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Un salouense en Las Vegas

Mateo Amieva. El ‘showman’ lleva doce años trabajando en Estados Unidos, a donde llegó de la mano del Cirque du Soleil

Eduard Castaño

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Un salouense en Las Vegas

Un salouense en Las Vegas

Hablar de Mateo Amieva es hablar del primer español que triunfa en los casinos de Las Vegas. Hecho que para él es un orgullo, porque no es fácil prosperar en la capital del mundo del entretenimiento. Lo suyo fue una apuesta arriesgada pero le ha salido bien.
Su victoria no es en las salas de juego de la ciudad del pecado, sino sobre los escenarios, donde ha logrado hacer reír y llorar a miles de espectadores.

Este salouense de adopción («sí, ponlo porque me considero como tal»), aunque nacido en Figueres el 21 de septiembre de 1968, triunfa actualmente con su propio show de magia cómica, Peti&Taller, junto a Christian Ford. En el espectáculo, dos magos se unen una noche para ofrecer una serie de ideas irreverentes y grandes ilusiones. Los ‘hooligans de la magia’ interactúan con el público, realizando trucos realmente memorables, acción disparatada y un toque de humor improvisado.

«El ambiente es espectacular en la ciudad que nunca duerme. Piensa que las grandes estrellas a nivel mundial, ya sean cantantes, actores, circo o magos pasan por aquí e incluso tienen sus shows de forma permanente aquí», explica Mateo. Pero, como todo, para triunfar en Las Vegas hay que «luchar mucho, porque la competencia es brutal, con lo cual no es fácil hacerse un hueco aquí».

Amieva lleva ya doce años en la ciudad de las luces, «que han sido maravillosos. Las Vegas me lo dio todo. Me llevó a lo más alto que un artista de teatro puede aspirar. Conocí a mi esposa y tengo dos hermosos hijos yankis», recuerda.

¿Sorpresa en Tarragona?
Con todo ese bagaje suelta una exclusiva: «a finales de verano tengo pensado volverme para Tarragona». Sorprendente. Pero da una razón contundente: «Las Vegas no es una buena ciudad para ver crecer a tus hijos y. además, ¡la terra és la terra!», ríe mientras adelante la noticia.

 

Amieva llegó a Estados Unidos con un contrato del Cirque du Soleil, donde realizó el primer show de magia del Soleil junto al mago del momento, Criss Angel. En el ‘show business’ se convirtió en coprotagonista del espectáculo, Believe, un montaje que costó la friolera de 64 millones de dólares de la época. El mega-show tuvo como escenario el emblemático casino  Luxor (famoso por su forma piramidal de cristal negro y del cual todas las noches de la punta del mismo sale un rayo de luz perceptible desde los satélites).

Su trabajo en Believe no pasó desapercibido, todo lo contrario. Brilló en un reparto con 25 artistas, además de otras 60 personas  entre atrezzistas, pirotécnicos, sonido, luz (con más de 3.000 focos alumbrando el escenario), técnicos de ilusión, etc., y dos pantallas gigantes con tecnología 3D.

El actor salouense interpretaba a un personaje llamado ‘Usher’, encarnando a un mago venido a menos que intentaba imitar a Criss Angel, sin éxito evidentemente. Lo más curioso es que, recién llegado a Norteamérica, en su papel «tenía que hablar en catalán. A los del Cirque du Soleil les gustó la idea porque supongo que al director del espectáculo, Serge Denouncourt, le gustaba fonéticamente, aunque el público estadounidense no me entendía».

Fueron ocho meses de largos ensayos (con entre 8 y 10 horas de trabajo diario) que se llevaron con un gran secretismo por el tema de la magia.

Su excelente trabajo cómico en Believe le permitió acabar siendo parte principal de toda la publicidad y carteles del show. «Fue como si jugase en la Unión Deportiva Salou y me ficha el Barça y termino siendo el Messi del show», rememora Mateo.

Coestrella en los carteles
Luego llegaría otro espectáculo, Mindfreak Live, donde siguió siendo coprotagonista con Criss Angel. El show se basaba en un popular programa televisivo de magia, emitido a 90 países y con una audiencia de más de 100 millones de espectadores.

En su memoria queda una experiencia de 10 años de 10 shows semanales, dejando un legado de 3.500 espectáculos con 2.000 espectadores por show. Y una cosa le viene a la cabeza: «a mí me llegó todo esto por sorpresa, sin que yo realmente fuera a buscarlo. Pero para todo aquel que aspire a lo más alto, puedo decir que mi trabajo en PortAventura fue mi escuela. Allí aprendí a tratar al público como artista».

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