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Química en familia

Los Serral coincidieron seis años en la planta de Clariant. El padre se hacía cargo del mantenimiento y su hijo, como responsable de seguridad y medio ambiente, tenía que supervisar el trabajo de su progenitor

Núria Riu

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Ramon Serral y? su hijo Jordi en los laboratorios de Clariant en Vila-seca. Foto: Pere Ferré

Ramon Serral y? su hijo Jordi en los laboratorios de Clariant en Vila-seca. Foto: Pere Ferré

En los municipios en los que la industria química está asentada, uno de cada tres trabajadores está directa o indirectamente relacionado con esta actividad, por lo que entre tuberías y válvulas de presión es habitual que se discutan temas de familia. Una relación particular es la que mantuvieron Ramon Serral (72 años) y su hijo Jordi (42 años). Coincidieron durante más de seis años en la empresa Clariant de Vila-seca, siendo el hijo el ‘supervisor’ del trabajo que hacía su padre. Aseguran que en ningún momento esto les supuso algún problema en la comida del domingo y que incluso se lo tomaban a broma. «Cuando teníamos una auditoría me decía: ‘Papa mañana vamos a por ti’», explica entre risas.

Jordi Serral es el responsable de Sostenibilidad en Clariant, áreas que se encargan de los aspectos relacionados con el medio ambientales y la seguridad. Entre sus asignaciones está la supervisión de los responsables de mantenimiento, actividad que hasta 2004 desempeñó su padre en la unidad de TH. «Siempre nos entendimos muy bien», explica ahora el hijo.

Y es que, Ramon Serral conocía hasta el último rincón de esta planta. De hecho, como delineante industrial, contribuyó en su diseño. «Cuando yo llegué habían empezado las obras», describe. Era 1974, el Grupo Hoechst, que gestionaba la actual fabrica de Ercros en Flix, movió una parte de su actividad a Vila-seca. «Esto eran todo avellanos», recuerda.

Serral entró al departamento de ingeniería de la compañía. «Teníamos que poner en marcha una planta química desde cero», explica. Eran los años del boom industrial en Tarragona, cuando se estaba invirtiendo en la primera fase del polígono. «Esto apenas estaba empezando. Había mucha demanda de personal por lo que traían a gente contratada de fuera con asignaciones concretas y después se iban de nuevo», sigue recordando.

Cuando la planta ya entró en funcionamiento, Ramon Serral fue reubicado al área de mantenimiento. Conocía perfectamente los equipos y secretos de la planta, por lo que, cuando surgía alguna incidencia, se encargaba de los trabajos de reparación. A pesar de que no estaba reglamentado como ahora, la seguridad ya era un factor clave en la compañía. «Antes de hacer cualquier cosa estaba todo completamente planificado, y como muchas de las empresas del polígono son de matriz alemana, tenían una cultura de seguridad muy marcada», manifiesta.

Cuando Jordi Serral tuvo que elegir su futuro profesional lo tuvo claro desde el principio: su actividad pasaba por la química. «Yo era de ciencias, quería seguir una carrera técnica y en el año 98 comenzaron las ingeniarías en Tarragona». Estudió en barracones en la antigua Universidad Laboral. «El hecho de que mi padre estuviera en el sector era un factor a considerar, pero no tan solo esto sino todo lo que implicaba estar cerca de un polígono químico como el de Tarragona. Era una industria que funcionaba y necesitaba gente con nuevos conocimientos».

 

Inicios en el laboratorio

Jordi Serral hizo la Ingeniería Técnica Industrial por la Universitat Rovira i Virgili (URV), unos meses después de acabar sus estudios, en febrero de 1998, salió una vacante en el laboratorio y se presentó para acceder a la compañía en la que hacía más de veinte años trabajaba su padre. Se incorporó junto con otros dos compañeros de promoción.

Tras una primera fase de implantación, el polígono químico había dado un giro espectacular. Se habían construido nuevas plantas y algunas de las compañías tradicionales se habían vendido algunas de las unidades de producción que ahora explotaban otras empresas de reciente implantación.Con más de 130 años de historia, en 1996 el grupo suizo Hoechst se unión con Sandoz y un año más tarde fundaban la actual Clariant.

Jordi estuvo durante cuatro años entre probetas controlando la calidad del producto final, hasta que pasó a responsable de Sostenibilidad. Aquí fue cuando pasó a tener un contacto más directo con el trabajo que ejercía su padre. Durante el tiempo que compartieron en la compañía prácticamente tenían el despacho puerta con puerta.

Ramon Serral se jubiló en 2004 a los 59 años. Pese a ello nunca ha perdido el contacto con la que durante años fue la gran familia de Clariant. Más allá de conocer lo que sigue pasando en la planta por su hijo, todas las semanas se sigue re uniendo con sus antiguos compañeros todos los jueves para comer. El punto de encuentro es La Traviata de La Pineda, el restaurante que durante tantos años les sirvió la comida a diario. Ahora un grupo de siete u ocho extrabajadores, y alguno que aún está en activo, se siguen reuniendo allí todas las semanas. El que no acude a las comidas es el hijo. Es el responsable de Sostenibilidad de Clariant en España, Portugal y la fabrica de Tarragona, y una parte de su tiempo lo dedica a la actividad de la empresa en Europa.

¿Habrá continuidad de la familia en la compañía? «Si la tercera generación quisiera, yo estaría encantado de la vida. Es un trabajo de calidad y bien remunerado», concluye Jordi Serral.

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