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Tsipras envía una última oferta llena de cesiones y recula a las pocas horas

Por la mañana, el primer ministro griego remite una nueva carta asumiendo las condiciones de la UE, pero por la tarde defiende el 'no' en el referéndum. Atenas y la UE se retan en las urnas
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Una mujer observa en una tienda el discurso televisado del primer ministro griego, Alexis Tsipras. Foto: F. Plegas

Una mujer observa en una tienda el discurso televisado del primer ministro griego, Alexis Tsipras. Foto: F. Plegas

En Bruselas, territorio de intérpretes, cotizan al alza los ‘syrizólogos’, especialidad Alexis Tsipras. No es una cuestión de propuestas o ideologías, todo se ha reducido al tempo y, sobre todo, a las formas empleadas. Nadie entiende al primer ministro griego en la UE. Los días parecen semanas. El blanco solapa al negro y en cuestión de horas, el negro vuelve a predominar sobre el blanco. No hay grises, todo ha quedado recurrido al tremendismo y así, entre estrategia y estrategia, lo único cierto es que el domingo, 5 de julio, Grecia se jugará su futuro europeo en un referéndum que podría suponer el principio del fin de Grecia dentro del euro.

Habrá consulta y Tsipras, pese a todo lo que se había especulado a lo largo de ayer, confirmó que no recula y que hará campaña por el no. No a la última oferta del Eurogrupo. Si ganamos, dijo, llegará una propuesta mejor de Bruselas... «No entiende nada», dijo ayer una alta fuente comunitaria tras escuchar su tercera intervención televisiva desde el viernes.

Grecia amaneció siendo el primer país desarrollado que incurría en un impago con el FMI tras despedir el 30 de junio sin haber abonado los 1.544 millones que adeudaba al Fondo. El país, además, se despertó con más frío que nunca porque el día 30 (maldita fecha) también expiró el segundo rescate a Grecia, lo que de facto supone que el país pierde el derecho de acceder a unos 15.500 millones todavía pendientes de desembolsar por el Eurogrupo una vez recibiera el plácet de la Troika (BCE, FMI y Comisión). No hay árbol bajo el que cobijarse y los mercados siguen cerrados a cal y canto, de modo que no hay tregua.

El carrusel comenzó el martes, día 29, a mediodía. Tsipras enviaba una oferta pidiendo una prórroga breve del segundo rescate y solicitando a su vez un tercero de dos años a cambio de recibir 29.145 millones del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) –excluye al FMI– y una reestructuración de la deuda. Sólo hablaba de peticiones, nada de nuevas contraprestaciones. El Eurogrupo, reunido de urgencia, concluyó en apenas una hora ofreciendo un resultado esperado. No, ya no había tiempo y no podían arreglar en cuatro horas lo que no se ha hecho en cuatro meses.

Este miércoles, sin embargo, trascendió otra carta de Tsipras fechada también el día 30 y en la que sí hablaba de concesiones, de muchas concesiones. En realidad, acataba casi todas las condiciones impuestas por la Comisión en la última oferta que publicó en su página web horas después de que confirmarse el anuncio del referéndum. A cambio, Atenas pide pequeñas modificaciones en apartados como la jubilación, el suplemento de pensiones, el gasto militar o el IVA de las islas más alejadas. Nada que no pudiera impedir un acuerdo.

Y aquí está la clave de bóveda. ¿Por qué no lo ha habido? ¿Por qué Alexis Tsipras da este paso el 1 de julio, cuando sabe que el segundo rescate ya no existe, que el dinero reservado se ha esfumado y que sólo queda negociar un tercero partiendo de cero? «Después de anunciar el referéndum han comenzado a hacer mejores propuestas», defendió. Una idea que evidencia que su última maniobra tuvo mucho de estrategia política, buscando armarse de argumentos ante los suyos lanzando el mensaje de que ‘yo cedo y ellos me rechazan’.

La batalla del relato

El que iba a ser miércoles de luto después de un martes negro se convirtió en un 1 de julio de esperanza. Grecia, a primera hora, filtró una nueva oferta en la que accedía a asumir la práctica totalidad de la oferta desvelada el lunes por Juncker en una incendiaria intervención en la que acusó al líder griego directamente de «mentir». El acuerdo parecía más cerca que nunca. Tanto que Dijsselbloem decidió retrasar el Eurogrupo a media tarde (estaba previsto a las 11.30).

Tsipras, además, anunciaba que hablaría de nuevo a su pueblo en la televisión pública, lo que para muchos significaba ese cambio de rumbo que pedía Bruselas, es decir, que Syriza defienda el sí en el referéndum. La euforia era tal que la posibilidad de retirarlo copó muchas de las apuestas, una idea reforzada por la decisión del Gobierno de retrasar el discurso: estaba previsto sobre las 14:00 horas y no se produjo hasta las 16:20.

‘Euro o dracma’

Eso sí, al final no hubo ‘sorpasso’. No sólo no retiró el referéndum, sino que defendió con vehemencia que voten no a unas propuestas de la Troika –ahora rebautizada como el Grupo de Bruselas– que ya no están encima de la mesa, como este miércoles constató el Eurogrupo. «Quien diga que es un referéndum sobre el euro está mintiendo», zanjó respondiendo a todos los mensajes que se están lanzando desde los otros 18 países de la Eurozona, ya sean conservadores, liberales o socialdemócratas. De hecho, el ultimátum «euro o dracma» fue lanzado por el italiano Matteo Renzi.

Mientras, en Grecia se dispara el enfado y la división social ante la polarización por la consulta.

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