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Sánchez recupera el café para todos para que las autonomías gestionen la desescalada final

Anuncia que pedirá la ampliación del estado de alarma hasta el 21 de junio pero con un régimen de restricciones «mucho más liviano»

RAMÓN GORRIARÁN

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer. FOTO: juanjo martín/efe

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer. FOTO: juanjo martín/efe

Café para todos. No habrá distinciones entre comunidades para gestionar el final de la desescalada. Pedro Sánchez anunció ayer que todos los presidentes autonómicos, cuando sus territorios estén en la fase 3, tendrán la misma capacidad de decisión y las mismas herramientas para poner punto final al régimen de excepcionalidad. El Gobierno central solo se reserva la regulación de la movilidad interterritorial de los ciudadanos.

Sánchez no quiere más disputas entre comunidades, como las que han surgido con la gestión del ingreso mínimo vital concedida al País Vasco y Navarra y negada al resto. A partir de que una autonomía entre en la fase 3 del plan de normalización, su presidente será «la autoridad delegada» y «el máximo responsable» para decidir cómo y cuándo se restablece la vida cotidiana anterior a la pandemia. Podrá determinar si ese tránsito se hace en las dos semanas que establece el estado de alarma, o si lo ralentiza o lo acelera.

El papel del Gobierno central será el de asesorar, no el de resolver, como ocurre con las fases 1 y 2. Su única tarea ejecutiva en la desescalada se limitará a la movilidad entre los territorios de los ciudadanos, con el horizonte de que el 1 de julio haya libertad total de desplazamientos.

Sánchez busca acabar con los agravios comparativos suscitados con cada progresión de fase y con las particularidades aceptadas en algunos casos.

La vieja fórmula del café para todos acuñada por el ministro de UCD Manuel Clavero para resolver las lagunas del texto constitucional sobre el sistema autonómico, y que tanto desagradó a los nacionalistas vascos y catalanes porque mutualizaba su singularidad histórica, cobra de nuevo vigencia. «Se pasa –dijo Sánchez– de la cogobernanza a la gobernanza plena de las comunidades autónomas» en la transición hacia la normalidad.

Prórroga asegurada

Como estaba previsto, Sánchez anunció en la duodécima conferencia de presidentes autonómicos celebrada ayer que el Consejo de Ministros aprobará mañana martes la sexta petición de prórroga del estado de alarma para que se extienda hasta el 21 de junio. Pero será, según adelantó, un régimen de restricciones «mucho más liviano» que los anteriores, aunque no precisó en qué consistirá la relajación.

El Congreso la debatirá y aprobará el miércoles porque el Gobierno tiene asegurados los votos para que salga adelante. Tras los pactos con el PNV para que la respalde y con ERC para que se abstenga, los socialistas negocian ahora con Ciudadanos para retener su apoyo. La colaboración de los naranjas está en el alero, y aunque Sánchez apeló a su «responsabilidad y generiosidad», está por ver cuál es su decisión, porque se consideran incompatibles con ERC.

El presidente, por otra parte, propinó un discreto tirón de orejas a su vicepresidente segundo por alimentar el clima de crispación con su acusación a Vox de ser partido golpista que «no se atreve» a dar el paso. Aunque puso en valor que Pablo Iglesias reconociera que se había equivocado al caer en «la provocación» de la ultraderecha, remarcó que «si hay alguien que tiene más responsabilidad para no caer en esas provocaciones, es el Gobierno». El reverso de la moneda para Pedro Sánchez es la actitud de «un aragonés», Fernando Simón, y «un catalán», Salvador Illa, a los que quiso rendir «homenaje». El director de Emergencias y el ministro de Sanidad, afirmó, «nos hacen mejores como sociedad» porque «no han caído en la provocación ni una sola vez» y «han trabajado sin descanso». Su comportamiento, «sin dejarse arrastrar por la provocación» y «soportando los insultos más mezquinos», es el camino a seguir.

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