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Soluciones de etiquetado

GrupMicros empezó vendiendo componentes de ofimática y ahora fabrican todo lo relacionado con la identificación de productos y personas

Núria Riu

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Las etiquetas de vinos y cavas se han convertido en una de las especialidades de la empresa. Foto: Pere Ferré

Las etiquetas de vinos y cavas se han convertido en una de las especialidades de la empresa. Foto: Pere Ferré

De los disquetes a las tarjetas RFID (Radio Frequency IDentification). Es la evolución que ha hecho la tecnología en treinta años y que explica el nacimiento de GrupMicros, y su constante transformación. Un cambio que cada vez ha ido acompañado del crecimiento de esta sociedad, que ya se está planteando seguir escalando.

La firma la constituyó Arcadi Roig el año 1987 en Tarragona. Los ordenadores aún no eran un producto de masas cuando fundó una empresa especializada en la venta de productos de ofimática, como cintas de tinta, impresoras, disquetes y papel para facturas. 
La generalización de la etiqueta autoadhesiva supuso el inicio de una nueva etapa. Entre 1996 y 1997, la demanda había crecido de tal forma que decidieron ampliar servicios. La empresa se movió a Valls, una escala antes de su aterrizaje definitivo en Vilabella. 
A lo largo de este periodo empezó con la fabricación de sus propias etiquetas. Y a partir de aquí ha sabido abrir nuevos nichos de actividad como la venta de lectores de códigos de barras, terminales y soluciones de software, convirtiéndose en referentes en la identificación de productos y personas.
GrupMicros tiene el área del papel y la tecnológica. La primera está bajo la cabecera Etiquetes.cat, especializada en la impresión de todo tipo de elementos identificativos. Sin embargo, si hay un campo que en los últimos años ha vivido una transformación de 180 grados es el del vino y el cava, en el que cada botella es una pequeña obra de arte. «Se hacen cosas magníficas, con variedad de materiales, tipos de impresión y acabados de alta resolución», argumenta Aleix Roig, General Manager de la empresa.
El sector vitivinícola quizás es el que cuida más este elemento. Sin embargo, esto que más vulgarmente se conocen como pegatinas están presentes en la mayoría de productos.
 La industria química, la farmacia y el transporte son otros de los sectores con más demanda. Sin embargo, el automóvil y la industria de componentes de la automoción generan la principal demanda. Aleix Roig presenta una cifra: «En el proceso productivo de un coche intervienen un total de 1.500 etiquetas».
En cuanto a la sección tecnológica, esta se ha desarrollado dentro de un área de especialización que es la de Smart Solutions. Comprende tanto el suministro de lectores y terminales, como la utilización de tarjetas RFID para controlar los procesos productivos  o el desarrollo de software personalizado. 
Soluciones a medida
«Nuestros clientes básicamente son empresas a las que ofrecemos todo tipo de soluciones para temas productivos y logística», avanza este joven empresario. Y es en el almacén de las grandes compañías donde habitualmente se ponen a prueba estas herramientas.
Aunque las tarjetas RFID también permiten controlar el acceso de personas. Lo experimentaron en Valls, cuando utilizaron las acreditaciones para ponerles un chip de forma que, a medida que cada invitado iba accediendo, una pantalla le daba la bienvenida de forma personalizada».
GrupMicros diseña y comercializa sus Smart Solutions en toda la península ibérica. Incluso algunos de sus productos han salido al exterior de la mano de grandes empresas presentes en el territorio. Es el caso de Lear, que exportó esta tecnología también a sus plantas de Alemania y Marruecos.
Con todo, este conglomerado societario ha incrementado progresivamente su plantilla y su actividad. Aleix Roig asumió  responsabilidades en la empresa en el año 2009, cuando la plantilla de esta compañía era de 25 personas. Esta cifra oscila entre las 40 y las 45 personas a día de hoy. De éstas, una quincena están en el área de producción, mientras que el departamento de programación y servicios técnicos emplea a otra decena de trabajadores.
En un futuro inmediato no está previsto abrirse mercado en el exterior más allá de estos encargos puntuales. «La demanda en Catalunya es más que suficiente, sobre todo en lo que se refiere al etiquetado de vinos y cavas», describe.
Este incremento progresivo de la demanda hace que Aleix Roig ya tenga previsto seguir haciendo grande el negocio que inició su padre. En esta ocasión, no obstante, no habrá un nuevo cambio de ubicación. Ya han iniciado los trámites para una nueva nave de 1.000 metros cuadrados de superficie, que se sumará a los 2.500 que ocupan en la actualidad.
Roig no es optimista de cara a poder hacerlo este 2017, coincidiendo con el treinta aniversario de la empresa, ya que, para ello necesitan incrementar la potencia de la línea de tensión que llega al polígono de Vilabella.
GrupMicros cerró el año pasado con una facturación de 6,3 millones de euros, cifra que este año prevé que se incremente del orden del 15% hasta los 7,3 millones.

De los disquetes a las tarjetas RFID (Radio Frequency IDentification). Es la evolución que ha hecho la tecnología en treinta años y que explica el nacimiento de GrupMicros, y su constante transformación. Un cambio que cada vez ha ido acompañado del crecimiento de esta sociedad, que ya se está planteando seguir escalando.

La firma la constituyó Arcadi Roig el año 1987 en Tarragona. Los ordenadores aún no eran un producto de masas cuando fundó una empresa especializada en la venta de productos de ofimática, como cintas de tinta, impresoras, disquetes y papel para facturas.

La generalización de la etiqueta autoadhesiva supuso el inicio de una nueva etapa. Entre 1996 y 1997, la demanda había crecido de tal forma que decidieron ampliar servicios. La empresa se movió a Valls, una escala antes de su aterrizaje definitivo en Vilabella.

A lo largo de este periodo empezó con la fabricación de sus propias etiquetas. Y a partir de aquí ha sabido abrir nuevos nichos de actividad como la venta de lectores de códigos de barras, terminales y soluciones de software, convirtiéndose en referentes en la identificación de productos y personas.

GrupMicros tiene el área del papel y la tecnológica. La primera está bajo la cabecera Etiquetes.cat, especializada en la impresión de todo tipo de elementos identificativos. Sin embargo, si hay un campo que en los últimos años ha vivido una transformación de 180 grados es el del vino y el cava, en el que cada botella es una pequeña obra de arte. «Se hacen cosas magníficas, con variedad de materiales, tipos de impresión y acabados de alta resolución», argumenta Aleix Roig, General Manager de la empresa.

El sector vitivinícola quizás es el que cuida más este elemento. Sin embargo, esto que más vulgarmente se conocen como pegatinas están presentes en la mayoría de productos.

La industria química, la farmacia y el transporte son otros de los sectores con más demanda. Sin embargo, el automóvil y la industria de componentes de la automoción generan la principal demanda. Aleix Roig presenta una cifra: «En el proceso productivo de un coche intervienen un total de 1.500 etiquetas».

En cuanto a la sección tecnológica, esta se ha desarrollado dentro de un área de especialización que es la de Smart Solutions. Comprende tanto el suministro de lectores y terminales, como la utilización de tarjetas RFID para controlar los procesos productivos o el desarrollo de software personalizado.

Soluciones a medida

«Nuestros clientes básicamente son empresas a las que ofrecemos todo tipo de soluciones para temas productivos y logística», avanza este joven empresario. Y es en el almacén de las grandes compañías donde habitualmente se ponen a prueba estas herramientas.

Aunque las tarjetas RFID también permiten controlar el acceso de personas. Lo experimentaron en Valls, cuando utilizaron las acreditaciones para ponerles un chip de forma que, a medida que cada invitado iba accediendo, una pantalla le daba la bienvenida de forma personalizada».

GrupMicros diseña y comercializa sus Smart Solutions en toda la península ibérica. Incluso algunos de sus productos han salido al exterior de la mano de grandes empresas presentes en el territorio. Es el caso de Lear, que exportó esta tecnología también a sus plantas de Alemania y Marruecos.

Con todo, este conglomerado societario ha incrementado progresivamente su plantilla y su actividad. Aleix Roig asumió responsabilidades en la empresa en el año 2009, cuando la plantilla de esta compañía era de 25 personas. Esta cifra oscila entre las 40 y las 45 personas a día de hoy. De éstas, una quincena están en el área de producción, mientras que el departamento de programación y servicios técnicos emplea a otra decena de trabajadores.

En un futuro inmediato no está previsto abrirse mercado en el exterior más allá de estos encargos puntuales. «La demanda en Catalunya es más que suficiente, sobre todo en lo que se refiere al etiquetado de vinos y cavas», describe.

Este incremento progresivo de la demanda hace que Aleix Roig ya tenga previsto seguir haciendo grande el negocio que inició su padre. En esta ocasión, no obstante, no habrá un nuevo cambio de ubicación. Ya han iniciado los trámites para una nueva nave de 1.000 metros cuadrados de superficie, que se sumará a los 2.500 que ocupan en la actualidad.

Roig no es optimista de cara a poder hacerlo este 2017, coincidiendo con el treinta aniversario de la empresa, ya que, para ello necesitan incrementar la potencia de la línea de tensión que llega al polígono de Vilabella.

GrupMicros cerró el año pasado con una facturación de 6,3 millones de euros, cifra que este año prevé que se incremente del orden del 15% hasta los 7,3 millones.

 

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