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FaceApp, una aplicación con apariencia legal que escapa al control de la UE

Esta herramienta incluye unos términos de uso «abusivos» que conducen al usuario a la más absoluta desprotección

RAÚL CASADO

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Una persona utiliza la aplicación FaceApp, que emplea varios filtros para simular cómo envejece. FOTO: EFE

Una persona utiliza la aplicación FaceApp, que emplea varios filtros para simular cómo envejece. FOTO: EFE

La popular FaceApp, una aplicación que permite al usuario, entre otras muchas cosas, simular cómo va a envejecer, es especialmente peligrosa porque se presenta con una apariencia de legalidad y porque escapa a los estrictos controles de protección de datos que impone la UE y la legislación española.

La aplicación, desarrollada por un programador ruso, incluye unos términos de uso «completamente abusivos» que conducen al usuario a la más absoluta desprotección, ya que no puede ni pedir el acceso a los datos que ya tiene la compañía ni solicitar que los cancelen, según subrayan los expertos en ciberseguridad.

El usuario queda así indefenso ante derechos cada vez más extendidos en los países más desarrollados, como el «derecho al olvido», el derecho a la intimidad y la seguridad de que los datos personales no se van a ceder a terceros.

La aplicación FaceApp suma ya más de cien millones de descargas en todo el mundo, y entre quienes ya se la han bajado figuran numerosos famosos, que han «jugado» a simular cómo sería su aspecto dentro de unos años y que han compartido esas imágenes en sus redes sociales.

Aunque esa «función» está siendo la más utilizada por los usuarios, FaceApp ofrece simulaciones para que el usuario compruebe cómo le sienta un cambio en el color de pelo, una barba o bigote, un tatuaje, o hasta un cambio de género.

Eusebio Nieva, director técnico para España y Portugal de la multinacional especializada en ciberseguridad Check Point, subraya que el principal peligro de la aplicación son precisamente sus «términos de uso» y el almacenamiento de las imágenes que se generan durante su utilización.

Nieva observa que las propias condiciones de uso de la aplicación -que no están disponibles en la propia app sino en una web y que muy pocas personas leen antes de instalarla- advierten de que los datos podrían ser almacenados fuera de su país de residencia y no estar por lo tanto sometidos a la legislación vigente en ese país.

La cara más utilizada

Alerta además de que una de las «biohuellas» más utilizadas en la actualidad para el reconocimiento de las personas es la cara; «eso significa que tienen una base de datos de rostros inmensa», manifiesta Nieva, y precisa que no tienen por qué estar haciendo, hoy, un uso malicioso de esos datos.

«Pero sí puede ser un problema en el futuro dependiendo de en manos de quién estén esos datos», según Eusebio Nieva, quien apunta que los mismos pueden ser cedidos a otro socio, a una agencia o utilizados por el Gobierno ruso, ya que éste tiene derecho -precisa- a acceder a ese tipo de datos por el bien o el interés de la nación.

En el mismo sentido se pronuncia el abogado especializado en protección de datos y ciberseguridad Borja Adsuara, quien señala que muchas aplicaciones «roban» datos ilegalmente de las personas, pero ésta lo hace con el propio consentimiento de los usuarios cuando aceptan los «términos de uso».

Adsuara subraya que esa cláusula es «abusiva» y denuncia que utilizar esas imágenes y esos datos de una forma «ilimitada» es contrario al Reglamento Europeo de Protección de Datos, ya que la compañía tiene que aclarar cuáles son esos usos concretos y el usuario tiene que dar consentimiento «expreso y específico» para cada uno de ellos, además de disponer del derecho a cancelarlos.

«Pero la empresa es rusa, y escapa al control de la UE», asevera el abogado, y detalla que darse de alta en una aplicación de estas características tampoco supone «regalar la privacidad», aunque sí uno de los datos más sensibles en la actualidad: la imagen.

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