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Vladimir Putin cumple dos décadas al frente del Kremlin

Una decisión colegiada le colocó para suceder a Yeltsin y ahora podría lograr hacer legal un mandato más

RAFAEL M. MAÑUECO

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El presidente Vladimir Putin y el primer ministro Dimitri Medvedev, fotografiados el pasado 25 de diciembre en Moscú. FOTO: DMITRY ASTAKHOV/EFE

El presidente Vladimir Putin y el primer ministro Dimitri Medvedev, fotografiados el pasado 25 de diciembre en Moscú. FOTO: DMITRY ASTAKHOV/EFE

Sin incluir la época zarista, solamente el dictador comunista Iósif Stalin estuvo más tiempo en el poder de lo que lleva Vládimir Putin. Stalin dirigió los designios de la URSS durante 29 años y Leonid Brézhnev, 19. Putin, que se convirtió en primer ministro el 9 de agosto de 1999, lleva ya 20 años como presidente. Se hizo cargo interinamente de la jefatura del Estado el 31 de diciembre de 1999, cuando dimitió su predecesor, Borís Yeltsin. Luego sería elegido por primera vez al frente del país en los comicios del 26 de marzo de 2000.

La designación de Putin, que ha cumplido en octubre 67 años, como candidato a suceder a Yeltsin fue fruto de una decisión colegiada, en la que participaron desde la cúpula de los servicios secretos hasta los grandes empresarios del país. La misión que se le encomendó fue resolver el problema del separatismo checheno y poner algo de orden en el país, pero sin tocar la propiedad privada, injustamente repartida durante la década de los 90. Se decía entonces que el nuevo hombre fuerte de Rusia sería una simple marioneta de los intereses de los grupos de presión más poderosos. Pero no fue así. El antiguo agente del KGB adquirió vida propia e hizo las cosas a su manera.

Primero reforzó sus ya abultados poderes hasta lograr una centralización solo comparable a la existente en la época de Stalin, aunque con apariencia de democracia. Después propició que la propiedad cambiara de manos, especialmente en el sector energético, a favor de sus acólitos, y se puso manos a la obra para poner bajo su control los medios de comunicación, la justicia y la Comisión Electoral Central. El Gobierno y el Parlamento también terminaron supeditándose a su albedrío.

La necesidad de un «Estado fuerte» se convirtió en algo obsesivo para el máximo dirigente ruso, que se sirvió para ello de los servicios secretos. En ese camino fueron muchos los que acabaron en prisión, entre ellos el antiguo patrón de la petrolera Yukos, Mijaíl Jodorkovski. Otros caían tiroteados o eran envenenados.

El exagente de los servicios de Inteligencia Alexánder Litvinenko, la periodista Anna Politkóvskaya, el diputado Serguéi Yushenkov, la activista pro derechos humanos Natalia Estemírova, y el exministro y líder opositor Borís Nemtsov son algunos de los nombres que integraron la lista de asesinados y cuya actividad contrariaba al régimen.

Guerras ajenas

Gracias a la abundancia de materias primas, sobre todo gas y petróleo, el país ha podido mantener una economía pujante que ahora se ve lastrada por las sanciones internacionales vinculadas a la anexión de Crimea y a la guerra en el este de Ucrania.

La presencia militar de Rusia en distintos frentes mundiales, en Siria fundamentalmente, Ucrania y ahora Libia, contribuye a crear una imagen triunfadora de Putin entre sus conciudadanos, aunque muchos preferirían que el dinero que el Kremlin gasta en guerras «ajenas» se emplease en mejorar las pensiones, los servicios sociales y las infraestructuras.

Ahora todos se preguntan qué hará Putin en 2024, cuando expira su actual mandato presidencial y no podrá optar a la reelección porque la Constitución no permite mantener el poder más de dos mandatos consecutivos.

Sí podría volver en 2030, pero tendría que hacer un cambalache como el que protagonizó en 2008, cuando confió el sillón presidencial al actual primer ministro, Dmitri Medvédev, durante un único mandato, y él se puso al frente del Gobierno. El pasado día 19, durante su rueda de prensa anual, el jefe del Kremlin sugirió una enmienda en la Carta Magna para eliminar la palabra «consecutivos» en el artículo 81, lo que limitará a dos únicos mandatos la permanencia en el poder, como en EUU. Pero él podría seguir como primer ministro o aprovechar un eventual cambio en la Constitución para introducir alguna enmienda que le posibilite seguir al timón.

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