eurozona, lastrada por los emergentes y las dudas sobre el sector financiero, cerró 2015 con un crecimiento de sólo el 1,6% frente a todos los vientos de cola que tuvo. "Es mediocre", censuró el martes en Bruselas el ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos. Lo fue y lo seguirá siendo. Según el BCE, será del 1,4% en 2016 (tres décimas menos respecto a lo dicho en diciembre), del 1,7% en 2017 (igual) y del 1,8% en 2018. Y todo ello a pesar de que el Eurobanco ha inyectado más de 700.000 millones en el sistema a lo largo del último año con medias de política no convencional. "Si no hubiéramos actuado, tendríamos una deflación desastrosa", recalcó en tono muy serio y reforzando la idea que ya recalcó en el Parlamento Europeo hace unas semanas. Si no fuera por el BCE, el crecimiento de la Eurozona sería la mitad. "Este paquete de estímulos no es una reacción exagerada a los precios del crudo, es una reacción adecuada al debilitamiento de las perspectivas de crecimiento", apostilló.

Recados a los gobiernos La clave es el porqué. Un enrevesado escenario en el que los grandes países del bloque y la Comisión Europea -ésta como guardiana de la ortodoxia diseñada desde Berlín- tienen mucho que decir. Así lo cree Mario Draghi, quien volvió a pedir a "los otros estamentos" que hagan sus deberes e impulsen las reformas estructurales necesarias que fomenten la competitividad y ejecuten inversiones productivas. Todo ello, apostilló, cumpliendo las reglas de juego: "La aplicación plena y coherente del Pacto de Estabilidad y Crecimiento es crucial para mantener la confianza en el marco fiscal. Al mismo tiempo, todos los países deben esforzarse por una composición más favorable al crecimiento de sus políticas fiscales".

Conocido el preocupante porqué, es la hora del qué. El bombazo, siguiendo la terminología bélica que Draghi tomó prestada de la prensa, fue sin duda la bajada de los tipos de referencia al 0%. Cero. Una cifra tan simbólica como contundente. Ahí tienen el efecto 'Súper Mario', el enésimo ejemplo de que el 'whatever it takes' que pronunció en verano de 2012 llegó para quedarse -"haremos todo lo posible para salvar el euro y créanme, será suficiente"-.

Las otras medidas adoptadas por el Consejo de Gobierno del BCE entraron dentro de lo esperado aunque sí sorprendió su contundencia. El programa de compra de deuda (QE) impulsado ahora hace un año y que tiene en su balance más de 600.000 millones, se ampliará. No en el tiempo, expira en marzo de 2017, sino en el volumen de adquisiciones mensuales, pasando de 60.000 a 80.000 millones. Esto hará que la inyección de liquidez final del QE se incremente en 240.000 millones, hasta los 1,7 billones. Todo ello con la previsión actual, porque ya dijo el BCE que nada está cerrado y que todo puede adecuarse en función de los acontecimientos. De hecho, este jueves se amplió la cartera de activos potenciales comprables dentro de este programa de expansión cuantitativa. Y es que a la deuda gubernamental, de regiones y ciudades, se añade ahora la deuda corporativa.

Más madera. El Consejo de Gobierno también decidió instalar a partir de junio otras cuatro barras libres de liquidez condicionadas a que el dinero que se preste a los bancos llegue hasta la economía real. Se denominan TLTRO por su terminología inglesa y estarán sujetas al tipo de la facilidad de depósito, fijado este jueves en el -0,40%. Dicho de otro modo, los bancos recibirán dinero del BCE por pedir dinero al BCE. Sí, como suena.

La facilidad de depósito, precisamente, fue otro de los indicadores que fue modificado para obligar a los bancos a que trasladen el dinero que reciben del Eurosistema hasta la economía real. La penalización por aparcarlo en Fráncfort será del 0,40% frente al tipo vigente del -0,30%. Esta decisión presiona aún más a unas entidades cuyos márgenes de rentabilidad han quedado muy reducidos y siguen sin encontrar demanda solvente para canalizar toda la lluvia de millones procedente del BCE.

Tras el qué y el porqué, llegó el turno del cómo. Alemania no votó por casualidades del turno rotatorio. Pero sí habló. ¿Y qué pasó? "Hubo una mayoría abrumadora", zanjó Draghi.

 

Temas

  • ECONOMÍA

Comentarios

Lea También