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Rajoy intenta conjurar el debate sobre su liderazgo y llama a la unión

El líder de los populares reivindica la independencia del partido para decidir sobre sí mismo y deja en el aire el futuro de Núñez Feijóo, que sigue sin pronunciarse

Nuria Vega

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Mariano Rajoy regresó ayer a Pontevedra con el convencimiento de que le retirarán el título de ´non grato´. Foto: EFE

Mariano Rajoy regresó ayer a Pontevedra con el convencimiento de que le retirarán el título de ´non grato´. Foto: EFE

El PP no termina de recuperar la iniciativa política. O lo que es lo mismo, Mariano Rajoy no consigue tomar las riendas de su partido y liderar la formación del próximo Gobierno. Diez días después del debate de investidura en el que el proyecto de Pedro Sánchez salió derrotado, el presidente no ha telefoneado aún al secretario general de los socialistas para intentar arrancar una negociación, y en la formación vuelve a prender el debate sobre la necesidad de que el jefe del Ejecutivo dé un paso atrás. El líder de los populares no es del todo ajeno a este estado de inquietud en sus filas y aprovechó ayer la clausura del congreso del PP de Pontevedra para realizar un llamamiento de cohesión en clave interna: «Son momentos complicados los que vivimos hoy y los que hemos vivido, y alguno más tendremos, lo importante ahora para este partido es mantener la unidad».

En su entorno reconocen que se ha instalado en todos los ámbitos sociales, políticos y hasta económicos la imagen de un presidente cuyo liderazgo está en cuestión. Y subrayan lo complicado de combatir esa percepción. Referentes del Gobierno y del partido se volcaron la semana pasada en cerrar filas, preocupados por que el revuelo causado por las declaraciones del expresidente de Murcia, Alberto Garre, o el histórico del PP, Jaime Ignacio del Burgo, desestabilizara a la formación en el peor momento. Ambos creen que ha llegado la hora de que Rajoy deje paso a su relevo en el partido. Pero en este periodo transitorio, a expensas de un pacto que alumbre un nuevo Gobierno, fuentes populares creen que lo conveniente es no echar más leña al fuego.

«Estamos contigo», proclamó ayer en Pontevedra el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo. Desde la Moncloa se recuerda que es el momento de respaldar al candidato, convertido en «pieza de caza» de Ciudadanos. Eso tampoco lo pierde de vista Rajoy, que defiende el derecho del PP a decidir sobre su futuro sin interferencias externas. «Lo importante es preservar la independencia -alertó a los suyos-, las decisiones de la organización más grande que hay en España las toma la organización más grande de España y no las toman otros por nosotros».

El PP ha pasado de considerar al partido de Albert Rivera socio potencial a tildarlo de traidor por su pacto con el PSOE y ningunearlo. El presidente incluso optó ayer por no citarlo por su nombre, ni tan siquiera al reiterar su apuesta por una gran coalición que pueda gobernar España. «El mejor acuerdo para España es que gobierne el primer partido, el que ganó, con el apoyo del segundo, y podemos incorporar a cualquier otra fuerza política que tenga ganas e ilusión», zanjó.

Llamada pendiente

Aunque el discurso suena ya a preelectoral, Rajoy asegura no renunciar a intentar alcanzar un acuerdo para evitar la convocatoria de elecciones para el próximo 26 de junio. Dice que confía en el «entendimiento», que espera que «triunfen la razón y el sentido común» y que el PSOE se olvide del «sectarismo». Fuentes cercanas al presidente confirman que la llamada al secretario general de los socialistas no se producirá esta semana, que antes debe volver la serenidad a la arena política y que no hay fecha prevista para iniciar los contactos. Rajoy sabe que, por ahora, cuenta con el rechazo de Sánchez siquiera a sentarse a dialogar. Ni el PSOE está dispuesto a facilitar una legislatura más del PP, ni los populares plantean unas condiciones fáciles de asumir por sus adversarios.

Sus posiciones de partida no han variado. Rajoy no asumirá un documento, el suscrito por el PSOE y Ciudadanos, que pretende «derogar» las políticas de la pasada legislatura, y tampoco renunciará a que su partido encabece el hipotético Ejecutivo de coalición al que aspira.

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