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El Sovaldi, la 'panacea' contra la hepatitis C, llega a Tarragona

Mientras algunos esperan, otros tarraconenses ya han accedido al Sovaldi, un medicamento casi definitivo que, mezclado con otros, puede poner fin a décadas de lucha contra el virus
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Isolde Apetz, de Les Borges del Camp, recibe tratamiento con Sovaldi y Daclatasvir.  Foto: Lluís Milián

Isolde Apetz, de Les Borges del Camp, recibe tratamiento con Sovaldi y Daclatasvir. Foto: Lluís Milián

Apenas seis semanas de tratamiento le han cambiado la vida a Isolde Apetz, una vecina de Les Borges del Camp. A sus 61 años, esta alemana tarraconense de adopción lleva desde principios de los 80 con el virus en su sangre y desde los 90 con problemas más o menos graves como descompensaciones que agravan su salud. Desde enero es una mujer nueva. Ha accedido a los nuevos fármacos contra la dolencia, con especial relevancia del Sovaldi (el nombre popular del Sofusbuvir) pero también de otros compuestos como el Daclatasvir. «Me ha cambiado la vida. Sólo en unas semanas me encuentro mucho mejor. Sólo espero que pase el tiempo y que esto siga así hasta poder curarme del todo. De momento estoy contenta. Me voy haciendo chequeos regulares y los resultados son buenos», admite.

Su nueva medicación, una especie de panacea para los enfermos de hepatitis C, puede ser el principio del fin de su pesadilla de más de dos décadas de lucha. «El avance de la enfermedad es un proceso silencioso. Es uno de los virus más inteligentes que existen. Puedes no tener problemas hasta después de 20 o 30 años. Depende de tu estilo de vida, se manifiesta antes o después. El gran problema es que mucha gente no sabe que está infectada».

 

Descompensación

Atrás quedan problemas como descompensación del hígado, sangrados abundantes de nariz, arritmias, vómitos, hematomas y hasta procesos cirróticos. «Tenía líquidos internos, me sentía apática y letárgica, estaba más triste tenía efectos somatopsíquicos. Incluso llegué a estar ingresada en el Hospital Sant Joan de Reus», recuerda desde su vitalidad actual, aunque el proceso de recuperación sólo haya comenzado.

El ensayo clínico en el que está inmersa durará un mínimo de seis meses. «Estoy contenta por ver que mi equipo médico ha luchado para que yo pueda acceder al tratamiento. Han peleado por ella», cuenta Isolde. Apetz personifica la cara más esperanzadora de la enfermedad.

En otras ocasiones, los enfermos aún esperan. Es el caso de José Joaquín Sanz, un vecino de La Pineda de 55 años que lleva más de tres décadas con el virus. «Aún no me ha dado complicaciones, más allá de mucho cansancio, pero sé que el avance de la enfermedad es lento. Estoy pendiente de que me hagan unas pruebas en marzo para ver en qué fase estoy». «Podrán recibir el fármaco los que estén en fase F-2, F-3 y F-4 y también en F-0 y F-1 si el médico lo aconseja», explica José Joaquín, que se está tratando en el Hospital de Santa Tecla.

 

‘Hay casos urgentes’

Él está contento de que la movilización esté surtiendo efecto. «El medicamento está empezando a llegar a la gente, pero en muchos casos hay premura, no se puede tardar mucho más porque hay situaciones urgentes», indica José Joaquín, que confía en el nuevo plan del Gobierno pero con reservas y manteniéndose a la expectativa. «Lo más importante, lo que tiene que quedar bien explicado y muy claro es la cuestión de la financiación», añade.

Los enfermos sólo reivindican sus ansias de curación y prefieren huir de polémicas de precios. «Todas las protestas se dan porque por primera vez hay un fármaco que da muchas posibilidades de curación. Eso no existía antes y es lo que hace que mucha gente se rebele ante la imposibilidad de acceder al medicamento nuevo», cuenta Isolde. «La gente está cabreada porque sabes que existe la solución pero no te la dan», confiesa José Joaquín.

 

‘Hay gente accediendo ya’

«¿No tiene el Gobierno que hacer todo lo que esté en su mano para preservar la vida de los suyos, de sus ciudadanos?. Ya no es una cuestión ética sino legal. La Constitución habla de una vida digna. Si el Estado no la garantiza, ¿no podemos hablar de anticonstitucionalidad?», se pregunta Isolde Apetz, que agrega: «Destinar dinero a estos medicamentos puede significar ahorrártelo luego en otros procesos como trasplante de hígado o el cáncer».

Josefina Garcia, paciente y secretaria de la Associació Catalana de Malalts d’Hepatitis (Asscat), certifica la mejora de la situación: «Hay gente que está accediendo, sí, y valoramos muy bien que haya un plan establecido, con unos criterios médicos que vemos bien. Eso sí, la pregunta es: ¿cómo lo implementarán?. Si no hay una dotación económica concreta, hasta que no veamos la implementación en las comunidades autónomas, no podremos valorar por completo».

Para la entidad, los planes establecidos por Generalitat y Gobierno son loables pero es inevitable la desconfianza: «El papel todo lo aguanta. Tendría que haber una partida presupuestaria, centralizada desde el Gobierno. El problema puede ser de retraso y de burocracia. Hay una paciente de Tortosa cuyo médico ha pedido el tratamiento, pero ahora hay que esperarse 15 días hasta que se reúna el comité del hospital. En algunos casos hay mucha urgencia. Mientras se tarda, el paciente lo pasa fatal».

Aunque la fama se la lleva el Sovaldi, los tratamientos que se empiezan a aplicar son variados y basados en diferentes compuestos. «Lo más importante, por encima de todo, es que las medicinas que curan ya existen. Eso es lo que ha motivado todo el debate», indica Garcia desde Asscat, que apela al optimismo: «No pedimos que se dé el tratamiento a todos de golpe pero sí que se vaya accediendo en función de la gravedad del caso. Ha habido avances en los últimos tiempos pero ya hablaremos de aquí a unos meses, a ver cómo está la situación».

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