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España afronta 2017 con el reto de minimizar la desaceleración

El consumo de los hogares ralentizará su ritmo y las exportaciones podrían resentirse de un declive del comercio mundial

David Valera

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La repercusión del encarecimiento del petróleo es una de las grandes incógnitas. FOTO: LLU�S MILI�N/DT

La repercusión del encarecimiento del petróleo es una de las grandes incógnitas. FOTO: LLU�S MILI�N/DT

Desaceleración moderada. Ese es el diagnóstico compartido entre todos los organismos, nacionales e internacionales, y el propio Gobierno sobre la evolución de la economía española en 2017. Un año en el que los famosos vientos de cola que han impulsado el crecimiento este año y el pasado soplarán con menos fuerza. Especialmente el petróleo, pero también la previsible retirada gradual de estímulos por parte del BCE. Asimismo, el consumo de los hogares -motor interno de la economía- ralentizará su ritmo y las exportaciones podrían resentirse de un declive del comercio mundial. Todo ello aderezado por la presión para reducir el déficit público en unos 15.000 millones para cumplir con Bruselas en un contexto de fragmentación parlamentaria cuya primera prueba de fuego será aprobar unos nuevos Presupuestos.

Un cóctel que pondrá fin a los avances del PIB superiores al 3% registrados en los dos últimos ejercicios y limitará el crecimiento a una horquilla entre el 2,5% que estima de forma «prudente» el Ejecutivo y el 2,3% de instituciones como el FMI o la Comisión Europea. Sin embargo, y a pesar de esos ‘peros’, España seguirá navegando por las aguas de 2017 con una fuerza muy superior a la de sus vecinos. De hecho, el crecimiento será todavía el doble que la media de la zona euro. Y ahí está el objetivo del Gobierno: minimizar el impacto de la desaceleración para seguir como motor de la UE.

«El precio del petróleo, que hasta ahora era un efecto favorable, va a empezara restar», explica María Jesús Fernández, economista senior en la dirección de coyuntura y estadística de Funcas. La previsión del Gobierno es que el barril de crudo pase de una media de 43 dólares en 2016 a 50,2 en 2017. Sin embargo, esa proyección puede haber quedado desfasada después de que la OPEP haya decidido reducir la producción para elevar el coste hasta los 55-60 dólares.

Una de las principales consecuencias del encarecimiento del petróleo es el aumento de la inflación, algo que ya se ha notado en los últimos meses de 2016 y que continuará con más fuerza en el primer semestre de 2017. Así, el Banco de España prevé que la tasa de IPC supere «holgadamente» el 2% a comienzos del próximo ejercicio. La estimación del Gobierno es que se sitúe alrededor del 1,4%.

En cualquier caso, el repunte de la inflación, además de suponer un encarecimiento de la cesta de la compra -con subidas del recibo de la luz y el gas a partir del 1 de enero- también tendrá un efecto importante en el comportamiento del BCE respecto a la política de compra de deuda y de bajos tipos de interés. Hasta ahora España ha sido una de las principales beneficiarias de esta estrategia que ha permitido al Tesoro colocar deuda a corto plazo a tipos negativos. Esto ha permitido unos ahorros en el pago de intereses de 2.000 millones, según el Ejecutivo. Algo que será casi imposible de repetir en 2017.

«Un alza de los tipos a largo plazo es un riesgo para España por el elevado endeudamiento», advierte María Jesús Fernández.

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